CARTAS AL DIRECTOR

Rafa Nadal en el séptimo cielo

Apenas terminaba el gran encuentro de tenis en París con la victoria de Nadal sobre Djokovic, cuando las cámaras de TV enfocaban la pancarta “Rafa Nadal en el 7º cielo”. Había conseguido el séptimo torneo de Roland Garros, superando todos los récords.

Enorme emoción. Grandes abrazos a su tío el entrenador, a sus padres y familiares, a su novia, y a su íntimo Pau Gasol uno prolongado. Ha sido un partido histórico con enorme calidad tenística que ha hecho disfrutar mucho a los amantes de este deporte.

Pero, en mi opinión, querría dejar constancia, por encima de todo, de la categoría humana de Rafa Nadal, —señor en la pista y fuera de la pista—, como comentó al final su colega Manolo Santana. Su amistad con los contrincantes es proverbial; su comportamiento en la pista ejemplar.

Fuera de la cancha sus declaraciones manifiestan siempre sencillez, humildad y mucho sentido común.

Nadal es un deportista que sabe ganar, cosa más difícil que saber perder. Es una persona de gran corazón que también sabe querer y unir. Desde que sus padres se han reconciliado tiene otra cara, sonríe más y juega mejor. Es un hombre que une no sólo a la familia, sino también a sus conciudadanos.

Sin ánimo de polemizar, su foto en la prensa ante la torre Eiffel con la “Copa de los mosqueteros” y la bandera española, es todo un gesto que pone de relieve su señorío.

¡Chapeau!— Rafael Campoamor.

 

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