Wembley asistió al primer gol de oro de la historia. En la final, Alemania se encontró con los sorprendentes checos liderados por Karel Poborsky y Vladimir Smicer. Los 90 minutos acabaron con empate a uno y el partido se fue a la prórroga. Oliver Bierhoff, comodín de la selección de Berti Vogts, sentenció el partido cuando apenas se llevaban cinco minutos del tiempo extra.
El delantero del Udinese remató a puerta, Tomas Rada desvió ligeramente el esférico y a Petr Kouba, el guardameta checo, se le escapó el balón, que acabó alojándose en el fondo de las mallas. Tras unos segundos de desconcierto, los checos se vinieron abajo y los alemanes se dieron cuenta de que habían conquistado su tercer título continental. Más que nadie en el palmarés del torneo.