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“El diálogo interreligioso es la única vía para República Centroafricana”

Dos religiones unidas por un objetivo: la paz. Dieudonné Nzapalainga, arzobispo de Bangui, y Kobine Layama, imán de la mezquita central, piden que la política no manipule la religión

Dieudonné Nzapalainga, arzobispo de Bangui, y Kobine Layama, imán de la mezquita central de la capital centroafricana.

"Somos africanos y negros y hemos dado a luz a un hijo blanco", bromea el cardenal Dieudonné Nzapalainga, arzobispo de Bangui. Junto a Kobine Layama, imán de la mezquita central de la capital centroafricana, y el pastor Nicolás Nguerekoyame, presidente de la alianza Evangélica de Centroáfrica, es propulsor de una plataforma que fomenta el diálogo interreligioso como herramienta para promover la paz en el país.

Nzapalainga y Layama se han desplazado a Madrid para recoger este viernes el Premio Mundo Negro 2016 a la Fraternidad. Su cooperación empezó apenas cinco días después de que se desatara la violencia en 2013, cuando los Séleka, una coalición de grupos armados de mayoría musulmana, se hicieron con el poder y los Antibalaka, de orientación cristiana, respondieron con armas. Desde entonces, el país vive una situación de profunda inestabilidad que se ha cobrado la vida de más de 5.000 personas.

Los Mellizos de Dios, como se suele llamar al líder católico y al musulmán, insisten en que el conflicto no es religioso, sino que sus orígenes son militares y políticos. "No queremos que la política manipule la religión. Queremos ser independientes y no nos proponemos sustituir a la clase dirigente", asegura Layama.

Pregunta. Después del genocidio de Ruanda, la comunidad internacional había dicho "nunca jamás". ¿Creen que se ha dado la espalda a República Centroafricana?

A menudo se utiliza la palabra religión para camuflar otra realidad: la búsqueda del poder, el control de los recursos naturales

Dieudonné Nzapalainga, arzobispo de Bangui

Kobine Layama. La comunidad internacional tiene que replantearse su estrategia de protección de los derechos humanos. Es importante que la población civil se involucre en la búsqueda de soluciones, pero tiene que recibir apoyo del Gobierno, y las fuerzas de Naciones Unidas deben acompañar el proceso y garantizar la seguridad de los ciudadanos. Tenemos esperanzas, pero hace falta que la comunidad internacional asuma su papel en la crisis de nuestro país.

P. ¿Esta situación puede convertirse en caldo de cultivo para los extremismos?

Dieudonné Nzapalainga. Si las estructuras del Estado son débiles, es fácil atraer a extremistas. A veces, los agentes del Estado están presentes en algunos lugares, pero no cuentan con ningún tipo de autoridad frente a los rebeldes, que establecen sus propias normas a través de las armas. Si se quiere ayudar al país, los representantes del Estado tienen que asumir su responsabilidad y recibir apoyo a través del proceso de Desmovilización, Desarme y Reinserción. Ha llegado el momento de enviar un mensaje fuerte y firme.

P. ¿Cuál es el papel de la religión en este contexto?

Los líderes insisten en que el conflicto no es religioso, sino que sus orígenes son militares y políticas

D.N. La religión tiene que unir a los hombres y desde el comienzo del conflicto hemos asumido nuestra responsabilidad. En nuestros textos sagrados, se nos pide respetar la vida, no robar, no violar, no destruir. Cada uno de nosotros tenemos que decirlo a los fieles. La crisis en nuestro país es militar y política, pero se ha manipulado el componente religioso. En ninguna ocasión he pedido a los católicos que ataquen a los musulmanes, ni el imán Layama ha exhortado a los musulmanes a hacer lo mismo con los católicos. Sin embargo, algunos políticos han dicho que el otro es nuestro enemigo y hay que atacarlo. A menudo, se utiliza la palabra religión para camuflar otra realidad: la búsqueda del poder, el control de los recursos naturales.

P. ¿Cómo se está trabajando para volver a constituir la comunidad musulmana de Bangui, que se ha visto muy mermada por el conflicto?

K.L. Los imanes de Bangui se han reunido en un consejo para trabajar para el regreso de los musulmanes. Las milicias que atemorizaban algunos barrios de tradicional presencia musulmana han empezado a perder poder, pero el Estado tiene que insistir en la necesidad del desarme para que la comunidad recupere sus espacios en los lugares públicos. Hace poco, por ejemplo, se celebró un encuentro de fútbol al que asistieron más de 15.000 personas en un barrio en el que los musulmanes ni se acercaban. La gente comienza a recobrar confianza, el mensaje de perdón y convivencia ha calado. Vamos a estudiar cómo exportar este ejemplo a otras ciudades.

P. ¿Cómo reaccionaron al principio las distintas comunidades ante vuestra colaboración?

D.N. Convertimos la crisis en oportunidad. Desde entonces hemos seguido trabajando juntos y hemos creado un secretariado permanente. Es normal que muchas personas al principio no lo entendieran. Somos como unos padres de familia y cada uno de nuestros hijos cuenta con una historia o un carácter distinto. Si alguien titubea, le decimos que el objetivo está fijado y en el camino hacia la paz no hay más alternativas que el diálogo.

Cuando empezaron las matanzas, convoqué a sacerdotes y monjas para decirles que había llegado el momento de apoyar a los musulmanes y sobre todo insistir en el perdón. Muchos rechazaban esta idea, diciendo que la población aún no estaba lista. No fue fácil. Durante una dura ofensiva en 2013 [en la que cerca de 1.000 personas murieron en apenas dos días], invité al imán y a su familia a mudarse a mi casa. Este gesto fue duramente criticado por ambas comunidades y desató mucha ira, nos amenazaron con cuchillos. El imán permaneció seis meses en mi casa. A los pocos días, destruyeron su hogar y lo perdió todo.

Durante ese tiempo aprendí muchas cosas, pero cuando no nos acercamos al otro le percibimos como una amenaza. Cuando el imán huyó de su casa, solo trajo consigo dos cosas: un Corán y el rosario para rezar. Me afectó mucho.

P. ¿Cuáles son vuestras prioridades a corto plazo?

No puedo decir que la decisión de Donald Trump ha sido sabia

Kobine Layama, imán de la mezquita central de Bangui

K.L. Nuestra plataforma ha adoptado un plan estratégico con los objetivos prioritarios para acompañar la reconciliación. El impacto del conflicto sobre las estructuras del Estado y de la sociedad ha sido enorme. Muchos jóvenes se han alejado de las escuelas y queremos que vuelvan a las aulas o que reciban formación profesional en centros en los que alumnos de distintas confesiones estudien codo con codo. También existen proyectos en el ámbito de la salud.

P. ¿La reciente decisión del presidente de EE UU, Donald Trump, de limitar la entrada en el país de nacionales de algunos países musulmanes puede amenazar el diálogo interreligioso en ese país? ¿Vuestra experiencia puede servir de ejemplo en otros contextos?

K.L. No puedo decir que la decisión de Trump ha sido sabia. Cuando viajamos a EE UU, elogiaron nuestro trabajo y lo observaron con mucho interés. La Unión Africana también se ha apropiado de nuestra iniciativa para alentar a los dirigentes de otros países a poner en marcha plataformas religiosas. Nuestra experiencia ha servido de ejemplo también en la creación de una red en los Países Bajos.

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