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Suave (y terrible) es la noche

Van Noten deslumbra y Margiela descoloca con sus nuevas colecciones en la pasarela de 'prêt-a-porter' parisina

Una modelo desfila con uno de los diseños de Dries Van Noten. CORDON PRESS / EFE

Si cada colección lleva un relato incorporado, los que escribe Dries Van Noten siempre son los más suntuosos y evocadores. El modisto flamenco protagonizó el miércoles la segunda jornada de la semana del prêt-à-porter en París, donde presentó sus diseños para la temporada de otoño-invierno 2016-2017. La nueva colección está inspirada en la marquesa Luisa Casati, musa y mecenas de numerosos artistas de vanguardia del siglo pasado, que vivió al límite dilapidando su fortuna y terminó muriendo en la ruina. Este romántico personaje inspiró a creadores como Man Ray, Jean Cocteau, Salvador Dalí o Romaine Brooks, pintora estadounidense con la que tuvo una aventura. Pero es su historia de amor maldita con el poeta Gabriele D'Annunzio la que ha inspirado a Van Noten, casi dos décadas después de la colección que John Galliano, el otro protagonista de la jornada, le dedicó al frente de Dior, allá por 1998.

Una modelo desfila con uno de los diseñosde Dries Van Noten en París.

El rostro ojeroso de la marquesa se distinguía en el rictus de las propias modelos, que parecían llegar al final de la noche con la conciencia nublada y el maquillaje corrido, como esas mujeres que pueblan los cuadros de Otto Dix y Christian Schad, aunque sin dejar de resultar totalmente contemporáneas. Su colección parecía remitir a la estética de Weimar, ese seductor paréntesis de entreguerras que precedió la irrupción del nazismo, justo en el momento en que el continente vuelve a escuchar los ecos de sus recuerdos más traumáticos. La decadencia bohemia protagonizó el desfile, a través de esmóquines que podrían pasar por pijamas o robes de chambre, reformulando el sleepwear urbano que triunfó en la temporada pasada, además de fulares de plumas de colores, aplicaciones de lentejuelas o falsos visones en verde esmeralda.

Van Noten propuso también un encuentro improbable con momentos históricos, introduciendo la estética preppy —véanse la cazadora teddy, los tabardos o pea coats o los jerséis blancos de cachemir— y los códigos del club británico de caballeros, con insignias militares y estampados príncipe de Gales. Y todo sobre el fondo musical de La consagración de la primavera de Stravinsky, donde una melodía suave acaba derivando en una tensión terrible y hitchcockiana. Más que una celebración del decadentismo, Van Noten parece haber descrito el brusco despertar que termina con una época dorada, una obsesión que ha aparecido de manera recurrente a lo largo de su trayectoria.

Una modelo desfila con el diseño de Margiela en París.

Redimido ya de sus pecados, John Galliano presentó también su nueva colección para Maison Margiela, cada vez más cómodo como portaestandarte de una marca de legado altamente conceptual, con la que parecía tener a priori muy poco en común. Dentro de un espacio diáfano y casi clínico, construido para la ocasión en el interior del Grand Palais de París, muchos parecían esperar la reaparición de modelos masculinos vistiendo piezas para mujer, como había sido el caso en sus últimas dos colecciones. Su reciente colección prefall parecía apuntar, además, a una nocturnidad algo mórbida y con cierto regusto al cine de Fassbinder. Eran pistas falsas. El diseñador gibraltareño terminó sorprendiendo a todo el mundo con una colección bastante críptica, repleta de capas superpuestas y no siempre legibles con un solo vistazo.

En sus siluetas enmarañadas cohabitan numerosas ideas por centímetro cuadrado, en un conjunto que resulta entre disparatado y perfectamente coherente. En su colección se distinguen dos líneas. La primera contiene abrigos y gabardinas de inspiración militar, en tonos verdes, kakis y marrones sucios. Con su conocida exuberancia, Galliano surte sus modelos de elementos sorprendentes, desde precarios delantales con estampados coloristas hasta bufandas de punto extragrandes (esa prenda a la que los anglosajones llaman muffler) reconvertidas en manguitos cilíndricos, pasando por cinturones sobredimensionados en oro y plata, o incluso colgantes inspirados por las formas sinuosas de los cuadros de Matisse.

La túnica capa diseñada por Galliano para Margiela.

La segunda línea, más depurada pero no menos excéntrica, le sirve para vestir a mujeres que parecen salir de una cinta de superhéroes psicodélica, que podrían haber dirigido Roger Vadim o Nicolas Roeg. Su túnica, capa y capucha en verde esmeralda con reflejos iridiscentes fue uno de los looks más misteriosos y contundentes que se hayan visto hasta ahora. Nadie tiene muy claro qué habrá querido decir Galliano, y la incógnita permanecerá intacta, ya que el diseñador no concede entrevistas. "El vocabulario del glamur subvertido a través de un collage de auténticos clásicos", procuró aclarar el comunicado de prensa del desfile, no menos enigmático. El texto aludía también a una mezcla de "realismo y surrealismo". No cabe duda de que predominó lo segundo.

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