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Mi padre

Pensaba que la vida era así, con música, de colores. Todo era muy fácil contigo, padre. Pero llegó el momento de irte y todo cambió. Volví a ser la niña que necesitaba tu protección, tu cariño, que me dieras seguridad, que me dijeras “tú puedes con todo”. Y tu sonrisa. Sonrisa que llevo grabada en mi corazón y que, a pesar de las dificultades, nunca perdiste. Siempre te admiraré. Aunque ya no estés con nosotros, eres mi ejemplo a seguir. Estate tranquilo; ya he empezado a andar por un nuevo camino en el que van naciendo flores y vuelvo a disfrutar del cántico de los pájaros, esos que tú conocías tan bien. Padre ¿te cuento una cosa? Madre, antes de irse, me recordó que la llevara contigo, al pueblo, para estar los dos juntos. Me puse más triste de lo que estaba, pero fue la despedida más bonita de mi vida. Los dos juntos, otra vez. Como siempre, para siempre. Desde el buen lugar donde estáis sé que me ayudáis, me protegéis y me seguís cuidando. Siempre, infinitas gracias. Os quiero.— María Luz Martínez Martínez. Madrid.

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