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Xavi Hernández: “Con la rivalidad Barça-Madrid dimos mala imagen”

De frente, abierto, alejado de los complejos y las declaraciones huidizas o mecánicas de los futbolistas, Xavi Hernández habla con la misma transparencia con la que juega.

Cerca de abandonar la élite, no rehúye ningún tema polémico: del 9-N a la tensión Barça-Madrid en época de Mourinho

Uno de los mejores futbolistas españoles de todos los tiempos se muestra en paz y deseando disfrutar lo que le queda en los campos

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Xavi: "Soy amigo de Iker Casillas".

Es como juega. Xavi Hernández, 34 años, para muchos el mejor futbolista que pisa los campos, es como juega. Nobleza, destreza, estilo, sencillez, solidaridad podrían definir el toque que ha dado el Barça al mundo. Pero el hecho de que responda a esos apelativos en el estadio está directamente relacionado con su actitud en la vida. Campeón de todo –siete ligas, tres Champions, dos Eurocopas, un Mundial…–, no es casualidad que todas las jugadas del F.C. Barcelona y la mejor selección española pasaran por sus botas. El chico humilde de Tarrasa –comprometido ahora con la Fundación La Caixa en labores solidarias– sabe que anda agotando los últimos sorbos de césped. Pero su futuro queda claro: “Está en el fútbol”, dice.

¿En qué consiste eso de ser embajador de La Caixa? Yo colaboraba con varias ONG, pero creí que era mejor centralizar todo en una actividad. Como está el país, a mí me gusta ayudar, contribuir con gestos altruistas y, por lo menos, hacerlos bonitos y bien armados. Me propusieron ser embajador de la obra social de La Caixa y ayudo en cualquier cosa: enfermedades, síndrome de Down...

No tiene usted pinta de ser alguien que sepa decir no. Me cuesta, eh, me cuesta; lo he visto en casa. Mi padre, a veces por tonterías, se complica. Somos generosos, me han inculcado esto y, más en la posición en la que estoy, no supone nada, hombre, me encuentro en una situación privilegiada. Es la educación que me dieron.

¿Cuál? La que pudimos recibir en un piso muy pequeño. Éramos ocho contando los abuelos, en 100 metros. Compartimos todo, el lavabo, el cepillo de dientes, dormitorio, ropa. Tenía que ser así: un ambiente altruista, generoso y empático en el que susurrábamos si alguien dormía al lado o estaba estudiando.

Su padre era un hombre de fútbol. Totalmente. El fútbol es en parte así, al ser un deporte de equipo has de mirar por el compañero antes que por tu individualidad.

Usted lo ha hecho más que nadie. Jugar para los demás. Por eso quizá no haya sido suficientemente reconocido en su propia singularidad. ¿Le perjudica la solidaridad? Pues yo creo que he sido muy reconocido, no sólo en España. Allá donde voy. Ahora que tengo más tiempo y no estoy en la selección, me puedo ir un fin de semana fuera y siento esa admiración. El otro día un francés, por la calle, me dijo: “Y tú, ¿cómo no has ganado el Balón de Oro?”.

A eso me refería precisamente. ¿Pesa? Yo, de verdad, he tenido la suerte de superar mis sueños. Nunca me habría imaginado llegar a estar en el podio de un Balón de Oro como candidato y así ha sido, en mi vida lo pensé. Supera mis expectativas, soy inmensamente feliz por lo que he conseguido. Colectivamente lo hemos ganado todo, era impensable. Si me lo dicen en 2004, cuando me criticaban tanto en el Barça como en la selección, no me lo hubiera creído.

Han sido ustedes, perdón por el pasado, la generación más brillante de la que ha gozado el fútbol español. No, ya, entiendo que tras el Mundial de Brasil se cierra un ciclo.

Si hubiera sabido lo de Brasil, me habría retirado de la selección antes”

¿Es consciente de que ha pasado a otra vida? A nivel de selección sí, me queda poco fútbol, está claro. Lo noto en mi cuerpo, me cuesta más recuperar, debo dosificar el esfuerzo, no tengo la chispa para jugar cada tres días. Lo noto.

