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Agujeros negros

Rajoy prolongó ayer esa rendición a plazos que se ha preparado para ganar La Moncloa

Si Mariano Rajoy estuviese dentro de un agujero negro, tal y como parece, y allí sufriese una distorsión del espacio-tiempo, confirmando los rumores, y sus años transcurriesen mucho más despacio que en la Tierra, podrían acoplarse sus discursos de amor hacia los miembros de su partido que estuviesen siendo imputados en tiempo real. De esta manera, mientras Alfonso Rus sale del juzgado podría escucharse, entre gritos de corrupto y ladrón, la voz de un hombre, desplazado en el espacio, gritando "Te quiero, Alfonso, coño".

En un colapso imposible el presidente del Gobierno podría remontarse a 2004, cuando la legislatura estaba preparada para él como el molde de un sofá. No se entiende el Rajoy actual sin comprender la herida que le causó ver cómo Zapatero heredaba los años que estaban reservados para él por inercia. Toda la resistencia mostrada ayer, refugiándose de nuevo en el tacticismo, viene del tiempo solitario en que se quedó como un astronauta abandonado en un planeta que no le quería: el suyo propio.

De ese pasado le rescató Valencia: no los quería por casualidad, coño. Hasta el amor tiene razones políticas: en 2008 Rajoy sobrevivió gracias a los que después se acabaron paseando en los periódicos, y a ellos les tuvo que prometer amor como si estuviese en el mercado de abastos. No hay cara que mejor represente esa época de dádivas que la mujer de Alfonso Rus disfrazada de Jesús Gil mirando a su marido con cara de "por fin, Alfonso" cuando Rajoy le confesó que en Pontevedra había alguien que tomaba sus éxitos como propios.

En un agujero negro Rajoy sobreviviría, como se sospecha, y además podría contemplar su obra desde un tiempo distinto para acoplarlo con saña. Desde allí el presidente sincronizaría los discursos de su partido con sus actos. Se produciría una implosión como aquella de Guadalajara, cuando absorbido de forma irremediable por su propio agujero negro, Felipe González se encontró de bruces abrazando a Barrionuevo en la puerta de la cárcel.

Rajoy prolongó ayer esa rendición a plazos que ha preparado para ganar La Moncloa a costa de un año perdido. El Rey le ha pedido a Sánchez, cuyo pasado es un pasado moderno hecho de tuits y no de juzgados, que forme Gobierno. La política española está a un paso de ser explicada sin recurrir al presente. Solo desde una concepción metafísica del Estado, dispuesto para recibir el poder y no tanto para expulsarlo, se entiende el tiempo actual. Casi nadie resiste una comparación consigo mismo diez años antes. El PP ya sabe que no es el futuro sino el pasado el lugar en el que transcurre, si no se mata, el resto de nuestra vida.

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