CARTAS AL DIRECTOR

Recortes: llueve sobre mojado

A los años de congelación de los salarios de los empleados públicos en pleno boom de la economía española han seguido, ya en la era Rajoy, las reducciones salariales y el aumento normativo de las horas de trabajo. Esta mañana nos hemos desayunado con el anuncio de que los funcionarios nos quedamos ahora sin la paga extra de Navidad, además de tener que hacer frente, como el resto de ciudadanos, a la subida del IVA. Yo ya me planteo cuales serán los efectos de estas nuevas medidas sobre mi plan de austeridad familiar que, a base de adelgazar el consumo para hacer frente a tanto recorte, está estrangulando la economía doméstica. Para empezar, en casa tendremos que suprimir el teléfono fijo, rescindir el contrato de suministro de gas, renegociar (de nuevo) o dar de baja los seguros habituales, y un etcétera aún por determinar. La cesta de la compra y el ocio ya los habíamos reducido a lo esencial, pero habrá que reinventar fórmulas aún más baratas.

Y en Navidad, sin paga extra, más de lo mismo. Aparte de desconsuelo y angustia, oír a nuestros gobernantes decir que sin dinamización de la economía ni aumento del consumo no habrá crecimiento económico ni salida de la crisis me produce desconfianza e indignación. Y miedo.— Francisco Pérez Sánchez. Naquera, Valencia.


Tengo 30 años y estoy hipotecado como muchos millones de ciudadanos de mi edad. Me gustaría que Mariano Rajoy, ya que yo no tengo asesores trabajando para mí, me explicase como una crisis que lleva cinco años afectando al consumo, se soluciona subiendo impuestos.

Por mi parte, y creo que no soy el único que piensa así, no voy a gastar más, simplemente aportaré menos a las arcas del IVA. Si hasta ahora he comprado filetes tres días a la semana, compraré dos y el tercero comere arroz (el comerciante va a ganar menos, otro que también va a bajar su consumo). No voy a cambiar el coche dentro de tres años, lo haré dentro de cinco. No voy a salir a cenar todos los fines de semana, invitaré a mis amigos a paella con el arroz que he comprado y nos lo pasaremos igual de bien en casa.

Sí compraré una cosa: volveré al calentador de butano, y recuperaré una cocina de gas del trastero de mis abuelos, porque no pienso consumir más luz de la necesaria después de las dos últimas subidas. No pienso aportar más dinero al Estado porque supondría, usando sus propias palabras, gastar por encima de mis posibilidades y sobre todo, porque ese dinero no se está empleando en la gente que lo está pasando peor que yo, que visto lo visto, me considero un privilegiado.— Santiago García Domínguez. Vigo, Pontevedra.


Si la política económica no reduce la pobreza sino que la aumenta; si no soluciona los problemas de los ciudadanos sino que los complica más; si no es capaz de garantizar que todos los ciudadanos puedan, por lo menos, disponer de educación, sanidad, comida, vestido y techo; si tenemos que pasar por la vergüenza de saber que cada vez hay más niños que van al colegio sin desayunar porque sólo hacen una comida al día... La política económica que se hace no sirve, hay que cambiarla.— Mª Jesús Canet González. Madrid.

 

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