COLUMNA

‘Lebensraum’

Lo más fácil es echarle la culpa a Alemania. Mientras crece el paro, mientras se evaden capitales, mientras el deterioro de la calidad de vida de los ciudadanos agudiza el desmoronamiento de las instituciones

La orquesta sigue tocando, el capitán sonriendo, su primer oficial enviando mensajes de tranquilidad y los pasajeros celebrando los goles de su equipo mientras las sentinas del barco se llenan de agua. ¿Parece una escena antigua? Lo es. Mientras aquí y allí, políticos plastificados extienden el índice de las amenazas para advertir que la solución es Europa, Europa ha vuelto a ser el Lebensraum alemán, aquel imprescindible “espacio vital” al que Hitler recurrió, hace 70 años, como fuente de legitimidad para invadir el continente. Ahora no es la guerra, y sin embargo es la guerra. Alemania no invoca el aumento de su población, sino la necesidad de proteger las inversiones de sus bancos, pero el resultado es el mismo. Y las similitudes no terminan aquí.

Lo más fácil es echarle la culpa a Alemania. Mientras crece el paro, mientras se evaden capitales, mientras el deterioro de la calidad de vida de los ciudadanos agudiza el desmoronamiento de las instituciones, nada tan consolador, tan reconfortante como decir que Merkel es la culpable de todo. Eso también es antiguo, pero no tanto como la aterrorizada parálisis que sus socios nos venden a diario como equilibradas muestras de serenidad.

Ya sé que mucha gente piensa que la Historia es un pasatiempo ocioso, pero el caso es que, hace 70 años, las democracias europeas se ganaron la guerra a pulso, porque en lugar de combatir, optaron por apaciguar a Alemania. Primero entregaron España, después Checoslovaquia, más tarde Polonia. Mientras no lleguen hasta aquí, pensaban, en alguna frontera tendrá que pararse esto... Pero la naturaleza de la ambición es la insaciabilidad, y Hitler no se paró. Ningún regalo fue suficiente para dejarlo contento, y por eso, quienes se los ofrecieron resultaron tanto o más responsables que él de lo que ocurrió después. ¿Les suena de algo?

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