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Ser madre mayor: riesgos y ventajas

Cada vez más mujeres tienen hijos pasados los 40. El embarazo de una médica gallega de 62 años pone el foco en la maternidad tardía

La médica Lina Álvarez, embarazada a los 62 años
La médica Lina Álvarez, embarazada a los 62 años EFE

En los últimos días, se han conocido dos noticias de embarazos en edades denominadas tardías. Una, la pareja del presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, la gallega Eva Cárdenas, que a sus 51 años espera su segundo hijo (el primero con el político). Y en la misma semana, el anuncio de que una médico gallega, Lina Álvarez, afronta su tercera maternidad a los 62 años y después de dos décadas de menopausia. De hecho este es su segundo embarazo tras la retirada de la regla ya que su hijo pequeño, de 10 años, también es fruto de una fecundación in vitro (FIV). Aunque estos casos sean algo exagerados, lo cierto es que cada vez más mujeres retrasan la edad de tener hijos y ya no son nada excepcionales las embarazadas de 40 años o más. ¿Cuáles son los riesgos? ¿Se aborda de la misma forma la experiencia de la maternidad cuando ya se tiene más edad?

El primer riesgo de ser madre tarde es, precisamente, no conseguirlo. Aunque, técnicamente, mientras hay regla puede haber embarazo, las posibilidades de quedarse de forma natural comienzan a disminuir a partir de los 32 años. "La fertilidad de la mujer suele ser óptima hasta los 30-31 años", explica el doctor Isidoro Bruna, director médico del HM Fertility Center, miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Fertilidad y codirector del Máster de Reproducción Humana de la Universidad Complutense. "A partir de esa edad, exhibe un declinar progresivo año a año, y va descendiendo rápidamente a partir de los 38 años, hasta llegar a ser potencialmente nula a mediados de la cuarta década de la vida de la mujer". Esto no significa que no se pueda ser madre a partir de los 40, de forma natural ya que no hay imposibles categóricos en la biología, pero lo que es cierto es que "la edad de la mujer disminuye sus oportunidades tanto de forma natural como mediante los tratamientos de reproducción asistida". Según Bruna, "cada año va disminuyendo la reserva funcional ovárica. Por tanto, la edad de la mujer es el factor predictivo más relacionado con el estatus endocrinológico y la fertilidad natural".

Ya con 35 años, las probabilidades de un embarazo natural han disminuido notablemente. "En general, a partir de los 37-38 años la única solución de la disfunción reproductiva es apelar a un tratamiento de fecundación in vitro", afirma Bruna. Más allá de los 41-42 años, con óvulos de la propia mujer, la FIV solo alcanza un 20% de éxito por ciclo iniciado, según datos recogidos por el Registro Nacional de la Sociedad Española de Fertilidad y por los registros internacionales.

Desde el año 1975, la edad del primer parto ha aumentado unos cinco años y va en progresión creciente, lo que, según el experto en fertilidad, es el principal motivo por el cual ha aumentado la infertilidad en las españolas. La edad media de las españolas que buscan su primer hijo ya ha alcanzado los 32,4 años, "es como si el inconsciente colectivo femenino, por el hecho de haber prolongado significativamente su esperanza de vida, hubiera olvidado que la capacidad de ser fértil con sus propios óvulos está fisiológicamente limitada en el tiempo", sostiene Bruna.

Sin embargo no es la única razón. También hay que poner el foco en la parte masculina, puesto que un embarazo es responsabilidad a partes iguales de óvulo y espermatozoide. La calidad espermática está disminuyendo y ello parece tener su origen en la propia dinámica de las sociedades industrializadas en Occidente: "Convivimos con múltiples disruptores endocrinos (pesticidas organofosforados que nos permiten comer frutas y verduras durante todo el año), además de que nuestros trabajos cada vez son más sedentarios, lo que suele ser perjudicial para la calidad del esperma", explica.

A más edad, más riesgos

Aunque la última ley de reproducción asistida (mayo de 2006) no señala una edad a partir de la cual esté prohibido buscar un embarazo por estas técnicas, existe el consenso generalizado entre los profesionales de la medicina de la reproducción española de no buscar una gestación por encima de los 50 años. Este consenso está avalado por la Sociedad Española de Fertilidad en base al riesgo obstétrico que supone una gestación a partir de esa edad. Isidoro Bruna considera que "como en todo en la vida, habrá algún caso en que las condiciones físicas de la mujer permitan hacer una excepción, pero las excepciones, en contra de lo que dice el refrán popular, nunca pueden confirmar una regla...". Así, "en nuestros centros nunca procedemos a hacer un tratamiento de reproducción asistida a una mujer de más de 48 años y siempre que la edad exceda los 42 años, es preceptivo el aval previo de un chequeo médico a cargo del servicio de medicina interna, donde se indique que un posible embarazo no va a suponer un riesgo grave para la salud de la mujer".