¿Se vive eso con naturalidad o con trauma? ¿Anteponiendo la inteligencia quizás a las sensaciones? Vas madurando. Los futbolistas lo hacemos antes de tiempo. Por suerte y a base de castañazos, al ser juzgados constantemente. Es la vida. Recibimos desde jóvenes. Yo ya me lo planteé en la Eurocopa de 2012. Se lo dije a Vicente del Bosque: “Mira, ya no disfruto tanto y prefiero dejar paso…”. “Pero qué dices, hombre. ¿Te ha entrado la depresión?”. Y yo: “No, que no, míster, es que lo he razonado mucho”. Y él: “Pero, por Dios, si aquí eres muy importante…”. Después, claro, de lo vivido en Brasil, si lo hubiera sabido, me habría retirado entonces. Pero también es verdad que estos dos años los he vivido con una ilusión tremenda, aunque salió todo al revés. En fin, que ahora estoy mucho más tranquilo, bajas la tensión, disfrutas de la mujer, la familia, los amigos…

O da usted una entrevista como esta, poco después del 9-N. A quién se le ocurre, porque, claro, le tengo que preguntar. No pasa nada, sin problemas.

A los futbolistas, obvio, no les gusta hablar de política, les incomoda. El problema son las consecuencias, luego te etiquetan.

Yo le recuerdo a usted diciendo: ¡Viva España! Fue después de ganar un gran título con la selección. Sí, claro, y lo sentí así. Bueno, quizá veníamos de habernos tomado unas cervezas, pero quise decir también viva el fútbol español y nuestra selección, que nos ha dado tanto.

Hombre, también va siendo hora de exclamar: ¡viva España! y ¡viva Cataluña! a la vez y que no pase nada, ¿no cree? Pues sí, también. Yo fui a votar el día 9 porque lo considero un paso importante para Cataluña. Pedimos una consulta legal y oficial, y nos la deberían dar. Es tan sencillo como si te llama un amigo y te dice que se encuentra mal, y tú le cuelgas el teléfono. Eso le pasa a Cataluña con España. Somos amigos, conformamos un mismo país: escúchalo. Pero parece que se empeñan en negarnos todo. Si es un asunto que se resuelve dialogando. Vamos, yo lo veo así. Necesitábamos votar y ser escuchados, comprendidos. Sólo eso.

Volviendo al campo… Usted ve la vida con naturalidad, se esfuerza en plasmar esa sencillez jugando y lo que logra es que todo funcione de manera excepcional. ¿Cuál es el secreto? Soy autoexigente y muy perfeccionista en todo. A veces, pese a que crea que hemos estado muy bien, me empeño en corregir jugadas para que la próxima salga mejor. En el Barça, el notable no vale, tiene que salir todo de matrícula. Yo peco de esta autoexigencia y la demando en familiares y amigos, hasta que me doy cuenta y digo: “A ver, uy, bueno, baja un poco”. Pero es que a mí me han exigido tanto y me han condicionado tanto que espero lo mismo. Con un notable, vuelvo a casa preocupado.

Quizá en Brasil ocurrió eso y se dejaron notar ausencias en las que pocos caen: usted lo ha reconocido. ¿En esa columna vertebral de la selección se ha echado en falta a Puyol en el cogote, demandándoles esa excelencia? Ja, ja, sí… Pero bueno, hay pasión, eh.

¿Tanta como la de ese monstruo? Mira, en el fútbol, cuando las cosas no salen bien, los que no están son los mejores. Y no es justo. Claro cuando lo dicen de ti, te gusta, pero es injusto. En el Barça no es que falte Puyol, faltan otras muchas cosas: cohesionar, hemos fichado a gente nueva, hay un entrenador con matices que requieren tiempo, es un asunto de conjunto. Ni Messi solo cambia un partido muchas veces. La gente hay momentos que no entiende. Haber jugado te da otra visión.

¿Como para que la afronte desde un banquillo en la otra vida que le espera? Hombre, yo me veo en el fútbol.

