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Cuidado, que hay curvas en la nueva carretera

Enseguida que ve carne la caverna saca a pasear los garrotazos; lo que ha sucedido con Bescansa y su bebé es uno de los epifenómenos de esa reacción

Es difícil criar a un bebé de cinco meses, del mismo modo que es muy complicado educar a un niño de cinco años. En el caso de los bebés de cinco meses, que además no soportan el biberón, esa complejidad se acrecienta, porque las madres han de darles de mamar con una frecuencia que las lleva a interrumpir cualquier otra tarea.

Lo que ha sucedido ahora en el Congreso con el bebé de Carolina Bescansa, la diputada de Podemos, es un caso más entre los numerosos ejemplos en los que las mujeres han de ir con sus bebés porque éstos las necesitan perentoriamente. Es cierto que ella podía haberle confiado el niño a la ayudante que en otras ocasiones se ha ocupado de él; pero ella decidió que era bueno que Diego, que así se llama su hijo, estuviera con ella en semejante situación.

A este cronista no le pareció bien que el niño estuviera ahí, zarandeado por los colegas de la madre en tan solemne ocasión. Luego pregunté a algunas madres jóvenes y me refrescaron la memoria, gracias a lo cual pude escribir lo que consta más arriba. Una de las cosas que me advirtieron estas informantes fue lo que sucedió inmediatamente después: “Pues si a ti no te ha parecido bien eso, imagínate cómo la van a poner los de la caverna”. Enseguida que ve carne la caverna saca a pasear los garrotazos. Lo que ha sucedido con Carolina Bescansa y su bebé es uno de los epifenómenos de esa reacción, pues esa administración cavernícola de la quina ha encontrado carnaza también en la vestimenta y otros accesorios del cuerpo (las pelambreras, por ejemplo) de sus novísimas señorías.

Los hay que han advertido que dentro de los cabellos larguísimos de algunos de los políticos nuevos podían alojarse piojos y otras inmundicias. Caramba, cómo disparan tan rápido. Lo cierto es que de eso ha habido también desde el principio de los tiempos; uno de los puntos álgidos fue cuando los Beatles revolucionaron el mundo con su música y también con sus opciones de peluquería. Y fíjense lo que no habrá dicho la caverna (y no sólo) de Bescansa y el jolgorio infantil que produjo el bebé entre los compañeros de su madre. Ella está en su derecho, como están en su derecho de vestir y de peinarse como quieran los ahora atacados por ir así al Congreso.

Ahora bien, están en su derecho, sin duda, pero deben pensar que quizá deberían esperar que a los demás les guste o les disguste lo que hacen, no sea que crean oportuno meter todo lo que hacen en el saco de lo políticamente correcto de modo que si se discrepa de ellos todo lo que se les diga pase a provenir del búnker, de la casta o de la caspa. Desde mi modesto entendimiento, pienso que está sucediendo ahora algo que puede ser dañino para hablar entre nosotros: que sólo sea lícito decir que sí a lo que se mueve y no te place a no ser que quieras ser señalado como un carca trasnochado. En esta carretera nueva los nuevos van a encontrar curvas, gente que no les va a reír siempre las gracias, pues a veces no la tienen tanto como el bebé de Bescansa.