EDITORIAL

Egipto sigue bajo tutela

El presidente egipcio ha alumbrado un Gobierno sin los cambios decisivos prometidos

Más de un mes después de asumir nominalmente el poder de manos de la Junta Militar, el presidente egipcio, el islamista Mohamed Morsi, ha alumbrado un Gobierno sin los cambios decisivos prometidos y que dista de representar a las diferentes fuerzas del fracturado país árabe. El Gabinete, primero no interino tras la caída de Mubarak en 2011, que incluye a tres miembros de los Hermanos Musulmanes, mantiene en puestos clave a siete miembros del anterior, hecho por los militares, y su perfil es tan bajo y burocrático como el del propio primer ministro, el devoto Hisham Kandil. Una ministra cristiana representa a la hostigada comunidad que supone el 10% de la población y no hay cartera para los musulmanes salafistas, segundos más votados, ni tampoco para los jóvenes revolucionarios que mantuvieron viva en Tahrir la revuelta contra la dictadura.

Del primer Gobierno egipcio que puede reclamar algún origen democrático no cabe esperar que rompa el control que siguen ejerciendo los generales, pese a la celebración de elecciones parlamentarias y presidenciales. Mursi va a dirigir teóricamente un país en el que los militares —que disolvieron en junio, vía Tribunal Constitucional, el Parlamento dominado por los Hermanos Musulmanes— mantienen la autoridad legislativa y retienen el veto sobre aspectos decisivos, desde la redacción de la nueva Constitución hasta el control del Presupuesto y de su propio imperio económico. Todo ello sigue pasando por el mariscal Husein Tantawi, factotum de la Junta y titular de Defensa en el nuevo Gobierno. El mismo cargo que ha desempeñado desde hace más de 20 años.

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