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Estos son los tres mejores deportes para prevenir un infarto (y el ‘running’ no está entre ellos)

Por su nivel de intensidad, su carácter poco competitivo y su eficacia para prevenir la obesidad, han sido elegidos en un nuevo estudio como los más cardiosaludables

No contamos nada nuevo si decimos que el deporte es bueno para el corazón. Y no pretendemos hacer poesía: la acción protectora de la actividad física frente a la enfermedad cardiovascular (infartos, hipertensión, enfermedad aórtica, vascular cerebral o vascular periférica) es el secreto peor guardado de la literatura científica. Especialmente, “si se practica a largo plazo, tiene una intensidad moderada y modifica el estilo de vida haciendo que desaparezcan hábitos o factores de riesgo significativos como el tabaquismo, la mala dieta o el estrés”, añade Emilio Luengo, cardiólogo responsable de Actividad Física del Programa de Empresas Cardiosaludables de la Fundación Española del Corazón (FEC). Lo que hasta ahora no teníamos muy claro era qué deporte es el mejor para la salud de este músculo vital. Pero ya tenemos la respuesta.

Investigadores de Reino Unido, Finlandia, Austria y Australia han trabajado conjuntamente para determinarlo, y los resultados de su estudio se publicaron a finales de 2016 en el British Journal of Sports Medicine (y de ellos se ha hecho eco BuenaVida+): los deportes que reducen en mayor medida el riesgo de fallecer por culpa de una enfermedad del corazón o de tipo vascular son, por este orden, los deportes de raqueta (tenis, pádel, bádminton, squash), la natación y el aeróbic (incluyendo también la danza y otras disciplinas de gimnasia para mantenerse en forma). Por el contrario, el ciclismo, el running, el fútbol o el rugby no mostraron una reducción significativa de las posibilidades de morir por esta causa.

"Podría explicarse por su patrón de ejercicio interválico", apunta el doctor Carlos de Teresa, miembro de la Junta de Gobierno de la Sociedad Española de Medicina del Deporte. "Alternan periodos de actividad a una cierta intensidad con otros de reposo o recuperación. Y son precisamente este tipo de actividades físicas las que han demostrado efectos más positivos para la salud en la población general”, afirma el médico. Como ya subrayó en 2012 un estudio de la Universidad de Notre Dame, en Sídney (Australia), los ejercicios aeróbicos a intervalos de alta intensidad se asocian "a mejor rendimiento cardiovascular y metabólico y encajan como patrón de mejora tanto en población sana como de riesgo".

Para Emilio Luengo, “se trata de actividades deportivas de tiempo libre y con un carácter lúdico, sin un especial componente competitivo; implican un ejercicio aeróbico con movimiento de amplios grupos musculares, pero sin una solicitación extrema de los mismos; y son satisfactorios desde el punto de vista de la inteligencia emocional y social”.

Deportes de raqueta: gasto energético elevado

Un estudio de 2007 realizado por investigadores de las universidades de Maastrich (Holanda) y Carolina del Norte en Chapel Hill (EE UU) puso de relieve que el tenis "está asociado a un menor riesgo de enfermedad cardiovascular (…), reduce la tensión arterial (…) y mejora la función cardiaca". Tanto el tenis como el pádel, el bádminton y el squash son ejercicios que combinan "componentes interválicos de alta intensidad con descansos entre los puntos de juego. Esto provoca un gasto energético elevado que contribuye a controlar el peso graso y a aumentar el peso y la funcionalidad musculares. Esto, a su vez, tiene un efecto beneficioso frente a la obesidad y la diabetes", indica el doctor Carlos de Teresa.

Para la FEC, la obesidad abdominal es un problema que España afecta a un 32% de los hombres y 40% de las mujeres y "tiene efectos muy negativos para la salud: aumenta el riesgo de desarrollar diabetes, gota, hipertensión arterial y, en consecuencia, es también un factor de riesgo cardiovascular". La raqueta, por tanto, es una buena aliada para nuestras arterias.

Natación: muchos músculos implicados

Con la natación se ejercita buena parte de la musculatura corporal. El experto en medicina del deporte revela que además estimula, por una parte, el desarrollo muscular y, por la otra, la coordinación neuromuscular. A nivel cardiovascular, este último efecto es clave, ya que “implica una actividad neurológica que facilita el control de la presión arterial. Asimismo, el aumento de la masa muscular que se consigue con la natación incrementa también el gasto energético, lo que mejora el perfil lipídico (el nivel de grasas en sangre tales como el colesterol y los triglicéridos) y el peso graso".

Otra ventaja de esta actividad es que no produce impactos en las articulaciones, por lo que puede empezar a practicarse se tengan los años que se tengan. La importancia de este dato reside en que la edad es un factor de riesgo cardiovascular. "La prevalencia y la incidencia de insuficiencia cardiaca se duplica cada década a partir de los 40-45 años", dice la FEC en su página web.

Aeróbic: buena coordinación neuromuscular

Los ejercicios aeróbicos son muy cardiosaludables. En la gimnasia tipo aeróbic o la danza, al igual que en la natación, también interviene una coordinación neuromuscular positiva para nuestro sistema cardiovascular. Ayuda a mantenernos en un peso saludable: según esta tabla de la Universidad de Harvard (EE UU), con 30 minutos de danza una persona de 70 kilos perdería unas 223 calorías; unas 260 calorías en el caso de 30 minutos de ejercicio aeróbico moderado. Además, este tipo de actividades “tienen un componente lúdico, que aporta todos los efectos beneficiosos que se contraponen a los producidos por el estrés”, señala de Teresa.

En cuanto a disciplinas como el running o el ciclismo —no tan eficientes según el estudio publicado en BJSM—, el médico opina que “son ejercicios magníficos para favorecer la salud del corazón y los vasos sanguíneos. Sin embargo, pueden ver reducida su potencialidad debido a que se practican, generalmente, a una alta intensidad. De hecho, no es infrecuente que corredores o ciclistas comenten que acaban sus sesiones de entrenamiento francamente agotados. Mantener este ritmo durante periodos prolongados puede producir, a la larga, más riesgos que beneficios”, alerta.

Eso sí, para obtener todos los beneficios del deporte y evitar potenciales riesgos, es imprescindible que “la actividad deportiva se adapte a las condiciones de edad, sexo, salud y condición física de cada persona”, concluye el especialista.

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