LA CUARTA PÁGINA

Argelia: una primavera sin brotes nuevos

La persistencia de ciertas lagunas en el proceso electoral ha llevado a la UE a pedir que se publiquen los resultados completos a pesar de la positiva valoración inicial de organismos y observadores internacionales

RAQUEL MARÍN

Las autoridades habían prometido una primavera propiamente argelina, tranquila, sin sobresaltos ni violencias. En el cartel oficial de las elecciones, un árbol con la bandera argelina brota de una urna electoral, rodeado de un campo de flores. En Sétif, lugar de una terrible matanza colonial, el presidente Abdelaziz Buteflika llamó a votar masivamente el 8 de mayo, aprovechando los tres días de reflexión, al tiempo que anunciaba, para gran sorpresa, que “había llegado el final de su generación” y la hora de que “los jóvenes asumieran sus responsabilidades”.

Una serie de novedades animaban a creer en un cambio pacífico: la cuota femenina, la misión de observación de la UE, urnas transparentes en lugar de cartón, la supervisión judicial, la legalización de partidos, la reaparición del Frente de Fuerzas Socialistas FFS y de Yaballah, etc. Incluso las cifras de participación parecían creíbles a tenor de lo que el Observatorio político y electoral del mundo árabe y musulmán —OPEMAM— pudo observar en la wilaya de Argel el día de la votación. Había, por tanto, grandes expectativas de que la “primavera argelina” diera al menos un fruto, un panorama político renovado. Los principales partidos islamistas, oficialistas y de oposición, se preparaban para la victoria.

Sin embargo, los resultados, anunciados provisionalmente el 15 de mayo y corregidos ligeramente el 24, han sido decepcionantes. No ya por la victoria del Frente de Liberación Nacional (FLN), que podría resultar creíble de no ser porque se transforma en una supermayoría en manos de los dos partidos gubernamentales, el FLN y el Reagrupamiento Nacional Democrático (RND). El FLN pasa de 136 a 208 escaños que, junto a los 68 del RND, constituyen una cómoda mayoría absoluta que les permite prescindir de los islamistas en un parlamento de 462 escaños. El resto de fuerzas políticas se estanca o retrocede, a excepción contada del Frente de Fuerzas Socialistas (FFS), que reaparece después de 15 años de boicot y del partido de Abdellah Yaballah (Frente para la Justicia y el Desarrollo (FJD), oposición islamista). Logran escaño una veintena de pequeños partidos, la mitad de ellos recién legalizados y sin ninguna representatividad. Pierden peso los partidos de izquierda (Partido de los Trabajadores (PT) y FFS; 51 escaños ahora por 45 antes, contando los escaños que tenía el socialdemócrata RCD), así como la Alianza de una Argelia Verde (AAV), que reúne a tres partidos islamistas que respaldan al actual presidente de la República (49 escaños ahora por 59 antes). Este estancamiento es tanto más significativo cuanto que la Asamblea Nacional Popular posee ahora un 20% más de escaños.

Para los islamistas los resultados son ilógicos y están “en contradicción con la realidad política”

No es extraño, por tanto, que hayan sido los islamistas los que han denunciado con más fuerza estos resultados. La AAV, vencedora en la provincia de Argel, ha declarado que son “resultados ilógicos” que están “en contradicción con la realidad política”. Más aún, los integrantes de la AAV amenazan con no tomar posesión de sus escaños, al igual que una coalición de 14 pequeños partidos. Por su parte, dos líderes islamistas de oposición, Abdelmayid Menasra, del Frente del Cambio (FC), y Abdellah Yaballah, del Frente de Justicia y Desarrollo (FJD), han reaccionado con un tono más encendido. Menasra ha evocado el caso egipcio, mientras Yaballah, se ha referido a la revolución tunecina como única alternativa que queda ahora al pueblo argelino.

Pero no han sido los únicos. Los líderes de izquierda han protestado también, así como muchos de los pequeños partidos. Por ejemplo, Luiza Hanun, secretaria general del Partido de los Trabajadores (PT), ha arremetido contra los resultados que dicen han sido “modificados” en beneficio del FLN y que “son una provocación enorme contra la mayoría del pueblo”. Ni que decir tiene que el puñado de periódicos, partidos, sindicatos y movimientos ciudadanos que han llamado al boicot se sienten ahora vindicados.

