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¿Hay que considerar los antibióticos como psicotrópicos?

Un informe pide mayor inversión pública en la búsqueda de nuevos tratamientos contra las bacterias resistentes

Una mujer compra un medicamento en una farmacia en Madrid.
Una mujer compra un medicamento en una farmacia en Madrid.

Hace tres meses, la Organización Mundial de la Salud (OMS) intentó llamar la atención internacional con la lista de las bacterias resistentes a antibióticos más peligrosas, retratadas como si se tratara de los peores criminales del planeta. No es para menos, pues estas superbacterias matan a unas 700.000 personas cada año, y en 2050 podrían llegar a causar más muertes que el cáncer. Lo más preocupante en esta guerra es la falta de armas, porque en las últimas tres décadas solo se han aprobado dos tipos de antibióticos nuevos.

“La resistencia a antibióticos es la enfermedad desatendida de los países desarrollados”, ha señalado esta mañana Gonzalo Fanjul, director de análisis del Instituto de Salud Global de Barcelona y coautor de un estudio sobre el tema que se ha presentado esta mañana en Madrid. El modelo de innovación farmacéutica está “agotado”, ya que desarrollar nuevos antibióticos no resulta rentable para las grandes empresas farmacéuticas, según alerta el trabajo, “Resistencia a los antibióticos: cuando el problema va más allá de las patentes”. En parte se debe a que el periodo de tratamiento de una infección es corto en comparación con otros fármacos para enfermedades crónicas, y en parte porque las ganancias son mucho menores que en otros campos. “Los beneficios globales de la venta de antibióticos son de unos 40.000 millones de dólares al año, menos de lo que recauda un solo fármaco oncológico en el mismo periodo”, ha resaltado Fanjul.

Los autores del trabajo han reclamado una mayor intervención del sector público para encontrar una solución sostenible a este problema. Una forma de hacerlo es creando planes nacionales que aúnen financiación pública y privada, incluida la industria farmacéutica, como ha hecho Reino Unido, ha señalado Elena Villanueva, coautora del estudio. Por otro lado, “Alemania ha conseguido incluir este tema en la próxima reunión del G-7 [en mayo] y también está dentro de la agenda del G20”, ha resaltado.

“Ninguno de los dos antibióticos que se han desarrollado en las últimas tres décadas funciona contra las bacterias resistentes más peligrosas en la lista publicada por la OMS”, ha alertado Jordi Vila, jefe de Microbiología Clínica del Hospital Clínico de Barcelona, que ha participado en la presentación del trabajo. En la actualidad hay programas en marcha para buscar nuevas vías de búsqueda de estos compuestos en bacterias marinas, en la propia microbiota intestinal, usando anticuerpos para las toxinas específicas que liberan las bacterias resistentes o incluso cambiando el ADN de estos microbios usando la nueva técnica de edición genética llamada CRISPR, ha señalado el microbiólogo. Su petición para el Gobierno central en este caso es “que dedique más dinero al desarrollo de nuevos antibióticos y métodos de diagnóstico rápido de estas infecciones”.

“Muchas bacterias que adquieren resistencia a antibióticos se vuelven además más virulentas”, ha resaltado Vila. Estos patógenos presentan un problema más grave en los hospitales, sobre todo por el riesgo de que produzcan sepsis y neumonías en pacientes con el sistema inmune debilitado. La aparición de estas resistencias se explica “por el mal uso de los antibióticos y el abuso de los mismos”, ha resaltado el médico.

España consume más antibióticos que la media de la Unión Europea y según el último eurobarómetro la mitad de los habitantes de este país no sabe para qué sirven estos fármacos. En este sentido, Vila ha resaltado la importancia de la educación en edades tempranas. Los países nórdicos, que son los que menos problemas tienen con las bacterias resistentes, son también los que han implementado programas de educación entre estudiantes de bachillerato para que sepan las diferencias entre un virus y una bacteria, ha explicado.

Una de las medidas posibles para intentar reducir este problema sería “considerar los antibióticos como psicotrópicos” para intentar dificultar más su venta sin receta, pues los farmacéuticos que dan antibióticos sin ella no reciben ningún tipo de sanción, ha señalado Vila. “Es una idea que le hemos presentado a la SEFAC [Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria] y ahora se trata de analizar los pros y los contras y ver si no hay aspectos legales que nos lo impidan llevar a cabo”, ha explicado después de la rueda de prensa.

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