Cuando todo acabe, ¿qué piensa hacer? Me quiero formar, humana y futbolísticamente. Aprender inglés, por ejemplo.

Pero eso lleva ya tiempo diciéndolo. ¿Todavía no ha prosperado? Si me preguntas, te entiendo, pero hablar me cuesta.

¿Por la vergüenza de sentirse ridículo? No, tengo bastante cara para el inglés. Yo me doy la alegría de equivocarme, porque, a veces, soy tan autoexigente que, en fin, aprendes del error. Pero bueno, mejorar el inglés y sacarme el carné de entrenador o director deportivo porque, al fin y al cabo, es un mundo nuevo. Le pasa a Puyi, yo hablo mucho con él y se queja: “Es que claro, no encuentras a veces lo que te llena. Nos gusta tanto jugar, que no te ubicas”.

Con aquella rivalidad Barça-Madrid dimos una imagen malísima”

Él, bien ubicado, siempre estaba. Yo quiero quedarme en el fútbol. Cruyff me dijo un día que lo más bonito en nuestra vida era jugar, pero que lo que más cerca quedaba de esa sensación era entrenar. Me gusta levantarme y saber que voy oler a césped, oír el toque de balón: es mi vida.

Dentro de 5 o 6 años, ¿a lo mejor estamos hablando del Barça de Xavi como hablábamos del de Guardiola? No lo sé, hombre, ojalá. Más en esta casa, lo que sea.

Por cierto, la casa de antes, me contó que medía 100 metros y, ¿en la que vive ahora? Pues… 180.

¿Un piso céntrico? Al lado del campo.

¿Va andando? No puedo, aunque si salgo a El Corte Inglés, con Nuria, mi mujer, o a la cabalgata de Reyes o si tengo que pasear por Tarrasa me pongo una gorrita y el 80% de la gente no me conoce.

¿180 metros? ¿Para qué más? Ahora, ¿no es usted el típico futbolista fantasmilla que necesita una mansión? No, bueno, oye, en la vida, ya sé, existe el tópico de futbolista, analfabeto y tonto, pues no es así. También hay gente que le gusta presumir, pero como en todo. Hasta existen políticos ostentosos y humildes.

Bueno, no me hable. Ya, por no entrar en otra cosa. Yo soy natural, no me gusta esconderme de nada. Cada uno, lo que necesite.

En 180 metros les cabe una cuna. Sí, sí, aunque todavía no, estoy muy bien ahora con mi mujer, muy bien, me case hace dos veranos. Nos conocemos desde los 17 años y hemos ido ahora sí, ahora no, ¿me entiendes? Y al final, ha surgido.

Usted que en fútbol se define como romántico: ¿lo es también en el amor? Sí, sí, lo soy, lo soy. Me superan muchos, pero aprecio la estabilidad, ser leal, sentirme bien.

¿Y tan tranquilo que pone nervioso a quienes le rodean? Hombre hay que dominarse, pero es que yo, en situaciones límite, los amigos me dicen: “Tío, ¿es que no te alteras por nada?”. Bueno, oye, la procesión va por dentro. Soy meditativo, voy pensando en cosas todo el día.

¿En qué? En todo, en la familia, en los amigos, en los pilares básicos. Y en el fútbol. Tres pilares.

Y en este país rodeado de sacaduros, ¿cómo se siente? Pues decepcionado. Ves que la corrupción que ha habido, hay y espérate…, das el voto y te llevas un chasco muy grande, la verdad.

¿Tanto como para que un día llegara a votar a Podemos, por ejemplo? (Resopla) Yo creo que España necesita un cambio. No sé cuál, pero lo necesita. Hemos pasado 30 años de un partido a otro, prácticamente, y te das cuenta de que nos han engañado.

Xavi Hernández

Tarrasa, 1980. Entró en el Barcelona con 11 años y allí ha vivido toda su carrera deportiva. Debutó en el primer equipo con Van Gaal (1998) y pronto tuvo que sustituir a Guardiola en su puesto. Precisamente, después, junto al entrenador catalán, Xavi organizaría desde el centro del campo al que ha sido considerado mejor equipo de la historia. Lo mismo que en la selección española. Debutó con Camacho, pero fue junto a Luis Aragonés y Del Bosque con quien pasaría a ser eje fundamental para ganar dos Eurocopas y un Mundial. Considerado el mejor jugador creativo del mundo cuatro años, junto al Barça ha ganado todos los títulos posibles, incluidas tres Champions y siete Ligas.