Respuestas diametralmente opuestas vinieron de los partidos vencedores, las cancillerías extranjeras y las misiones oficiales de observación electoral, al frente de las cuales, la de la Unión Europea, presidida por el eurodiputado español Ignacio Salafranca (PPE). Para el ex presidente de la Asamblea, Abdelaziz Ziari y para Boudjemaa Haichur, líderes del FLN, la victoria del FLN refleja la respuesta del pueblo a la llamada de Abdelaziz Buteflika. Para el ministro del Interior, Uld Kablia, los argelinos han recurrido al voto “refugio útil” con el fin de preservar la estabilidad del país, en referencia a los convulsos comicios de 1991. El RND, segundo partido, silente durante varios días, celebró que estas “elecciones transparentes preserven la estabilidad de Argelia”. Su jefe de filas y primer ministro, Ahmed Uyahia, espera a saber si seguirá al frente o no del futuro Gobierno, prerrogativa presidencial.

Las cancillerías extranjeras han felicitado, todas sin excepción, a las autoridades argelinas. Estados Unidos y la UE han valorado, además, la entrada en el Parlamento argelino de 143 diputadas (un 31% del total), como consecuencia del sistema de cuotas. Por su parte, Francia aprueba la “nueva legislatura que se abre en Argelia”. Todos los diplomáticos han resaltado “el desarrollo pacífico y ordenado de los comicios”. Rusia ha ido más lejos afirmando que estas elecciones salvan a Argelia del “choque” de las primaveras árabes. Por su parte, la misión de la UE, expresó que los comicios son “un paso adelante en la vía de las reformas”. España, según un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores, seguirá apoyando a Argelia en su “senda reformista hacia una democracia plena”. A fin de cuentas, todos prefieren la estabilidad a cambios más profundos, como si hubieran tenido ya bastantes “primaveras árabes”. Incluso Catar y Túnez, partidarias de las revoluciones árabes, se dicen satisfechas con los resultados. La excepción, agradable aunque interesada, vino del ministro de Asuntos Exteriores turco, quien se atrevió a preguntar acertadamente al señor Salafranca por qué el Ministerio del Interior argelino no ofreció al día siguiente los resultados por provincia y por partido.

Internacionalmente se valora además la entrada en el Parlamento de 143 diputadas (31% del total)

Más allá de esas valoraciones conviene volver al análisis de la participación y los resultados. Las cifras de participación, como decíamos antes, son verosímiles, una vez añadidos los aproximados tres millones de electores que no figuran en el censo electoral por no haberse inscrito y que hubieran hecho descender la participación oficial (43,14%) hasta una cifra más real del 38%. La participación que OPEMAM estimó para los colegios observados en Argel fue del 28%, muy cercana a la participación oficial de esa provincia, 30,9%. La diferencia de unos 13 puntos entre la participación media nacional y la de la provincia de Argel se corresponde con una tendencia histórica y, por tanto, resulta creíble.

En cambio, los resultados se alejan de lo probable por varias razones. Argelia utiliza un sistema proporcional de circunscripciones medianas que difícilmente produce amplias mayorías como la obtenida por el FLN. En segundo lugar, el FLN es un partido desgarrado por una fuerte crisis interna, con un comité central cuya mayoría es contraria al secretario general, Abdelaziz Beljadem. En tercer lugar, el desgaste del poder, solo parece cebarse con el socio menor (islamista) del Gobierno, la Alianza Verde, mientras que premia a los dos principales partidos del Gobierno (FLN y RND). En cuarto lugar, parece extraño que el electorado islamista castigue la formación de la alianza, puesto que juntos han obtenido menos escaños que separados. Por último, el peso de la izquierda (FFS y PT) es seguramente mucho mayor. Recordemos que en 1991 el FFS ya había conseguido 25 escaños en una sola ronda, mientras que ahora recoge 27.

Aún dando por buenos los resultados, persisten ciertas lagunas en el proceso electoral. La no entrega del archivo electoral a la UE, la ausencia de partidos en el escrutinio provincial y nacional (sí, de magistrados), la deficiente comunicación de los resultados o la intervención del presidente para pedir el voto. Estas deficiencias proyectan una sombra sobre la nueva asamblea, investida el día 26 de mayo, que ha llevado a la UE a pedir la publicación de los resultados completos, un gesto de transparencia, tardío, pero que podría alejar las sospechas.

Rafael Bustos es profesor de la Universidad Complutense de Madrid y coordinador científico de OPEMAM.

 

 

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