EDITORIAL

Pulso en Egipto

El Constitucional desautoriza al presidente islamista frente al poder de los militares

El primer presidente civil e islamista elegido en unas elecciones libres en Egipto, Mohamed Morsi, y las Fuerzas Armadas están librando una pugna abierta por el poder que puede desembocar en un peligroso conflicto y en una vuelta atrás en los avances de la democracia.

Poco antes de las elecciones presidenciales que dieron la victoria a Morsi, el Tribunal Constitucional, basándose en un incumplimiento de la ley electoral, mandó disolver el Parlamento elegido unos meses antes, en el que dominaban los Hermanos Musulmanes. El autonombrado Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA) asumió entonces sin disimulo alguno el poder legislativo y se garantizó un control sobre la elaboración de la nueva Constitución y el nombramiento del ministro de Defensa. El pasado domingo y por decreto, Morsi decidió rehabilitar al disuelto Parlamento, lo que el poco independiente Constitucional volvió a tumbar ayer.

La Casa Blanca reaccionó con claridad al pedir el “respeto a los derechos democráticos”, aunque defendiendo que sean los propios egipcios los que decidan. EE UU es el mayor donante de ayuda a Egipto, incluida la militar. Obama parece entenderse con Morsi, mientras que el Pentágono apoya a los militares. La conciliación de los puntos de vista dispares en Washington requiere un acuerdo en El Cairo que no está garantizado, pero que es necesario.

Este es un país en el que no siempre parece lo que es, en una región en la que a menudo no todo es lo que parece. Hay rumores de negociación bajo cuerda entre Morsi y los militares, y en cualquier caso, ambas partes evitan la amenaza del uso de la violencia. Es necesaria una clarificación para que los egipcios, y las potencias de la región, sepan a qué atenerse. Egipto necesita estabilizar su política para asentar la democracia y recuperar una economía hundida.

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