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En La Habana con los Obama, Pocholo y José Andrés

El turismo de la ciudad se ve alterado por la visita del presidente de EE UU y su familia

El presidente Barack Obama y su esposa Michelle, por las calles de La Habana. AFP

La mañana empezó al alba. La culpa fue del jet lag, y de los alegres huéspedes del hotel Ambos Mundos. Dormir al lado de la habitación de Hemingway no es lo ideal si lo que se necesita es una noche que compense el asiento en clase turista. Y eso que la llegada había sido muy tranquila: a través de una vieja Habana empedrada y silenciosa, como preparándose para lo que le esperaba con los Obama en Cuba.

El día prometía ser inolvidable : los escasos huéspedes que no habían escapado hacia Cienfuegos o Trinidad, huyendo de la previsible quema, nos congregamos delante del plasma del lobby, a la espera de un discurso histórico. Era como el bar de Cheers, pero sin Norm y con más negritos, como dice la canción que hermana Cádiz y La Habana.

José Andrés, durante su visita a La Habana. AP

Obama, 88 años después de que el último presidente norteamericano hubiera puesto los pies en el país, se dirigía a Cuba desde Cuba, y desde allí, al mundo. Y La Habana se paralizó. No tanto por sus palabras como por la iniciativa de Michelle: hacer turismo en La Habana vieja con su madre, con Malia, con Sasha... como todos los que estábamos allí por Semana Santa, los Rolling a puntito y el mundo entero de los tour operadores.

Terminado el discurso para la Historia, la primera dama seguía con sus visitas, y los turistas, sin poder salir del hotel. Prohibido el paso; prohibido salir del hotel no fuera el séquito de la first lady a pasar por allí. De golpe y porrazo salimos del lugar en el que todo el mundo sabe tu nombre al asfixiante y buñueliano salón del ángel exterminador. Por no mencionar el momento viejaelvisillo (o cómo turistas y empleados, hermanados en el cotilleo, atisbábamos entre las lamas de las persianas cualquier indicio de Michelle).

Mientras la situación tornaba a un nuevo momento cinematográfico televisivo inspirado en Bienvenido Mister Marshall, decepcionados, conseguimos escapar hacia el Floridita. A ver si los daiquiris figuraban en el recorrido de Michelle, y a pesar de la hora, muy temprana incluso para quienes nos mantenemos en cualquier huso en horario español.

Obama, con Raúl Castro, durante un partido de béisbol en La Habana. AFP

De Michelle ni rastro, pero justo a la entrada junto a un grupo de españoles, estaba Pocholo Martínez- Bordíu. Siempre anima encontrar compatriotas fuera de casa.

Al segundo daiquiri conseguimos sentarnos en el único taburete libre situado (maldición) junto a la estatua de Hemingway. Los norteamericanos se lanzaban en masa a fotografiarse junto al inmortal escritor... pero, !no! con quien se hacían fotos como si no hubiera un mañana era con el cocinero José Andrés, la gran estrella de la cocina española en Estados Unidos, de gira con Barack y con Michelle.

Tras una agradable charla recordando viejos tiempos, tres señoras norteamericanas que pidieron foto y dos daiquiris más abandonamos el local rumbo hacia el malecón.

Parados en el semáforo otra vez. Una hilera eterna de vehículos negros con luces rojas y azules en el techo atravesó hacia la salida : "todo se lo han traído de Estados Unidos" nos explicó nuestro taxista. "Hasta los cocineros". Qué grande, José Andrés."Hasta la gasolina de los carros. !Y la bestia!" ¿La bestia? ¿Eso qué es? "La bestia es el carro blindado de Obama; no sólo resiste balas, si no misiles. Y él debe estar en el béisbol" apuntó, consultando el reloj. "Así que este no es Obama..." La comitiva pasó antes de que diera tiempo ni a desbloquear el móvil, cuando el taxista pegó un grito: "Es Michelle".