GENÉTICA

Estudiar la huella epigenética para rescatar enfermos de cáncer

Un ensayo clínico analizará las variaciones químicas que sufren los genes de pacientes oncológicos sin alternativa terapéutica para predecir su respuesta a nuevos fármacos

El genoma humano es algo más que sus genes. De hecho, en el 97% del ADN juegan un papel capital todos esos elementos que se pegan a los genes y que, aunque no modifican su secuencia, sí provocan variaciones químicas que afectan a sus funciones. Estos elementos, que conforman el llamado epigenoma humano, funcionan como interruptores apagando o activando la actividad de los genes. Pero no lo hacen a placer, sino que están condicionados por el entorno y los hábitos de vida de cada individuo. Por eso dos personas de la misma familia, que comparten más o menos información genética, pueden ser propensos a desarrollar enfermedades diferentes. En cáncer, por ejemplo, sólo un 10% de los tumores son hereditarios; a la formación del otro 90%, que surgen de forma esporádica, contribuyen en gran medida alteraciones epigenéticas como las que provoca, por ejemplo, fumar.

Sobre este colchón de estudio, un equipo de investigadores del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) en Barcelona han puesto en marcha un ensayo clínico centrado, precisamente, en el análisis de la información epigenética de los individuos para combatir tumores resistentes a los fármacos habituales. Su intención es analizar "la huella dactilar epigenética" —un perfil genético del tumor—  de un centenar de pacientes oncológicos que no responden a los tratamientos estándares y buscar terapias más personalizadas según su perfil genético. "Hay como medio millón de puntos de información del genoma. Nosotros estudiamos esos interruptores, cuáles se encienden y cuáles se apagan en cada caso, para tener un perfil genético del tumor y contrastarlo con la respuesta que dan los fármacos a ese perfil. Queremos identificar los marcadores epigenéticos para predecir la respuesta a nuevos fármacos", explica el doctor Manel Esteller, director del programa de epigenética y biología del cáncer del IDIBELL.

El equipo de Esteller ya demostró que una célula cancerosa tiene una alteración epigenómica que hace que no se reconozca a sí misma. Y también probó que algunos genes supresores de tumores, los que protegen al ser humano contra el cáncer, dejaban de funcionar por una modificación química (metilación) que bloqueaba estos genes. Lo que pretende hacer ahora este grupo de científicos es definir los marcadores de esas metilaciones del ADN que provocan el tumor o la resistencia a los fármacos administrados para predecir la respuesta que tendrá el organismo a otros fármacos y buscar una terapia personalizada para cada paciente. "Se trata de buscar el talón de Aquiles del tumor para hacerlo más vulnerable a los fármacos", apunta el científico.

Esteller ha revelado que, en las pruebas in vitro que ha hecho en el laboratorio, las células cancerosas ya están respondiendo favorablemente al tratamiento personalizado. Pero el reto está en probar esta eficacia, de aquí a dos años —que es cuando finaliza el ensayo—, en humanos. Los 100 pacientes seleccionados para someterse al estudio son personas con un tumor muy resistente, que ya han pasado sin éxito por dos tratamientos de quimioterapia, y se han quedado sin alternativas terapéuticas. "Queremos darle una oportunidad a pacientes huérfanos de tratamientos y rescatarlos intentando darles una alternativa terapéutica más teledirigida", apunta Esteller. Encontrar la terapia adecuada a los pacientes implicaría, según los estudios previos que maneja el cuadro científico, cuadriplicar su esperanza de vida tras la enfermedad.

El equipo de investigadores estudiará el materia epigenético de pacientes aquejados de cáncer de colon y pulmón —por ser los más comunes— y de páncreas y cerebro —porque son los más mortíferos—. "Los tumores se adaptan a todo lo que usamos contra ellos. Estudiar las marcas químicas que alteran el genoma nos permitirá dar un paso hacia delante para personalizar más el tratamiento del cáncer y aumentar su eficacia y la supervivencia", concluye Esteller. 

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