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Una casa para los niños que se quedan

La construcción de un orfanato en Burkina Faso demuestra que no hay diferencia entre arquitectura y construcción. También que ambas son trabajos en equipo.

Orfanato de Albert Faus en Burkina Faso.
Orfanato de Albert Faus en Burkina Faso.

En Koudougou, Burkina Faso, Home Kisito es una casa de acogida que hace de puente entre la orfandad y un futuro en otro lugar. Allí están los niños hasta que cumplen dos años. Sobrepasada esa edad, sólo permanecen los que tienen alguna discapacidad y no encuentran familia de adopción. Eso: los niños con necesidades especiales conviviendo con los bebés fue lo que vieron cuatro voluntarias valencianas –Carmen, Cristina, Carla y Marta- cuando llegaron a trabajar al orfanato en el verano de 2012. Decidieron actuar.

Interior del orfanato Home Kisito en Koudougou.
Interior del orfanato Home Kisito en Koudougou.

Las religiosas que lo gestionan y las cuidadoras del centro les explicaron los problemas de no poder separar ambos cuidados: los de los recién nacidos y los de los niños. El resultado fue una propuesta: construir una casa para niños con necesidades específicas: Home Kisito. Ellas mismas se encargaron de recaudar el dinero. De los 49.500 euros que costó construir un edificio de 725 metros cuadrados, el Colegio de Aparejadores de Barcelona puso 9.300 euros. La asociación Laafi España, 1.300 euros.

El arquitecto Albert Faus se encargó del diseño. Tuvo en cuenta los edificios pre-existentes, un volumen central y dos laterales. El nuevo sigue el eje que marca el depósito del agua y convierte en plaza el espacio entre edificios.

El programa es sencillo: una sala de educación, un comedor, una sala de tratamiento, terrazas y 7 dormitorios. Y la construcción aspira a acoger a los niños y lidiar con el clima local. Todo está pensado para aplacar las altas temperaturas, la escasa humedad y las lluvias con vientos de levante del verano. Nada más.

Para la lluvia, Faus y sus colaboradores —Ferran Grau, Miquel Feliu, Miquel Comadran— y Octave Petit idearon un muro de piedra, una pantalla protectora, y una doble cubierta superior sobredimensionada: 2,5metros más ancha para alejar el agua en verano y habilitar un perímetro umbrío que rebaja la temperatura exterior el resto del año.

Orfanato Home Kisito de Albert Faus.
Orfanato Home Kisito de Albert Faus.

Faus lleva ocho años en Burkina Faso. Sabe que en Koudougou, la arquitectura comienza por hacer ladrillos de barro y continúa por plantar árboles. Eso hizo para paliar las brisas: plantar especies de hoja perenne que aumentan la humedad y atemperan las brisas. Junto al orfanato hoy hay flamboyanes, anacardos y mangos, “que son muy productivos”. Lo que mantiene fresco el interior son los muros, las bóvedas y un pavimento de tierra comprimida. También las “mosquiteras” de colores de las fachadas que permiten ventilaciones cruzadas en todas las estancias y dejan salir al aire caliente.

El arquitecto enfatizó la circulación del aire con aberturas en los extremos opuestos (norte-sur y este-oeste). Todo en un edificio así está pensado con sencillez y complejidad a la vez. Y luego ordenó: es necesario sistematizar y modular para aprovechar los 725 metros cuadrados levantados con un presupuesto de 68,27 euros el metro cuadrado.

Una casa para los niños que se quedan

En una obra así, la arquitectura es construcción y la construcción es ingenio. La doble cubierta sobre la bóveda de cañón es una estructura de vigas reticuladas con tubos metálicos de sección redonda y angulares L, ancladas a las vigas de hormigón mediante pletinas metálicas cada dos bóvedas. Unas correas de tubular metálico curvado van salvando este nuevo orden superior –que corresponde a dos módulos inferiores- y permiten la fijación de la plancha metálica grecada de acabado. Son estas las cubiertas las que desaguan en los dos cuando llegan las lluvias.

El interior está enlucido con un revestimiento tradicional de tierra realizado a mano y acabado con un barniz natural que se obtiene de la cocción del fruto del Néré (Parkia biglobosa). También los suelos interiores de baldosín BTC sobre lecho de arena fueron tratados con un barniz natural, “en este caso de manteca de Karité (Vitellaria paradoxa)” explica Faus.

Una casa para los niños que se quedan

No sorprende que este barcelonés afincado en Burkina Faso hable siempre de proceso coral, “buscamos para cada fase de la obra el actor óptimo al menor coste posible”. Así, detalla que la excavación y los elementos de hormigón se adjudicaron a una empresa que aceptó ajustar sus márgenes de beneficio dado el carácter social del proyecto. Los muros de fábrica los ejecutaron jóvenes paletas en formación y las bóvedas, una cuadrilla con gran experiencia en la técnica. Mampostería y estructura metálica fueron confiadas a equipos con los que ya había trabajado en otros proyectos, igual que la agrupación de mujeres que realizó el revoco del muro interior. Finalmente, el tejido plástico coloreado con el que se realizan allí las sillas sirvió para tejer las mosquiteras de las fachadas. Fue la asociación de ciegos y mal videntes la que completó esas mosquiteras.