China también tiene su Carla Bruni

Una popular estrella de la canción amenaza con eclipsar a su marido, el vicepresidente Xi Jinping, que se perfila como el futuro primer mandatario del país asiático

La cantante Peng Liyuan durante una actuación en Hong Kong, en 2006. / CORDON PRESS

Miyuki Hatoyama vestía vaqueros, escribía libros de cocina, era entusiasta de la macrobiótica, llegó a diseñar una falda con sacos de café hawaiano y puso la guinda cuando aseguró que había sido abducida por alienígenas que la habían transportado nada menos que hasta Venus.

No tendría mayor importancia si no fuese porque en 2009 fue primera dama de Japón durante el mandato del primer ministro Yukio Hatoyama. Su excéntrico carácter rompió con el tradicional aburrimiento de la encorsetada política nipona, y, aunque el paso de su marido por la cúpula directiva fue fugaz, Hatoyama acercó el poder a los ciudadanos y ha dejado una huella indeleble en su memoria.

 Ahora, parece que la archienemiga China no quiere ser menos. Pero sin tanta estridencia. Carla Bruni parece un ejemplo más adecuado. Así, Peng Liyuan (Shandong, 1962), cantante profesional del Ejército de Liberación Popular, que estudió el oficio durante 12 años y ha ido de gira a más de 50 países, tiene todas las cartas para convertirse en la próxima primera dama del país. Porque es esposa del actual vicepresidente chino, Xi Jinping (Shaanxi, 1953), hombre que probablemente se proclamará máximo mandatario tras el congreso que celebrará en octubre la cúpula del poder de la República Popular. Y como sucede con su homóloga francesa, también posee la capacidad de eclipsar a su marido. Hasta el punto de que muchos en China se atreven a bromear sobre la identidad de cada uno. “¿Quién es Xi Jinping? ¡Ah, sí, el marido de Peng Liyuan!”.

No es para menos. Dicen que durante la última visita de su marido a EEUU, Peng decidió quedarse en casa para no restarle protagonismo durante la entrevista que Xi mantuvo el día de San Valentín con Barack Obama. Porque, enfundada en un traje militar lleno de galones, Peng, que ya era famosa mucho antes de que el actual líder comunista escalara hacia lo alto del poder, se come el escenario y pone la piel de gallina con su voz. Sin duda, resulta mucho más atractiva que su marido en el telediario. De hecho, ha actuado ya en 28 de las galas de Año Nuevo que emite la cadena estatal CCTV-1, el programa más visto del mundo con más de 700 millones de espectadores.

No es de extrañar que muchos consideren que es al vicepresidente chino al que le ha venido bien contar con una mujer como Peng, y hay quienes van más allá y buscan analogías con la unión de Mao Zedong y la actriz Jiang Qing, precedente que ya queda muy lejano. Peng y Xi se conocieron en 1986, y durante el cortejo ella incluso lo puso a prueba. Temía que Xi buscase únicamente una chica guapa, así que decidió vestirse de la forma más desenfadada posible. Además, el padre de Peng le advirtió de que un oficial del Gobierno podría tratarla mal. Pero, en declaraciones a la prensa oficial china, ambos aseguran que en un primer momento supieron que estaban hechos el uno para el otro y se casaron un año después. Eso sí, no hubo tiempo para la luna de miel, porque Peng se fue de gira a América cuatro días después.

La pareja comparte también su amor hacia el país. Peng lo demuestra cantando, ya que se ha especializado en entonar piezas de la propaganda china, como Mi madre patria. De hecho, se afilió al Partido Comunista en 1985 y, aunque es una civil, ostenta un rango comparable al de general en el Ejército Popular de Liberación. Tal es su pasión por la patria que a su hija, nacida en 1992, Peng y Xi la llamaron Xi Mingze, que se puede traducir como “una buena persona para el país”.

Pero no importa que las letras que canta Peng estén desfasadas. Los chinos, sobre todo los de mediana edad, adoran su voz aguda y penetrante, y su perenne sonrisa. Por si fuera poco, la futura primera dama representa la belleza clásica china. Peng, además, es la primera persona que consiguió el título de máster en música tradicional étnica, y es profesora de la Universidad de Beijing. Para demostrar su buen corazón, tampoco ha dado la espalda a la solidaridad, y detenta el cargo de embajadora de buena voluntad de la Organización Mundial de la Salud. Sin duda, se avecina un gran cambio en la foto de familia del poder chino, en la que la mujer siempre quedaba en la sombra.

 

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Colaborador de EL PAÍS en Extremo Oriente

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