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España no comparece

Ante la apertura de los países del Cono Sur y las oportunidades que esto representa, el mundo se mueve, Mariano no

Barack Obama ha vuelto a demostrar en Latinoamérica que no es un pato cojo. Su viaje evidencia que ni siquiera entre los países con historias bilaterales más turbulentas —Cuba, Argentina— queda encono vivo, que EE UU es bien recibido en todas partes.

Lo es, sobre todo, cuando se muestra como el gran país liberal, capaz de revisar la memoria de su pasado imperial más agreste sin renegar de sí mismo.

Es lo que corresponde a su potencia política (pero no ocurría); a su influencia económica (se turna con España el liderazgo en inversión extranjera directa) y a la oportunidad del calendario. Que marca el inicio del fin del ciclo de gobernanzas populistas, y el recrudecimiento de las dificultades económicas en los países emergentes: combinación que aboca a los países del Cono Sur a una mayor apertura. O sea, una ristra de oportunidades.

No solo Obama ha comprendido todo esto. Le hizo de heraldo Francisco, el jefe del Estado vaticano —no por azar, nacido argentino— con su viaje rompehielos de septiembre a Cuba.

Y otros: el premier italiano, Matteo Renzi, recibió a Raúl Castro en Roma hace un año; emprendió la primera gira de un primer ministro transalpino en dos decenios a América Latina en octubre (Chile, Colombia, Perú, Cuba) y fue el primer mandatario europeo en acudir al Buenos Aires postperonista, en febrero: siempre con un muestrario cultural y empresarial en el regazo.

El presidente francés no le va a la zaga. François Hollande recibió en noviembre a Evo Morales (que también visitó Berlín, Dublín y Roma, y nada más), dando entrada a Bolivia a la Agencia Francesa para el Desarrollo; fue el primer presidente francés, desde la independencia de 1898, en rendir visita (rodeado de empresarios) a Cuba, y el primer líder europeo en hacerlo así en tres decenios, desde Felipe González; viajó a saludar a Mauricio Macri a Buenos Aires en febrero y firmó acuerdos de inversiones.

España no comparece.

El Gobierno hizo desistir al emérito Juan Carlos de viajar a Cuba. A Felipe VI le costó que el Gobierno entendiese que debía acudir al menos a Puerto Rico, al VII Congreso Internacional de la Lengua Española. El mundo se mueve. Mariano sestea.