Los principales riesgos de los embarazos tardíos, explica el médico, son la diabetes gestacional, la preeclamsia, el bajo peso del feto, la prematuridad y las cromosopatías (alteraciones de los cromosomas, que pueden causar defectos congénitos). Tampoco hay que desdeñar la posibilidad de tener embarazos múltiples, que se ha multiplicado por las técnicas de reproducción asistida.

Ventajas de una maternidad tardía

Aunque en el plano físico la maternidad a una edad más avanzada supone más riesgos, en el plano psicológico puede suponer algunas ventajas, una vez superadas las reticencias o presiones iniciales. "Las mujeres en general son las que sienten una fuerte presión por agarrar el último tren que, debido a su edad, pueden perder, por lo que es importante evaluar más en profundidad las razones reales que le llevan, en la mayoría de los casos, a iniciar un tratamiento de fertilidad y la posible futura maternidad", opina Ángeles Sanz, psicóloga clínica en Cinteco.

Para Sanz, las ventajas de experimentar la maternidad a una mayor edad "se desprenden de la madurez personal y emocional que se supone que tiene esa mujer, que decide que es el momento adecuado para ejercer su rol de madre". Además, "muchas veces, el hecho de intentarlo les hace sentirse más jóvenes, más fuertes, con una ilusión renovada en sus vidas, ya que van a tener y educar a un hijo con todas las fuerzas e intensidad posibles".

Cristina Núñez, directora del veterano centro de preparación al parto Más Natural, explica que en muchos casos, las embarazadas con más edad viven la experiencia de una forma más consciente. "Cada vez recibimos más alumnas conscientes de la importancia de vivir un parto lo más natural posible. Entre ellas, las gestantes mayores de 40 años muestran un mayor interés, no sólo respecto a sus partos sino también a sus cuidados prenatales, posiblemente por sus características especiales". "Hoy en día la edad, con alimentación y cuidados adecuados y buena información, no supone una traba a la hora de poder vivir una experiencia de parto saludable y disfrutada", opina.

"También puede producir un aumento de la autoestima porque se sienten capaces y fuertes para aceptar ese reto al que se van a dedicar muy profundamente, ya que es probable que otros retos de sus vidas los hayan conseguido o estén en camino de lograrlos", añade Sanz.

Otro factor positivo para la psicóloga es que "a su alrededor normalmente hay otras familias jóvenes, de forma que pueden conocer la realidad de la crianza del hijo de una forma mas realista que cuando se es más joven y se desconoce lo que realmente supone el tener un hijo". Y por último, "la estabilidad económica y social es otra factor que en estas edades es una ventaja, ya que es probable que se cuenten con unos recursos que con menor edad no se hubieran conseguido".

Ser madre a los sesenta

Dentro de las maternidades tardías hay algunas, como la de la facultativa gallega Lina Álvarez (y otros casos en España y otros países) que superan con creces la barrera de los 50. Ángeles Sanz, psicóloga clínica en Cinteco, considera que éstas no deberían denominarse tardías sino "maternidades fuera de control desde el punto de vista de lo fisiológico". Para la psicóloga "hay una gran diferencia entre ser madre con 45 y serlo con 60".

Es verdad, agrega, "que la medicina ha avanzado mucho y muy eficazmente para ayudar a las mujeres a formar una familia, a que ese 'milagro' sea posible". Pero es importante  "tener muy en cuenta las necesidades afectivas y emocionales de ese hijo que nace en una contexto en el que está condenado a afrontar un sentimiento de pérdida de apego muy profundo, porque por ley de vida, su madre o sus padres le van a faltar antes de los 12, 14, o incluso 10 años de vida, un sentimiento de orfandad que lo marcará para siempre".

Además, sostiene Sanz, "es importante tener muy presentes las expectativas emocionales reales en cuanto a la educación que se le va a dar a un hijo cuando la madre o los padres se encuentran en un momento de madurez en el que las posibilidades de flexibilidad emocional, de tolerancia y aceptación pueden encontrase mermadas simplemente por la propia historia personal y los avatares de sus propias vidas".

Y, concluye, "también es importante tener en cuenta las razones emocionales personales de la madre o los padres que, llegado ese momento de sus vidas, deciden afrontar la maternidad, o paternidad cuando se van a sentir, en pocos años, más cansados para lidiar con las necesidades de un preadolescente o adolescente".

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