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¿Por qué murió 'Harambe'?

La polémica muerte del gorila reabre el debate sobre el papel de los zoos y la empatía hacia los grandes simios

El gorila 'Harambe' en el zoo de Cincinnati. AP

Franz de Waal, reconocido experto en primates, admitía en estas mismas páginas que la situación que se dio el 28 de mayo en el Zoo de Cincinnati había sido un “dilema horrible”. Y que ni él sabía lo que habría hecho en ese caso, con un niño de tres años y un gorila de 180 kilos compartiendo de de forma inesperada la situación más decisiva de sus vidas. Por otro lado, el periodista científico Ed Yong bromeaba sobre la cantidad de conocimientos que la gente había amasado, en silencio, sobre cómo lidiar con una situación como esta, y que ahora les permitía pontificar sobre la solución adecuada. Expertos en gorilas discrepan: Jane Goodall ha dado su apoyo al director del zoo, pero cree que el gorila estaba protegiendo al niño. Otros, tras ver cómo lo arrastraba, consideran que el peligro era real. Los testigos aseguran que el animal estaba agitado, desnortado y con un comportamiento errático.

“No hay un protocolo general que determine si en un caso así se debe usar un rifle o un sedante”, aclara Jesús Fernández

¿Fue correcto usar un arma de fuego? ¿Un dardo para dormir al gorila hubiera resuelto la situación o le habría provocado mayor agitación? Las asociaciones de zoológicos marcan unas pautas sobre cuáles son los considerados “animales peligrosos”: tanto en EE UU como en España, se incluye a los gorilas en este listado. A partir de ahí, se obliga a los zoos a tener sus propios planes de emergencias por si escapan u ocurre algo similar al caso de Harambe, en función de sus circunstancias. “No hay un protocolo general que determine si en un caso así se debe usar un rifle o un sedante”, aclara Jesús Fernández, presidente de la Asociación Ibérica de Zoos y Acuarios (AIZA). “Existe una recomendación de tener armas de fuego para situaciones muy críticas, pero en el Zoo de Madrid no las tenemos”, reconoce Martínez, y recuerda que están coordinados con las autoridades policiales para que actúen en estos casos. Y admite: “A mí me da miedo disparar un arma en un sitio lleno de gente como un zoo”.

Fernández recuerda que en el Zoo de Madrid una persona entró en el recinto de los leones y la situación se resolvió sin siquiera tener que anestesiar al león. Hace dos semanas, en Chile tuvieron que matar a dos leones en un escenario parecido. En 1996, en Chicago, una gorila recogió a un niño caído y lo llevó hasta los empleados. En esta ocasión, los cuidadores llamaron a los gorilas pero solo las hembras les hicieron caso: Harambe desoyó sus órdenes y zarandeó al niño en dos ocasiones. Casos similares, pero todos distintos. “Es verdad que si tú disparas un dardo anestésico al gorila, se puede enfadar y puede provocar una reacción imprevista: no digo que ataque, pero que haga un gesto fatal fruto del enfado”, destaca el presidente de los zoos españoles.

“Se producen estos casos porque la cautividad prima el negocio antes que el bienestar”, afirma

Cada vez más gente considera un zoo como una cárcel de animales. Y crece más y más la sensibilidad hacia los grandes simios, que están ya a un paso de contar con derechos humanos. Y la muerte de Harambe cuenta con todos los condimentos para suscitar una respuesta radical. Pedro Pozas, presidente de Proyecto Gran Simio, considera que los zoos son instalaciones del pasado y este caso como una prueba de que son insostenibles. “Se producen estos casos porque la cautividad prima el negocio antes que el bienestar”, afirma. Y defiende: “Los grandes simios no deberían estar allí en absoluto: son homínidos, es como si encerráramos a neandertales, son nuestra propia familia”.

No obstante, tanto Pozas como Fernández coinciden en una cosa: jamás debería llegarse a una situación como esta. Por el diseño de las instalaciones, en los zoos de Madrid y Barcelona es “imposible” que un niño se cuele hasta los grandes simios, asegura el presidente de AIZA. Y recuerda que los recintos de los zoos de referencia tienden a usar cristales y muros elevados que imposibilitan por completo el contacto siquiera accidental. Medidas que impiden que se de una escena crítica que el niño y Harambe hubieran preferido no protagonizar: un dilema horrible que no debería darse nunca.

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