Mi gran boda 'choni'

"Con señalar que Kiko Rivera y Jessica Bueno fueron los invitados más elegantes, está todo dicho. Eso es ir impactante a un evento y no los muermazos de Rafa Medina y Laura Vecino"

Jessica Bueno y Kiko Rivera en la boda de Tamara Gorro con el futbolista Ezequiel Garay. / GTRESONLINE

Entre el palo que me ha dado Hacienda por meterme a pregonera y que no me pagan la extra ni a tiros, estoy más tiesa que Tita hasta que coloque La esclusa en Christie’s. Y encima, lo único que puedo sacar a subasta es un carabinero de kilo y medio de un banquete de boda que mi suegra metió en formol de recuerdo. Una visionaria, la doña. Treinta años lo tuvo en un acuario de los chinos antes de que Damien Hirst pusiera de moda las naturalezas clínicamente muertas y lo trincara yo un día tonto. Total, que ahora que lo tenía apalabrado con él para su archivo, va y le planta Maia, su novia de toda la vida, y el niño terrible del arte británico no está para nadie.

Ay, el amor. Qué bonito mientras dura dura, que dicen los poetas. Yo en eso estoy más con mi colega de pupitre, el reportero-estrella y filósofo nihilista Jesús Rodríguez. ¿Matrimonio? Un año de fuego y el resto de cenizas. Pero la peña sigue pasando por el aro. Así viene la prensa rosa, hasta arriba de bodones. Una boda es una boda: vista una, vistas todas. Pero ni la hiperpija andaluza de Mercedes Domecq en Jerez, ni la italo-extremeña de Raquel Sánchez Silva en Sicilia, ni la superproducción de Carlos Baute y Astrid Klisans en El Escorial, qué menos. Para mí, el enlace de la semana es el de Tamara Gorro y Ezequiel Garay en Alcalá de Henares.

Con señalar que Kiko Rivera y Jessica Bueno fueron los invitados más elegantes, está todo dicho. Eso es ir impactante a un evento y no los muermazos de Rafa Medina y Laura Vecino. Jessi, con su tocado en plan paellera de Fairy cegándole el ojo izquierdo y su metro cúbico de pompón abullonado sobre el hombro derecho para hacer contrapeso, que bastante lumbago debe de tener la pobre con ese bombo. Kiko, con su terno marengo, su brillante cráneo y sus gafas de espejo dejando claro quién es el capo. Llámame fallera, pero yo estoy con ellos: el minimalismo está obsoleto. Por algo, en según qué círculos, Van der Rohe es un jugador del Ajax, y lo de menos es más, una oferta del Lidl.

En el convite estaba la flor y nata de la telerrealidad patria. Grandes hermanos, supervivientes, colaboradores de Sálvame de luxe y Diario, lo mejorcito de cada casa con Rosa Benito y su pamelón tipo avispero con avispas incluidas de reina madre. Una boda con todos sus avíos, y no esas cursiladas versallescas en las que no puede una ni gritar que vivan los novios, ni que le corten la liga, ni que se besen los camareros.

¿Que quiénes son los novios? A ti hay que explicártelo todo. Gorro se autodefine en su web –tamara-gorro.com, no te la pierdas– como “colaboradora de TV, celebrity, actriz, modelo y empresaria”. O sea, Miss Segovia 2008, dueña de una tienda en la periferia y extronista de Hombres, mujeres y viceversa. Y Garay es un defensa argentino del Benfica, el chiquillo, pero es su propia esposa quien lo pone en su sitio en su página: “Se enamoró de Tamara cuando militaba en el Racing, pero no fue hasta que fichó por el Real Madrid que logró conquistarla”, un respeto para la Gorro. Y me callo ya, que he tenido un déjà vu: las ubres de Belén Esteban en la portada de Interviú.

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