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Honor para los que triunfan en la madurez

El mundo rinde pleitesía a la juventud. Sin embargo, hay casos de éxito tardío que cuestionan esa tendencia

Cuando ya todos le daban por acabado, el brasileño Jonas explotó como goleador con 32 años. En la imagen celebra un gol con el Benfica en 2015.
Cuando ya todos le daban por acabado, el brasileño Jonas explotó como goleador con 32 años. En la imagen celebra un gol con el Benfica en 2015. Getty

La película El fundador cuenta la historia de Ray Kroc, un sujeto que hasta los 52 años fue un vendedor sin éxito y a partir de esa edad el despiadado creador de un imperio. El hombre que convirtió McDonald’s en lo que es hoy era un late bloomer (flor tardía, en español) de manual. Alguien con un despertar tardío. Una excepción en un mundo que rinde pleitesía a la juventud desde que Alejandro Magno conquistó Asia con 20 años.

Marc Márquez denuncia esta idea en una reciente entrevista con ICON. “En los últimos años, parece que si con 17, aunque aún seas un niño, no has debutado en un Mundial, ya no vas a llegar a nada”, protesta el campeón mundial de MotoGP. El deporte profesional ha llegado a extremos tan delirantes como que las gimnastas sean viejas a los 18.

El pianista de jazz Thelonious Monk durante una actuación en Nueva York (1956).
El pianista de jazz Thelonious Monk durante una actuación en Nueva York (1956). Getty

Pero hasta en el deporte hay excepciones. Jonas, delantero brasileño del Benfica, debutó como profesional con 20 años, pero cuando explotó como máximo goleador de la liga portuguesa la pasada temporada había cumplido 32. El periodista Javier Martín, lo explicaba como justa recompensa a una década de desprecios. “Jonas ha aguantado muchas mofas antes de salir en los periódicos junto a Messi, Cristiano e Higuaín”.

El problema es que el mundo está en contra de los late bloomers. No se perdona que alguien llegue al cénit de su carrera cuando según los criterios habituales debería estar retirado. Adelantarse, sí. Retrasarse, nunca. Incluso al papa Francisco se le recuerda que hasta para el laxo concepto de juventud de la gerontocracia vaticana llega tarde: fue elegido sumo pontífice con 76 años, cuando la media de los papas desde 1503 es de 64.

Coco Chanel posa con 76 años en su apartamento de Paris (1959).
Coco Chanel posa con 76 años en su apartamento de Paris (1959). Getty

¿Es entonces el papa Francisco un late bloomer? Según Brendan Gill, el periodista de The New Yorker que en 1996 escribió el libro Late bloomers, sí. Su definición exacta es: “Gente que encontró la fama, el éxito o la plenitud en la segunda mitad de sus vidas”. Según su listado, lo serían Coco Chanel, Darwin, que publicó El origen de las especies con 51 años, o Cézanne.

En 2007, el economista de Chicago David Galenson formuló una teoría en su ensayo Old masters and young geniuses (viejos maestros y jóvenes genios). Según él, hay dos tipos de creadores. Por un lado los “innovadores conceptuales”, que realizan avances repentinos al formular nuevas ideas, por lo general a una edad temprana. Por otro, los “innovadores experimentales”, que trabajan con el método de ensayo y error.

Por eso llegan a sus principales contribuciones gradualmente y relativamente tarde. Galenson defiende que Vermeer, James Joyce, Sylvia Plath y Orson Welles eran genios conceptuales jóvenes, pero Rembrandt, Pollock, Virginia Woolf, Thelonious Monk o Hitchcock eran maestros experimentales. Así que no desesperen. Todavía tienen tiempo para cambiar el mundo.

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