Lochte, oro en ‘marketing’

El nadador estaba llamado desde hace meses a ser el hito mercadotécnico de los Juegos

Sus audaces estilismos y su conciencia estética fascinan a las marcas y revistas de moda

Le aburre hablar de natación y ha declarado que le gustaría convertirse en diseñador

El estadounidense Ryan Lochte llega a la primera sesión de entrenamiento / Barbara Walton (EFE)

Ryan Lochte tiene grandes rivales deportivos, pero no tantos en términos de moda. El nadador estadounidense estaba llamado desde hace meses a convertirse en el gran hito mercadotécnico de estos Juegos. Pese a las históricas marcas que su amigo y rival Michael Phelps tenía al alcance (y está logrando), Ryan Lochte, el chico de los ojos azules y rizos de oro, con aspecto de modelo de Abercrombie & Fitch tostado en las piscinas de Florida, aunaba el talento, el desparpajo y la imagen saludable y sexy —entre WASP y gamberro de barrio, si eso es posible— para pasar a la historia como el galán estrella de la cita olímpica celebrada en Londres, el epicentro del cool mundial.

Desde las revistas y el mundo de la moda, ciertamente, había ganas. La mujer más poderosa de la prensa del sector, la directora de Vogue USA, Anna Wintour, le obsequió con la portada de su revista en junio (es el cuarto hombre en la historia en conseguirlo, después de LeBron James, George Clooney y Richard Gere). Anteriormente, las firmas Ralph Lauren, Gillette y Speedo (que le diseña bañadores fosforitos estilo carnaval tinerfeño) ya se habían tirado en plancha, rendidas a sus encantos. Lochte, con 28 años, fue designado rostro oficioso del equipo olímpico estadounidense mucho antes de que este se presentara oficialmente.

Ahora, el nadador francés Yannick Agnel y el propio Phelps le disputan la gloria deportiva, pero la ventaja del neoyorquino en el terreno del marketing es incontestable. Descarado y con un leve deje tontorrón extrañamente encantador, Lochte lleva años declarando toda su fascinación heterosexual por los trapos y las tendencias. Algo que —acuérdense de David Beckham— genera orgasmos en los departamentos mercadotécnicos de la industria. “Me gustaría ser modelo. Fotográfico, nunca de pasarela. Y diseñar mi propia línea de ropa”, anunciaba el nadador en 2008. “Cada atleta top tiene su propia personalidad, a mí todo el mundo me pone la etiqueta de estrella del rock”, declara ahora Reezy —su mote estilo gueto— al portal Yahoo! Sports. “Supongo que sí tengo esa personalidad: así es más o menos cómo visto. Soy bastante sencillo en la elección de prendas, pero las aderezo con joyería, cadenas, relojes, collares de diamantes. Aún no tengo unos pantalones de cuero, pero quizá los compre después de los Juegos”.

El nadador olímpico estadounidense Ryan Lochte abandona la sesión de entrenamiento / Barbara Walton (EFE)

Le aburre hablar de natación. Le dedica demasiadas horas como para que monopolice sus conversaciones. Este atleta renacentista prefiere charlar de su afición al dibujo (tuitea garabatos de setas de aspecto alucinógeno), el break dance (una fractura de rodilla casi le aparta de la competición), la música (su grito de guerra registrado, “Jeah!”, que preside su línea de merchandising Reezy, se lo birló al rapero Young Jeezy) y, cómo no, la moda. Incluidas valoraciones estilísticas sobre sus rivales: “Michael Phelps es algo así como Superman, con colores más sólidos: rojo, blanco, azul. Sencillo, directo. En cambio, yo puedo vestir cualquier cosa. Como un traje completamente rosa. Si algo me gusta, me lo calzo. No tengo problemas”.

Ante la pregunta de quién viste mejor que él en la élite del deporte, asegura que quizá Dwyane Wade Jr., el jugador de baloncesto de los Miami Heat. Aunque Lochte, dueño de un Range Rover blanco bien fardón y 130 pares de zapatillas deportivas (algunas customizadas con alas de ángel del tamaño de su perimetro pectoral), se incluye, claro, en el puesto de honor. En línea con las uñas multicolor y multipedrería de su malograda compatriota Florence Griffith en los Juegos de Seúl de 1988, Lochte ha hecho de sus fundas dentales de diamantes con la bandera de Estados Unidos el accesorio trash del verano olímpico. El pasado sábado le advirtieron que si no se las quitaba no podía subir al podio a recoger medallas. Reezy obedeció, pero, tras colgarse el oro, tardó solo un minuto en volver a colocarse la dentadura para satisfacer a sus amadas cámaras.

Ryan Lochte con la medalla de oro que ganó el sábado 28 de julio en la prueba de los 400 metros mixtos, en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. / HANNIBAL HANSCHKE (EFE)

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