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Cuando hay que elegir entre la derrota y la amenaza

Polémica en Marsella ante la recomendación de que, por precaución, los judíos no lleven kipá

Triste y significativo el debate que agita estos días a la comunidad judía de Francia. Tras la agresión con machete a un profesor judío en Marsella el pasado lunes, 11 de enero, en nombre del Estado Islámico, el presidente del Consistorio israelí de la ciudad, Zvi Ammar, recomendaba, “a la espera de que lleguen días mejores”, evitar llevar la kipá —la prenda que cubre la cabeza de los judíos observantes— en la localidad. “Es una desgracia tener que llegar a estos extremos en 2016 en un gran país democrático como Francia”, pero “por desgracia somos un objetivo, en cuanto que se nos identifica como judíos nos arriesgamos a ser agredidos o a que nos maten”, ha explicado. El grueso de los demás representantes de las instituciones judías se ha desmarcado de este llamamiento, manifestando que tener que ocultar su pertenencia religiosa es ya una derrota. El gran rabino de Francia, Haïm Korsia, ha considerado la iniciativa como un “grito emocional comprensible” pero reclamando “no ceder”. Ha pedido a todos los aficionados marselleses que lleven un kipá o algún tipo de gorro en el próximo partido que se celebre en el estadio del Velódromo en señal de solidaridad.

Pero la prudencia manifestada por Ammar tiene eco en una comunidad que desde hace tiempo ha sentido la necesidad de blindar la seguridad en sus negocios, escuelas e incluso en algunos edificios de viviendas de mayoría judía. Algunos admiten retirar ya su kipá en según qué lugares. El célebre abogado y cazador de nazis Serge Klarsfeld considera legítima la recomendación y recuerda que existen “varios territorios peligrosos [para los judíos], en particular en Marsella”, donde vive la segunda mayor comunidad judía del país.

El pasado 9 de enero se celebraba el primer aniversario del atentado yihadista contra un supermercado de comida kósher. En la ceremonia de homenaje, el primer ministro, Manuel Valls, admitía la tardía toma de conciencia de la nación ante la “inmensa” y “legítima” angustia de los judíos de Francia. El debate de estos días vuelve a poner esta angustia de manifiesto.