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El costoso puente para ardillas que ellas desdeñan

El Ayuntamiento de La Haya justifica el fiasco de la instalación, de 144.000 euros

Imagen del puente para ardillas de La Haya tomada de Google Maps.

El puente para ardillas más caro de Holanda une el Bosque de La Haya con el parque de Clingendael, el mayor de la ciudad. Construido en 2012 sobre la autopista, justo a las afueras de la ciudad, ha costado 144.000 euros. Pensado para proteger a las colonias de roedores separadas por la carretera, desde entonces solo lo han cruzado cinco ejemplares captados por una cámara instalada a tal efecto. Presentado en su momento como un ejemplo de conservación de la fauna local, y de compromiso municipal con el entorno, el proyecto fallido es un ejemplo del mal uso del dinero público. Hace dos años, al ver que los pequeños mamíferos no se animaban a atravesarlo, la guardabosques oficial sugirió que valía la pena darles tiempo para que se acostumbraran. El Partido de los Animales, sin embargo, lo calificó ya de “política de símbolos aplicada sin la necesaria labor de investigación”. Además, la construcción era de metal, no de madera, material considerado más apropiado. Más natural, en todo caso.

El Ayuntamiento aseguró entonces que el puente está bien diseñado, el emplazamiento es adecuado y había que esperar al menos cinco años para sacar conclusiones. Si una temporada las ardillas tenían más alimento a uno de los lados, no cruzarían. Cuando las nueces y los piñones escasearan, la ruta ideal para sobrevivir era el puente. Su puente. Este febrero, sin embargo, y visto que seguían ignorándolo, el Consistorio ha tenido que dar explicaciones más concretas. La respuesta es reveladora.

Aunque es posible que el puente no sirva de mucho, ahí está, para proteger a las ardillas de atropellos en la calzada. Incluso si no quieren utilizarlo, señalan los responsables municipales. Pero lo más importante de todo es que la construcción no ha costado un céntimo a los vecinos de La Haya. Sufragada con fondos estatales dedicados al medioambiente, nadie en la ciudad lo notará en su bolsillo. Una supuesta salida airosa ante un fiasco que muestra la nebulosa que parece envolver los caudales públicos: son de todos, pero se acaban usando como si no fueran de nadie.