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Ella mató a Bill

La doble de Uma Thurman en 'Kill Bill' se enfrentará al director español Nacho Vigalondo en ‘Camino’ y nosotros te contamos todo los culos que ha pateado a lo largo de su carrera

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Kill Bill

Si ella no se hubiese fracturado varias vértebras, al título Xena: La Princesa Guerrera le hubiera sobrado el adjetivo. Si ella no se hubiera hecho polvo las costillas, adivina la palabra que habrían eliminado de Kill Bill. Sin sus fracturas de ligamentos y lesiones de espalda, Sharon Stone no habría durado ni un asalto contra Halle Berry en Catwoman. Si Zoë Bell -la cara visible de esas mujeres en la sombra que brincan, esquivan puñetazos, y hacen besar lonas a diario- se hubiera quedado repartiendo leches en su Nueva Zelanda natal, la trilogía de El Señor de los Anillos tendría una duración de poco más de media hora.

Fogueándose como especialista en su país, donde hacía de stunt (doble para escenas de acción) en  las series televisivas Xena y Hercules, la carrera de Zoë Bell nunca sería igual después de conocer a Quentin Tarantino en las audiciones de Kill Bill: el director de Pulp Fiction quedó tan encantado con su prueba que Zoë fue escogida como la doble de Uma Thurman en las escenas donde ésta debía quedar magullada. A las pocas semanas, elevaría de categoría hasta el punto de ser requerida, por el mismo equipo de especialistas que coreografió Tigre y Dragón, para rodar también las escenas de lucha de la película. A Thurman, en definitiva, no la pusieron en las listas de las mejores actrices de cine de acción los periodistas: lo hizo Zoë Bell hace más de diez años.

Ella mató a Bill

La carrera de Bell, de ahí en adelante, quedaría marcada para siempre por la emancipación, tanto en el terreno profesional como en lo referente a su género. Tres años después de matar a Bill, Tarantino le daría su primer papel de peso como actriz de reparto en Death Proof. Ahora no sólo era golpeada, acuchillada y disparada con balas de sal directas a sus pechos, sino que también podíamos ver su cara mientras Kurt Russell intentaba masacrarla a volantazos. Y, factor aún más importante, escucharla: Death Proof fue acusada de ser, dentro de la filmografía del director de Knoxville, una soberana bobada, donde sus diálogos de arraigo pop habían sido sustituidos por charla femenina presumiblemente intrascendente. La primera película de la neozelandesa como actriz completa era, en resumen, una película de chicas hablando como chicas y además, para horror de los amantes del cine de acción de los ochenta, matando a uno de sus más aventajados ídolos como si éste fuera un perro.

Si bien su carisma en pantalla quedó sobradamente probado con Death Proof, los títulos en los que la veríamos a continuación, aún estando lejos de las multisalas, seguirían haciendo hincapié en su intención de convertirse en la respuesta occidental a Jackie Chan, intérprete conocido por no precisar de dobles para sus escenas de acción. Por otro lado, las películas en las que participaba seguían teniendo la voluntad de dinamitar los roles de género. Si en la cinta de Tarantino ya había escupido sobre el hormonado cine de acción clásico, protagonizando Mercenaries lanzaría un guante a Los Mercenarios y a todos sus integrantes: esta película de serie B contenía más hallazgos que el tríptico Stallone, tanto en lo cinematográfico como en lo discursivo.

Bell junto a sus compañeras de reparto en 'Mercenaries'

Bell junto a sus compañeras de reparto en 'Mercenaries'

Antes de Mercenaries, sin embargo, ya se la pudo ver en otros títulos que sintonizaban con esa voluntad de dinamitar tabúes: en Roller Girls, el debut en la dirección de Drew Barrymore, ayudó a dar visibilidad a un deporte femenino tan marginal, por marginado, como es el roller derby; en ese homenaje al cine de Russ Meyer que es Perras Furiosas, cinta donde también coordinó al equipo de especialistas, Bell ayudó a generar risas nerviosas de un público que se sentía amenazado ya desde el título; en Raze volvería a hacerse con el papel protagonista, siendo la película esta vez una metáfora sobre la confrontación necesaria entre mujeres para la supervivencia de las élites. Sobra decir, supongo, que en las tres hay hostias para parar dos trolebuses.

Bell y Josh C. Waller, director de Raze, volverán a unir fuerzas este año en Camino, thriller de acción que tendrá como villano de la función al cineasta español Nacho Vigalondo. Situada en 1985, Camino seguirá a la fría reportera de guerra Avery Taggert (Zoë Bell) en su viaje a Colombia, donde estallará el más violento conflicto que nunca haya presenciado. Tras tomar una comprometedora foto del ambivalente líder de unos misioneros locales apodado El Güero (Nacho Vigalondo), tendrá que adentrarse en la jungla para salvar su vida del conflicto en el que se ha visto inmersa. Y la salvará, claro. Es Zoë.

 

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