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Por qué los humanos deberíamos hibernar

Cuando la temperatura baja tanto que se congelan hasta las ideas, anhelamos la vida del oso. La ciencia podría aprovecharla para ‘ganar’ tiempo en algunas enfermedades

Por qué los humanos deberíamos hibernar

"La hibernación es un estado de reducción del metabolismo corporal, temperatura y frecuencia respiratoria y cardíaca, usada por ciertos animales para conservar energía durante períodos de escasez alimentaria. Puede durar varios meses y tiene diferente intensidad según la especie”, explica Carlos Dotti, profesor de Investigación del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa. Según un estudio publicado en Nature, ya se ha logrado inducir –por unas horas– un estado parecido al de la hibernación en roedores, sin esta capacidad natural, mediante un golpe de hipotermia de 45 minutos a 16 °C. Los investigadores explicaron que la razón es una proteína cuyos niveles se multiplicaron por el frío. En base a esto, formularon la posibilidad de desarrollar un fármaco que consiga el mismo efecto, igual que para bajar la fiebre utilizamos paracetamol. Veamos, si fuera posible, qué podría hacer la hibernación por los humanos.

¿El tiempo todo lo cura?

La hibernación inducida reduciría la producción de radicales libres, culpables del envejecimiento

Hibernar no es, como pudiera parecer, una forma de cargar pilas, sino de emplear las reservas para protegerse. De ahí la idea de llevar esta capacidad a los humanos en períodos de peligro. La clave está en el consumo de oxígeno: la acumulación de radicales libres que se produce (como ocurre durante el envejecimiento y en enfermedades crónicas) o su producción exagerada (en patologías agudas como el ictus), dañan proteínas, lípidos y ácidos nucleicos, y estimulan la fabricación de citoquinas inflamatorias. Todo esto, en su conjunto, perjudica la función de las células y su capacidad regenerativa. Durante la hibernación, la bajada del consumo de oxígeno genera una menor producción de radicales libres y, por lo tanto, menor daño, lo que es especialmente importante en el caso de ciertas enfermedades. “Reducir de forma rápida las demandas metabólicas de las víctimas de ictus, de un ataque cardíaco o de un trauma les estabilizaría y protegería hasta conseguir más tiempo para controlar médicamente la situación”, señala Brian Barnes, investigador del Instituto de Biología del Ártico de la Universidad de Alaska Fairbanks (EE UU).

Por qué los humanos deberíamos hibernar

¿Y qué sucedería respecto al cáncer? “La hibernación no mejoraría la enfermedad, pero disminuiría el daño a las células sanas nivelando la sensibilidad a la radiación”, explica Dotti. Y es que las células sanas, cuyo consumo de oxígeno es alto, son más susceptibles al daño por radiación que las células cancerosas, que tienen una dependencia de oxígeno menor.

Rob Henning es miembro del consejo asesor científico de Investigaciones Clínicas de la Universidad de Münster (Alemania) y anestesiólogo. En su afán por mantener la circulación y oxigenación constante de un paciente para minimizar el daño de la cirugía, declaró en la revista Vice: “La hibernación es ideal para la anestesia general”. El atractivo está claro: en el quirófano, el paciente tendría un latido lento, menos sangrado y una necesidad menor de oxígeno para alimentar sus órganos. Y podría servir para mejorar la cicatrización de la piel en diabéticos: en un individuo sano que se hace una herida, se forman coágulos que permiten que se inicie el proceso de cicatrización; en los diabéticos esos coágulos no se forman, por lo que reducir el consumo de oxigeno facilitaría la curación.

Un delicado despertar

Investigadores del Instituto de Biología del Ártico descubrieron que la calma biológica no se interrumpe bruscamente al llegar la primavera, sino que el animal todavía sigue bajo mínimos durante semanas: sufre falta de sueño, problemas digestivos, infecciones… En humanos, no sabemos hasta qué punto al volver del letargo habría una sobreactivación de los mecanismos dormidos y se produciría un efecto rebote que empeorase el problema. "Esta sospecha se basa en el llamado daño orgánico por reperfusión luego de isquemia [una consecuencia grave de las terapias basadas en la hipotermia]”, explica Dotti: "El restablecimiento del flujo sanguíneo, que propicia la llegada de sangre y nutrientes a las células isquémicas, puede acompañarse de liberación de radicales libres de oxígeno, acumulación de calcio intracelular, alteración del metabolismo celular…, que pueden condicionar un daño miocárdico funcional y estructural. Y se necesitarán ayudas externas como masajes para evitar escaras o control de infecciones, pues el sistema inmune se deprime durante la hibernación".

Hay que ser cuidadoso y no crear falsas expectativas. Cuando se sepa más sobre los mecanismos de hibernación en animales, quizá se pueda controlar la hiperactivación cuando la temperatura vuelve a su nivel fisiológico.

 

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