Usted que reivindica la nobleza y el estilo en el campo, ¿cómo los definiría? ¿Qué son? Más en un mundo donde también cuecen habas y en el que algunos futbolistas los llevan fondos de inversión. Sí, hay casos. Yo no me veo ahí, en esa tesitura, pero es que hay gente que viene de países con situaciones complicadas y les pueden engañar fácilmente: mira, firma aquí, que te voy a llevar a Europa. Pero con el 50%. Vente al paraíso… Y firman cualquier cosa. Los de aquí no lo necesitamos, para nada. En cuanto a la nobleza, lo que vi en casa, pero también he tenido la suerte de cruzarme con entrenadores muy leales. Mis formadores, Joan Vila en el Barça, mi padre futbolístico. Van Gaal, de los tíos más honestos que he visto en mi vida. Guardiola, Tito, Del Bosque, Luis Aragonés, una pasada… Podías pensar sin conocerle que era un ogro, pero te estaba ayudando, le llamabas para preguntarle qué tal estaba y te respondía: “Y qué quiere”. “No, no, míster es para ver cómo está”. “Sí, pero y qué quiere, por qué llama…”.

¿Es usted más bien empático, de los que llaman a la gente para ver cómo les va? Ahora soy más del WhatsApp este, todo el día. Me han criado así. Para los demás es una virtud, es la hostia, pero, para ti, casi que es un defecto porque estás sufriendo todo el rato por los demás. Mis padres, son así, mucho. Mi madre es un trozo de pan. Es lo más altruista que he visto en mi vida. La gallina y sus polluelos, vive por los demás, lo ha hecho toda la vida.

Y rarezas, ¿le quedan? Ir a buscar setas.

¡Hombre! Tampoco hay que preocuparse por eso. Ah, ¿no? Pues a mí me lo destacan como rareza, lo mismo que me llaman el jardinero, porque me empeño por ver cómo está el campo. El fútbol es el único deporte sin norma para la superficie. También soy muy cabezota y muy impaciente, las cosas se hacen ya. No quiero que se alarguen. He ido tanto a remolque de horarios que valoro el tiempo libre una barbaridad. Lo paso con mi mujer, ella es como yo, tranquila, parece caribeña, no se altera por nada, increíble. Me pongo más nervioso yo que ella, parsimoniosa, se toma su tiempo para el desayuno, es lo mejor, de verdad.

Ahora que caigo, y cambiando de tercio, lo del inglés me ha dado una pista: se va a Nueva York. A punto estuvimos este verano, fue Luis Enrique quien me convenció para que me quedara. Nos íbamos ya. Fue muy claro: si te lo mereces, vas a jugar. Pues como ha sido toda la vida, ¿no? Fue muy honesto.

Pero, a ver, llega aquí Luis Enrique, se encuentra con Xavi, ¿y no le trata como si fuera un igual? Me trata muy bien, muy bien. Con un respeto total. Me llama Pelopo. Me lo ha llamado toda la vida, cuando ju­gábamos juntos también, sí. Los compañeros de ahora me llaman Maqui, porque yo estoy todo el día: ¡máquina, máquina! Pero él, Pelopo, porque su generación me llamaba así.

Aun así, a él le fríen desde que perdió en el Bernabéu. Yo lo veo tranquilo, pero es que esto es el Barça, aquí te van a criticar. Esto en el vestuario lo hablamos; no hay que estar pendiente de los elogios ni de las críticas.

¿Vive ya de la gloria del pasado? No, no se puede vivir así, el fútbol es el presente. En cuanto al ego y a la tranquilidad personal, muy bien. Lo he ganado todo, ¿no? Pero sigo en tensión. Leo los periódicos deportivos todas las mañanas, sé que me voy a encontrar con críticas y me gusta afrontarlas. Sufro, me implico. No soy de esos que pasan. Pienso en qué podemos mejorar, cómo podemos conquistar a la gente.

