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Joe Crepúsculo, el músico polémico a su pesar

Con 'Nuevo ritmo' se adelantó a la moda y se dio un mamporro. En 2015, compuso un himno para Podemos que gustó a Errejón, pero no a Iglesias

Joe Crepusculo
Lo de encima de la mesa es el estudio de grabación donde registra sus discos Joe Crepúsculo, que se refugia debajo por motivos desconocidos.

Disco duro es su octavo álbum en nueve años. Pero Joël Iriarte tiene otro más almacenado en el ordenador frente al que está sentado. Y su plan es que cuando en 2018 se cumpla una década de su debut en solitario haya diez discos publicados de su álter ego, Joe Crepúsculo, un estajanovista del pop que acaba de volver de un pequeño festival en Lima. “El mes pasado estuve tocando en Paraguay. La verdad es que mola. Me da tiempo a hacerlo todo porque trabajo aquí, en casa. Este estudio está muy guay. Y porque no veo series. Tampoco películas durante el día. Excepto los domingos, que, si quiero, veo una antes de comer. Trabajo mucho porque tengo reglas, una cosa muy loca, que cumplo sin ningún sacrificio”.

Joël es amable, educado y con un punto peculiar. Por ejemplo, nunca viaja por carretera a los conciertos, siempre usa el tren. Intenta ser cuidadoso cuando habla, porque es difícil pensar en otra persona con tan poca mala idea capaz de meterse en tantos líos. Hay algo en su personaje –su voz naíf, su sentido del humor, quizá sus melodías–que despierta reacciones viscerales. Cuando Los Chikos del Maíz, el grupo de hip hop favorito de Pablo Iglesias, y C. Tangana, el rapero de punta en blanco, se insultaron mutuamente enfangaron a Joe. “Ridículo mayúsculo, con el discurso de Jay Z y las ventas de Joe Crepúsculo”, decía una rima de los primeros dirigida al segundo. Crepúsculo se encoge de hombros. “Me metieron con calzador, pero tienen razón. Casi no vendo discos”, explica resignado.

“Hace muchos años que intento salir del 'indie'. Pero, claro, es que no sé lo que es el 'indie'. Tú hablas con un grupo de 'rap', y ellos tienen claro lo que es el 'indie': es lo que no es 'rap"

El disco, ese residuo del pasado. De eso va, desde el título, Disco duro. “Están todas las canciones unidas, conceptual y físicamente. Es mi homenaje a un formato que desaparece”. Tiene 34 años, creció con una industria que menguaba ya en 2003 cuando era componente de Tarántula. En aquel excéntrico grupo también militaba Daniel Granados, entonces Dani Descabello y hoy una autoridad en el debate sobre el futuro de la música en la era digital. Hoy, estos dos amigos reflexionan sobre lo mismo. Granados, desde una posición política e institucional, es director de Cultura Viva, organismo dependiente del Ayuntamiento de Barcelona. Crepúsculo, como artista. Ambos en la órbita de Podemos, aunque la única colaboración directa del músico con el partido fue, cómo no, polémica.

En 2015 se anunció que había compuesto “el himno de Podemos”. Pero su melodía fue mal acogida por esa parte del partido que opina que para tomar el cielo por asalto la banda sonora ha de ser marcial. “No fue incomprendida, fue una manera muy rara de hacer las cosas. Lanzaron un globo sonda y luego se lavaron las manos. No era un himno. A mí me encargaron una canción para abrir los mítines en la campaña de las municipales. Y al responsable de la campaña, Íñigo Errejón, le gustó. Era a Pablo al que no le gustaba. Allí ya había una disputa. Ya se ponía de manifiesto lo que está pasando ahora”, dice medio en serio, medio en broma. “Me da un poco de pena cómo está el partido. Pero no me arrepiento de haber participado”. Parte del rechazo fue porque se le incluye en una etiqueta que en Podemos llevan mal: indie. “Hace muchos años que intento salir del indie, coger la dirección contraria. Pero, claro, es que no sé lo que es el indie. Porque tú hablas con un grupo de rap, y ellos tienen claro lo que es el indie: es lo que no es rap. Y una banda de heavy, lo mismo. Es lo que no es heavy. Así que indie es lo que no es nada. Lo que se queda entre medias de todo. Y no se puede huir de la nada. Así que, por mucho que me aleje, nunca saldré de ahí”.

No le va a ser fácil, no. En 2011 editó Nuevo ritmo, su disco tropical, de esa cumbia que se escucha en las calles de Sant Joan Despí, su pueblo: “La zona más guapa de Barcelona, donde está la mezcla, la inmigración, los charnegos y todo eso”. Fue su álbum que peor funcionó. “Me di un mamporro increíble. Y justo un año después se puso de moda la cumbia. Me adelanté y me pasé de listo con lo latino. Pero eso no sirve de nada ¿Pionero? No, lo que hice fue comerme una buena hostia”.

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