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El Cordobés se cita con su hijo no reconocido

Tras años de silencio, Manuel Benítez y Manuel Díaz se preparan para hacer las paces el día 11 en la plaza de Morón

Manuel Benitez 'El cordobés', en una corrida en 2014.
Manuel Benitez 'El cordobés', en una corrida en 2014.

Un desliz de juventud le ha trastocado la vejez a un octogenario matador de toros, Manuel Benítez, personaje capital de la España de los años sesenta, famosísimo y heterodoxo torero, hombre extravagante, festivo y festero, de arrolladora simpatía y desbordante personalidad, siempre bien acompañado por taurinos de postín, políticos del régimen, gente de la farándula y bellas mujeres. Muchos deslices cometería, quizá, en su alocada y adinerada vida como torero triunfador, pero uno de ellos tiene 48 años —rubianco, simpático y buen comunicador—, responde al nombre de Manuel Díaz, es torero como su padre y ha conseguido que un juzgado de Córdoba sentencie que es hijo de El Cordobés, sobrenombre del que también se apropió para ponerle apellidos a su sorprendente parecido físico. Entretanto, el viejo maestro se ha separado de su esposa, y ha tornado en una sonrisa su arisco semblante de los últimos tiempos.

La historia comenzó en 1968, cuando Benítez degustaba ya las mieles de su arrollador triunfo en los ruedos y andaba en relaciones formales con la que después sería su esposa. Conoció en Madrid a una joven que trabajaba como asistenta en casa de unos amigos, con la que inició una relación sentimental de la que el 30 de junio nació en Arganda un niño al que pusieron por nombre Manuel.

Pronto se cumplirán 49 años de aquel romance. Un inicial amparo dio paso a un alejamiento entre los protagonistas de la historia; el 11 de octubre de 1975, el torero famoso se casó con Martina Fraysse, con quien ya tenía dos hijos —el primero de ellos, una niña, vio la luz el mismo año que Manuel—, nacieron tres más, y la historia pasó al olvido.

Así estaban las cosas —victoria en el juzgado, una familia numerosa y ausencia de relaciones— cuando el pasado 17 de febrero se presentaron en una rueda de prensa en Sevilla Manuel Díaz El Cordobés y Julio Benítez, su hermano de padre, para comunicar que ambos harían el paseíllo juntos el 11 de marzo en la plaza sevillana de Morón de la Frontera, y que la iniciativa contaba con el beneplácito del patriarca familiar.

La sorpresa mayúscula acaeció al día siguiente, cuando el propio Manuel Benítez rompió su silencio y bendijo el festejo con una frase que era toda una declaración de intenciones: “Los dos llevan la sangre fuerte de su padre”. “¿Asistirá usted a la corrida?”, le preguntaron. “Aún no lo sé; tengo que verlo”, respondió. Así, pues, toda una vida compendiada en la cita del 11 de marzo. En la plaza de Morón podría producirse el abrazo con el que el hijo —y quién sabe si también el padre— ha soñado durante toda su existencia.

Pero algo no cuadra en esta rocambolesca historia en la que los protagonistas sonríen a los fotógrafos, pero callan, como es lógico, las intimidades familiares.

Para entender la actitud conciliadora y paternal de Manuel Benítez hay que volver al año 1968. Cuenta el entorno del hijo ahora reconocido que existen fotos en las que aparece El Cordobés empujando el carrito de bebé en compañía de la joven madre soltera, y que, durante un tiempo, la nueva familia contó con el apoyo económico del torero. Un dato a tener en cuenta es que en la vida de Benítez había ya otra mujer, Martina, llamada a ser su esposa y madre de familia.

Julio Benítez y, a la derecha, Manuel Díaz, en la presentación de la corrida del 11 de marzo
Julio Benítez y, a la derecha, Manuel Díaz, en la presentación de la corrida del 11 de marzo

Años más tarde, la carrera novilleril de Manuel Díaz se truncó en 1986 cuando se tiró de espontáneo en Las Ventas con motivo de un festival en el que participaba El Cordobés, y fue sancionado con dos años de retirada del carné profesional. La aparición de Paco Dorado, un romántico taurino sevillano, fue providencial para el triunfo del nuevo torero. Lo dio a conocer, le posibilitó una alternativa de lujo en la Feria de Abril, junto a Curro Romero y Espartaco, e, incluso, se atrevió a confeccionar un cartel con el padre y el hijo en 1995 que nunca se celebró por decisión paterna.

Separación y acercamiento

En abril del pasado año, se anunció la separación matrimonial de Manuel Benítez y su esposa tras 50 años de vida en común, y después de poner a buen recaudo el patrimonio familiar; al margen de las lógicas conjeturas, parece que la convivencia se resentía desde hace tiempo. Lo cierto, sin embargo, es que El Cordobés facilitó a partir de entonces el proceso de reconocimiento de paternidad, y ha abierto la puerta a la reconciliación con su hijo.

Manuel Díaz no ha querido hablar con este periódico, pero ha repetido hasta la saciedad que no busca herencia ni apellidos, sino un abrazo. Lo que pretende el empresario de Morón es que la historia no acabe el día 11, y el cartel de los dos hermanos se pueda repetir muchas tardes. A ambos les viene muy bien que así sea para relanzar unas trayectorias profesionales que no atraviesan el mejor momento.