EDITORIAL

Precaria ‘burbuja’

El fútbol español necesita con urgencia un plan para reducir deuda y fijar límites salariales

El caso de la inspección fiscal a Messi, a partir de la cual se le reclama una deuda de cuatro millones de euros, define con nitidez la extrema confusión que se ha apoderado del mercado futbolístico. Por una parte, los jugadores, convertidos en productos multipropiedad, fabrican instrumentos fiscales cada vez más enmarañados para eludir la presión de Hacienda, por si no fuera suficiente la fragmentación de los ingresos (salarios, bonus, derechos de imagen) que convierte la obligación fiscal de un futbolista de élite en un enigma para el fisco y para los propios socios que los pagan. Por otra, los clubes siguen acumulando deudas, hasta el punto de que el fútbol de Primera y Segunda División parece una actividad que amenaza ruina. Diecinueve equipos, de los 42 que componen ambas categorías, han pasado por concurso de acreedores, porcentaje que sería estremecedor en cualquier mercado.

A pesar de las precarias condiciones financieras del fútbol, los clubes españoles siguen viviendo en una burbuja. Dependen para sus ingresos de las aportaciones de los contratos televisivos (Barcelona y el Madrid se llevan gran parte del monto global), con unas cifras que no se justifican por el negocio real que generan en el mercado español. Asimismo, la facturación por asistencia (entradas, socios y abonados) cae año tras año. Aunque el negocio futbolístico está en crisis para muchos de ellos, los equipos siguen endeudándose para pagar fichajes y retribuciones millonarias. Con la excepción relativa del Madrid y del Barça, una mayoría de equipos vive al borde de la quiebra.

La burbuja futbolística está a punto de estallar. La quiebra del Salamanca, la ruina del Hércules, la dramática situación del Xerez o la exigencia perentoria de la UEFA a varios equipos españoles para que paguen sus deudas ratifican los peores temores. El fútbol español necesita un plan de consolidación para limpiar la deuda acumulada; una norma que impida el endeudamiento, sea con Hacienda, sea con otros proveedores; límites salariales y una prohibición expresa de que se intercambien favores inmobiliarios con las autoridades municipales. La pregunta es quién va a impulsar esta reforma para adecuar el negocio del fútbol a su verdadera realidad. La Federación Española no está capacitada, y el Secretario de Estado para el Deporte y la Liga Profesional no parecen haberse puesto a trabajar en serio para resolver el problema.

 

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