Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Jóvenes viejos

La cosa va de fallo social multiorgánico. La evidencia me ha llegado a través de unos trabajos de origami en forma de barquito, rosa y botellín de cerveza

Sí es un galimatías pero así andamos todos, enmarañados en nuestras propias contradicciones y en las que nos imponen otros. Porque ¿de qué otra manera se explica que un chaval de 29 años afirme que es viejo para trabajar y una venerable de 64 siga preocupada porque es demasiado joven para jubilarse?

Algo falla, lo llevo diciendo tiempo. La cosa no va sólo del mercado laboral que está imposible y se hunde en paradojas que vuelven majaras a los mortales de a pie y no entienden ni los analistas más breados con título de relumbrón en Harvard (que mola un rato pero sirve para poco, visto lo visto). La cosa va de fallo social multiorgánico. La evidencia me ha llegado a través de unos trabajos de origami en forma de barquito, rosa y botellín de cerveza. Primorosos, oigan, y a la venta por cinco euros cada uno. De gran valor sentimental —añado— porque están hechos con sus títulos universitarios por un licenciado en Ingeniería Naval, una periodista y un brillante graduado en Químicas.

Por si me leen los artistas, a lo mejor os consuela saber que los ricos también lloran. El mismísimo Charlie Hunnam se deprimió cuando rechazó interpretar al macho alfa de la saga 50 sombras de Grey porque le entró pánico de no volver a tener trabajo. Lo vuestro parece más sencillo: habéis encontrado qué hacer con vuestras credenciales de papel mojado. El fallo es que la papiroflexia no parece dar para llegar a fin de mes. Ánimo jóvenes viejos y viejos jóvenes, El Roto —siempre tan visionario— está perfeccionando la solución: hacernos una copia de seguridad. Por si nos perdemos.