Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete

Fulgor, decadencia y muerte del billete de 500

El dinero físico, impreso de papel sofisticado, con tintas, aguas y marcas, está llamado a desaparecer

Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), reconoció ayer que se está considerando seriamente la supresión de los billetes de 500 euros. Las instituciones económicas europeas (e incluso en las mundiales) están dominadas por la neurosis de que los billetes de 500 euros sólo sirven para evadir impuestos, blanquear dinero y pagar las operaciones de narcotráfico. En consecuencia, los 28 países del área presionan para acabar con el instrumento, aunque no sepan bien cómo actuar sobre las causas. Lo que piden es que la Comisión y el BCE presenten antes del 1 de mayo un plan de supresión del billete; después, reducción progresiva hasta la total eliminación.

Que el billete de 500 era una herramienta perfecta para el fraude se sabía antes de su creación. En realidad, un valor tan alto parece una extravagancia; las crónicas cuentan que es el de valor más elevado después del billete de 10.000 francos y del de 10.000 dólares de Singapur. ¿Por qué se creó entonces? ¿Para satisfacer la prepotencia monetaria de algún país en particular, como Alemania? Probablemente. Un billete de 500 tiene valor logístico para un defraudador; un millón de euros en billetes de 500 pesan 2,2 kilos, fáciles de transportar y de ocultar si es necesario. Si el papiro desaparece, el peso del dinero negro se multiplicará por 2,5 o por tres; y el volumen quizá por cuatro. Si no hubieran existido los billetes de 500, Julián Muñoz (recuerden, el alcalde que inventó el pantalón palabra de honor) y su legión de cómplices marbellíes hubiesen agotado las existencias de bolsas de basura para trasladar los dineros cohechados.

Pero se equivocará quien suponga que la supresión del 500 es un duro golpe contra el fraude. Porque, 1. La inercia de la economía irregular está enraizada en la economía europea —en particular en la española—, y la inercia no se va a quebrar porque desaparezca una especie de billete; 2. El de 500 se sustituirá por el de 200 euros de forma inmediata, porque el aumento de peso y volumen se corregirá con el cambio de los medios de transporte y camuflaje; los departamentos de investigación y desarrollo del delito organizado (los tienen) encontrarán el medio de transacción adecuado para esconder el dinero, y 3. Las monedas virtuales ofrecen posibilidades inexploradas a la tecnología del dinero negro.

Draghi sabe que el dinero físico, impreso de papel sofisticado, con tintas, aguas y marcas, está llamado a desaparecer. La lógica de la lucha contra el fraude, un tanto simple, empuja en la misma dirección: si se suprime el billete de 500 para dificultar el fraude, el mismo argumento vale para los de 200 euros y 100 euros. Mejor suprimir todos o casi todos. A medio plazo, el dinero personal, el patrimonio y la renta figurarán en archivos protegidos, en la nube o en mundos virtuales que ya están en proceso de concepción. El delito será servido por operadores informáticos especializados, herederos de los contables de la Mafia. Al final, el coste de la evolución del dinero y sus patologías delictivas lo va a pagar la producción de bolsas de basura.