La voz que reclama Palestina

Arab Idol, el concurso de cante televisivo, ha convertido a Mohamed Assaf en emisario de la ONU

El ganador de Arab Idol Mohamed Assaf en una foto de estudio. / mikel marin

Cuando Mohamed Assaf quiso presentarse al concurso de canto Arab Idol tardó dos días en obtener del grupo islamista Hamás el permiso para abandonar Gaza. Llegó tarde, no logró turno y se vio privado de entrar al hotel de El Cairo donde se celebraban las audiciones. Le dio igual. Allí no podía acabar su sueño. Saltó un muro, se coló en las pruebas y cantó en los pasillos, hasta que otro aspirante palestino, con menos dotes para el canto, reconoció el enorme talento de Assaf y le cedió su turno. El gazatí ganó el concurso y ha pasado de tener que superar barreras —las que le pone la vida a un joven palestino criado en un campo de refugiados— a verse resguardado por ellas. Una cohorte de guardaespaldas, mánagers, asistentes y empleados le parapeta hoy del mundo exterior en el hotel más lujoso de Ramala. Es uno de los peajes que debe pagar en la autovía de la fama a la que se acaba de incorporar.

Assaf, de 23 años, es más que un cantante. Es realmente un ídolo. Su faz aparece en carteles en las plazas de Ramala, Nablus y Belén. Los niños de la calle venden en los semáforos discos compactos con grabaciones de sus actuaciones. Se le conoce por el apodo el ruiseñor de Palestina o, como le bautizó uno de los jueces de Arab Idol, el cohete, por su chorro de voz y su energía sobre el escenario. La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados en la zona le ha nombrado embajador para la juventud y la Autoridad Palestina le ha elegido enviado especial para asuntos culturales y artísticos.

En la final entonó el himno de su pueblo sin país: ‘Levanta la kufiya’ (el pañuelo)

Palestina adora a Assaf. Sobre todo, desde el momento en que la hinchió de orgullo al entonar en la final del concurso, en junio, no un tema pop o una balada en inglés, sino la canción Levanta la kufiya (pañuelo palestino), de tono nacionalista, que habla del sufrimiento de su pueblo y las esperanzas que tiene depositadas en el futuro. Allí estaba, sobre un escenario de Beirut y ante todo el mundo árabe, un portento vocal cantándole un himno a un pueblo sin país. Era un mensaje claro: Assaf no es una estrella que se abstenga de hablar de asuntos políticos. “Me siento especialmente feliz cuando canto una canción palestina”, dice hoy. “Siento que representa más de 60 años de ocupación y la dureza de la situación de la ciudadanía palestina”.

Encontrarse con Assaf no es hoy tarea fácil. Su agenda está plagada de eventos. Un día canta para los jugadores del Barça, que están de visita oficial en la zona, y al siguiente viaja a Beirut para conocer a productores para un futuro disco. Su agente y responsable de seguridad cancela varios encuentros y ofrece una cita final a las 21.30 del domingo, en la suite del cantante en el hotel Grand Park de Ramala. El pasillo lo custodia un equipo de escoltas que inspecciona a los visitantes y obliga a apagar teléfonos móviles. En la puerta de la habitación espera un joven. “Soy una especie de amigo, más o menos”, dice. Quiere llevarle a cantar a Nablus. Peajes de la fama.

La Autoridad Palestina le ha elegido enviado especial cultural

Assaf nació en 1989 en Libia de padres palestinos y se crió en el campo de refugiados de Jan Yunis. Estudió periodismo y hasta hace dos meses se ganaba la vida cantando en bodas y banquetes en la Franja. “La vida en Gaza es muy dura. No exagero cuando digo que es muy difícil vivir allí, pero creo que finalmente querré volver, es mi hogar”, dice. Su voz es profunda, la de alguien mayor. Viste de forma impecable, de marcas que no se encuentran en Gaza. Extremadamente educado, nunca pierde una sonrisa que denota que no se acaba de creer lo que le está pasando. “Ni siquiera pensé que llegaría al escenario de Arab Idol”, dice.

El martes el Estado de Israel le dio permiso para mudarse definitivamente, junto a su hermana, cuñado y dos sobrinos, a Cisjordania, aunque pasa la mayor parte de su tiempo en Dubai. “Por la naturaleza de mi trabajo, tengo que ir a Emiratos frecuentemente, pero mi corazón está en Palestina. Donde quiera que voy siento que este es mi lugar y quiero estar aquí”, dice.

Se crió en un campo de refugiados, estudió periodismo y cantaba en bodas

Inconexas y con el Estado de Israel entre ellas, Gaza y Cisjordania formarían un Estado palestino de firmarse un acuerdo de paz definitivo. Están, sin embargo, divididas políticamente. La Franja la controla desde 2007 el grupo islamista Hamás, que no ve con buenos ojos los concursos occidentalizados como Arab Idol, donde hay mujeres que cantan canciones de amor sin ir cubiertas por el velo. Assaf ha aprovechado la prominencia que le ha dado el concurso para pedir la unidad del pueblo palestino. Su relación con Hamás es gélida. Donde se le ha visto a gusto es en Cisjordania, departiendo con el presidente palestino Mahmud Abbas o visitando la tumba de Yasir Arafat.

Assaf promete seguir siendo el mismo, pase lo que pase. “Viví una vida y una infancia difíciles, en circunstancias muy duras, y a pesar de esos momentos duros hubo cosas muy hermosas, que nunca olvidaré. El dinero y la fama no me van a cambiar”, dice. “Cuando la gente habla de mí, hablaba del palestino que ganó Arab Idol. Por eso quiero cantar por la independencia y por la libertad, después de lo que los palestinos hemos sufrido más de 60 años”.

El Estado de Israel le ha dado permiso para vivir en Cisjordania

Aún así, con su mudanza a Cisjordania, atrás quedan los campos de refugiados de Gaza, con sus desangeladas estructuras de hormigón y asfixiante masificación. La semana que viene comienza en Dubai una gira con el equipo de finalistas del programa, que le llevará a Egipto y Marruecos. Acaba de grabar un single y el tema central de una serie de televisión y el presidente de la FIFA, Sepp Blatter, le ha invitado a cantar en el mundial de fútbol de Brasil del año que viene.

De pequeño Assaf soñaba con ser cantante, pero no se atrevió a imaginar un éxito como el de ahora. Sus deseos se han visto colmados. Pero si se le pregunta por un sueño aún incumplido, cierra los ojos y, sin perder la sonrisa, dice: “Quiero que mi país sea libre para poder vivir y cantar en él. Es el sueño de todos los palestinos y soy hijo de este país. Queremos libertad y la independencia”.

 

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