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Revés para Evo Morales

La derrota supone otro notable paso atrás del populismo bolivariano en Sudamérica

La derrota del presidente Evo Morales en el referéndum por el que pretendía reformar la Constitución de Bolivia para poder extender su mandato es una buena noticia en términos de salud democrática del país andino. Los bolivianos han decidido no romper las reglas del juego que el mismo Morales propuso en 2009 y abrir un proceso de renovación que culminará con un nuevo inquilino en Palacio Quemado en 2020. El resultado final, con una victoria del no por un margen del 2,6%, revela una gran división en el país, situación inadecuada en cualquier caso para llevar a cabo una reforma constitucional del calado que proponía el mandatario.

La negativa a la pretensión del dirigente de ampliar sus opciones de seguir en el poder tendrá importantes consecuencias internas y regionales. Dentro de Bolivia, porque obliga al líder del Movimiento al Socialismo (MAS) a preparar su sucesión y al mismo tiempo coloca a la oposición frente a la tarea de trabajar seriamente para construir una alternativa creíble al modelo de Evo Morales, que ha tenido sombras pero también luces, como el crecimiento económico sostenido del país y la relativa estabilidad en la que ha vivido Bolivia bajo su mandato.

Regionalmente, la derrota supone otro notable paso atrás del populismo bolivariano en Sudamérica. Tras la caída del kirchnerismo en Argentina y la decisión de Correa de no buscar ahora la reelección en Ecuador, el revés de Morales se une al contundente mensaje enviado por los venezolanos al presidente Nicolás Maduro con la estrepitosa derrota del chavismo en las elecciones parlamentarias de diciembre.

Morales ha dicho que ha “perdido la batalla pero no la guerra”. Imagen quizá desafortunada, porque no hay nada más alejado de una guerra que una votación democrática. Lo que ha perdido es, en parte, la confianza de sus compatriotas.