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La revolución de Senegal televisada

La directora Rama Thiaw retrata el movimiento ciudadano por la democracia que cambió la historia del país en 2012 y representó el fin del mandato del presidente Wade

Santa Cruz de la Palma

En marzo de 2012 las calles de Dakar eran un campo de batalla. Cada día, miles de jóvenes armados sólo con su firme convicción y con pañuelos para cubrirse la cara de los gases lacrimógenos desembocaban como afluentes en las grandes avenidas con la intención de tomar por asalto la Plaza de la Independencia. Ocho muertos y decenas de heridos alumbraron el ocaso de un régimen, el de Abdoulaye Wade, y fueron los dolores del parto de un nuevo tiempo que aupó al poder a Macky Sall. Cinco años han pasado ya. Aquellos días vuelven ahora de la  mano de la directora Rama Thiaw en su documental La revolución no será televisada, que nos acerca al momento histórico a través de la historia del grupo de rap Keur Gui, arte y parte fundamental del cambio ocurrido en Senegal.

Rama Thiaw, durante su participación en el II Festival La Voz de la Mujer en La Palma. Ampliar foto
Rama Thiaw, durante su participación en el II Festival La Voz de la Mujer en La Palma.

No se sabe si por ósmosis o por qué tipo de contagio, pero ella también es un torrente. Salta del wolof al francés o al inglés con la facilidad de quien se siente de todas partes y de ninguna. Nacida en Mauritania e hija de senegaleses, esta directora de cine de 39 años que pasó una parte de su juventud en Francia es toda pasión arrolladora, toda vehemencia. Tras su primera obra Boul Fallé, el nuevo documental de Thiaw, galardonado en la Berlinale 2016, es una auténtica crónica urbana de los agitados días que dieron la vuelta a un país, una mirada trepidante pero al mismo tiempo tierna y humana hacia sus protagonistas que presentó el pasado marzo durante el II Festival La Voz de la Mujer en La Palma organizado por Karmala Cultura.

Pregunta. Con la perspectiva del lustro transcurrido, ¿sigue pensando que lo ocurrido en Senegal en 2012 se puede llamar revolución?

Respuesta. Sí. Fue la primera vez en la historia que decenas de miles de jóvenes se movilizaron por la democracia, no solo en Dakar , sino en todo el país. Cualquier cambio que se vaya a producir en Senegal no se puede hacer sin los jóvenes, el 65% de la población tiene menos de 30 años. En el continente lo que tenemos son dictaduras disfrazadas. Frente a eso, el movimiento ciudadano Y’en a marre (Estamos hartos) generó, por primera vez en África occidental, una dinámica de participación popular, algo que se parece a una democracia participativa. Y eso fue revolucionario, la revolución no son necesariamente acontecimientos sangrantes.

P. Pero, ¿qué queda de todo aquello?

R. Incluso si Macky Sall hiciera lo mismo que Abdoulaye Wade, si su régimen viviera una deriva tal, ahora en el poder existe el temor a una sociedad civil fuerte. Los acontecimientos de 2011-2012 han reforzado la libertad de expresión. Senegal tiene 57 años de historia y presenta algunas ventajas con respecto a otros países con democracias más antiguas o estables.

P. ¿Cuál fue la clave para el éxito de Y’en a marre, de su capacidad de movilización?

R. Porque hablaban el mismo lenguaje que el pueblo. El hecho de que los fundadores del movimiento sean raperos no es para nada casual. Conectaban rápidamente con la gente. Los músicos no tienen que pedir permiso al Estado para hacer un concierto. Y sus letras llegan a todo el mundo.

P. ¿Y cree que es un modelo exportable? En Burkina Faso, República Democrática del Congo y otros países han surgido movimientos ciudadanos inspirados por Y’en a marre.

R. Y’en a marre fue un modelo para muchas cosas, en cómo utilizar el móvil para difundir mensajes, como crear células en los barrios, cómo coordinarse, cómo organizarse frente a la censura. En Burkina Faso fue increíble, hicieron en tres días lo que en Senegal llevó año y medio. Cogieron al poder militar y represivo por sorpresa. En la RDC han intentado algo, pero el problema es que son intelectuales, no raperos. El discurso intelectual está ligado a la clase política y eso les resta fuerza.

P. ¿Qué papel jugaron las mujeres en esa revolución? En su documental no parecen tener una posición predominante.

R. No es cierto. Lo que pasa es que no estamos habituados a verlas, no las reconocemos, pero en el documental están por todas partes, en la primera línea. Sin las mujeres no hubiera sido posible, ellas estaban en la trastienda. Y esto es un símbolo de la sociedad matriarcal senegalesa, que deja que el hombre ocupe el espacio de relevancia público pero son ellas quienes manejan muchas cosas en la sombra. Asignar un rol pasivo a la mujer africana es parte del imaginario occidental.

P. Hay escenas de la película en las que se muestra a Thiat o Kilifeu, los raperos de Keur Gui fundadores de Y’en a marre, desde un punto de vista muy humano, jugando a la Play o tirados en el sillón. ¿Fue difícil entrar así en sus vidas?

R. No quería hacer un relato idealizado, se trata de seres humanos que tienen virtudes y defectos, no son héroes, son gente como tú y como yo. Como documentalista no busco el elogio sino mostrarles tal cual. No fue difícil, los conozco desde hace quince años, hemos vivido muchas cosas juntos. Luego se convirtieron en personajes públicos y jugaban un rol.

P. ¿Cómo los conoció? ¿Por qué le fascinaron tanto?

R. Fue el rapero Fou Malade quien trajo a Keur Gui a Dakar desde Kaolack en el marco de unos festivales de música que se llamaban Banlieu Ritme. Por aquel entonces yo estaba con la idea de hacer un documental sobre el reggae. Era el año 2002 o 2003 y fui a verlos. Ellos ya criticaban entonces a Abdoulaye Wade, con esa estética afro, el pelo alborotado y los torsos desnudos. No hacían reggae pero me parecieron muy coherentes y valientes.

P. ¿Y a partir de ahora?

R. Veremos. Macky Sall traicionó al movimiento popular, prometió que el primer mandato iba a durar cinco años y no lo ha cumplido. Mi película salió justo durante la campaña del referéndum constitucional y fue censurada en Senegal. En noviembre pasado pagué de mi bolsillo para que se difundiera por todo el país, para promover debates y conferencias. Por su parte, Y’en a marre seguirá teniendo fuerza si se mantiene como un movimiento independiente, como parte de la sociedad civil, hecho por los senegaleses para los senegaleses. Hay gente que pregunta por qué no se presenta a las elecciones, pero esos no han entendido nada.

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