¿Recuerda esa situación en la que usted debía sustituir a Guardiola en su posición y todo el mundo malmetía? Ahora estará usted viviéndolo desde el otro lado. ¿A quién ve con posibilidades? Estaba claro que usted iba a ser el hereu. Difícil, pero eso me condicionó a la hora de jugar, buscaba ser yo mismo y los demás me veían como el nuevo Guardiola. Perseguía la naturalidad. Decir yo ahora a quien veo como sustituto sería soberbio por mi parte. Miras en el Barça y los hay que pueden hacer carrera 10 años: Busquets, 26 años; Sergi Samper, Iniesta, Rafinha…

No debemos pensar que podemos ganar siempre”

¿Volverá Thiago? Lo veo difícil, una vez te has ido, volver, es difícil. Pero hay un nivel extraordinario y si miramos a la selección, vemos que el fútbol español ha crecido, pero a un estado fabuloso, porque nos lo hemos creído. Ya no existe el gafe ni la negatividad, ni excusas como el árbitro o los penaltis, lo que sea, nos lo hemos quitado. Tampoco debemos pensar que podemos ganar siempre.

Quien se supo retirar a tiempo fue Guardiola, del banquillo del Barça, me refiero. Nunca se sabe, a lo mejor se queda dos o tres años más y sale bien.

Decían que ya no se sentía con capacidad de motivar a quienes habían ganado todo. Jugar contra nosotros mismos, es decir, contra lo que habíamos conseguido en la etapa de Guardiola, es ya difícil de por sí. Pero la motivación nunca se pierde, yo estoy ilusionado. Me miro la clasificación, hago mis cábalas, me fijo en los contrarios, una quiniela mental, en plan pitoniso.

Pero ¿eso es estar motivado o ser perfeccionista? Las dos cosas. Y la plantilla también, yo les veo cómo entrenan, y a mí me gusta esta gente, tío.

Lo da el gen de La Masía. ¿Cómo fueron aquellos años? Yo no dormía allí, a veces me quedaba a comer. Tan intensamente no lo viví. Hablando con los internos, fue muy duro. Si yo tengo un crío, vivo en Huesca y mi hijo va a tener que pasar por eso, creo que no lo dejaría. Pero no en ésta, en ninguna.

¿No? Es difícil, lo arrancas de su ambiente, complicado para los padres también, eh, duro y eso que aquí te tratan como nadie, cuidado.

Usted, por ejemplo, de no haber llegado, ¿tenía un plan B? Yo es que soy muy cabezota, me obsesiono.

¿Como cuando Iker Casillas y usted se empeñaron en pacificar el ambiente tras aquellas tanganas Madrid-Barça en la época de Mourinho? Me llamó él diciendo que qué pasa. Yo le respondí: “¿Todo bien?”. Y él me saltó: “No, todo bien, no”. Nos soltamos de todo. Bueno, lo normal, ¿no? Pero al final convenimos en que no podía ser, que estábamos dando una imagen malísima, pena daba. Que trataríamos de calmar los ánimos, hablar con nuestros compañeros y tranquilizarnos. Era una imagen muy floja para el fútbol mundial, nos miran críos de todo el planeta. Se fijan en nosotros, en cada gesto. Lo mismo que se les antojan unas botas como las nuestras, podemos traspasarles ánimo de pelea, y eso no.

La rivalidad, pase, pero el rencor… Yo soy amigo de Iker, estamos en contacto. Nos felicitamos por los títulos. Todos queríamos ganar, pero no vale a cualquier precio. En eso todos fuimos culpables, cuidado, eh. No puedes decir que lo fuera sólo quien azuzara, porque al final, el gesto, la acción, lo haces tú, y no puede ser. Cada uno somos dueños de nuestros actos, y ahí estábamos actuando mal todos. Aparte de que después debíamos formar piña en la selección y en eso se posicionó muy bien Del Bosque para calmar todo.