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Conectados al campo

El fenómeno de los 'neorrurales' ha crecido en los últimos años con la incorporación de perfiles más jóvenes y activos

Las nuevas tecnologías, la mejora del transporte y las comunicaciones, han hecho del medio rural un atractivo hogar para pobladores con formación universitaria e inquietudes laborales. Pero la movilidad de la ciudad al campo es un fenómeno que se observa en España desde los años 80. Por entonces estaba más vinculado, según explica Luis Camarero, catedrático de Sociología de la UNED, a jubilados que abandonaban las ciudades al retirarse de la vida activa. Buscaban la tranquilidad y el contacto con la naturaleza.

Este fenómeno fue creciendo, en línea con los avances tecnológicos, y a él se sumó población más joven que ha conseguido crecer profesionalmente gracias a estar conectados a las grandes ciudades. Es un fenómeno relevante por su capacidad de dinamizar la vida rural pero no en cuestión de cifras. “No deja de ser un bajo porcentaje y además decreciente en el caso de España. Apenas un 6% de la población vive en municipios de menos de 2000 habitantes, según datos de 2011. Es un porcentaje que decrece respecto al 8% de 1991”, señala Marta Domínguez, profesora de Sociología urbana en la Universidad Complutense. Las fronteras entre ambos medios son cada vez más difusas, señala la experta. “Se está observando una tendencia a mezclar lo mejor de los dos mundos. La sociedad actual no te deja vivir aislado”, añade.

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Concha produce queso ecológico desde una remota finca en Ciudad Real.

¿Cómo son hoy los neorrurales? Es difícil clasificarlo, apunta María Jesús Rivera, profesora de Sociología de la Universidad del País Vasco. “El mundo rural es muy heterogéneo y por tanto se han ampliado el número de perfiles”, cuenta. Según explica, hay un gran abanico de posibilidades. Gente en paro que busca una segunda oportunidad, jóvenes críticos con la globalización y que ven el campo de forma idílica, pero también personas con una alta formación, que no necesita acudir a ayudas económicas, que buscan contactar con la naturaleza, que participan de la vida social de los pueblos, pero que no pierden el contacto con la ciudad. Pero la adaptación no siempre es satisfactoria. En las últimas generaciones de neorrurales ha habido fracasos, por ejemplo, entre los que idealizaban el medio rural. “El primer choque es el desfase que hay entre la imagen bucólica y la realidad”, concluye la profesora.

elpaissemanal@elpais.es

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