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Las autopsias de los ancianos de Vallecas confirman la tesis de violencia de género

No había denuncias por malos tratos.- Este caso eleva a 34 mujeres las asesinadas por violencia de género

Las autopsias realizadas en las últimas horas a Fructuosa López y Julián Romero, un matrimonio de septuagenarios cuyos cadáveres fueron localizados ayer en el barrio madrileño de Vallecas, confirman que es un caso de violencia de género. El hombre asestó varias puñaladas a su mujer y luego se suicidó, lo que confirma la tesis avanzada ayer por la policía. Fuentes de la Jefatura Superior de Policía de Madrid han precisado que no había antecedentes por malos tratos, ni denuncias ni órdenes de alejamiento. Ya son 34 mujeres las asesinadas en España por violencia de género.

Una hija del matrimonio, que vive cerca de la casa de sus padres, en la calle Pedro Laborde, halló ayer por la tarde los cadáveres en su domicilio y avisó a los servicios de emergencia. La mujer intentó abrir la puerta con unas llaves prestadas, pero algo al otro lado se lo impedía. Era el cadáver de su padre, sobre un charco de sangre, lo que bloqueaba la entrada. Más allá yacía muerta su madre. La pareja, que procedían de Castellar de Santiago, un pueblo de Ciudad Real, llevaba 50 años en ese piso.

Julián Romero, un antiguo revisor de autobuses de 71 años, tenía una puñalada en el corazón. Empuñaba en una mano un cuchillo. Fructuosa López, por su parte, presentaba cortes en los brazos, señal de que había intentado defenderse, y un profundo tajo en la nuca. Aunque los vecinos aseguraban que les habían oído gritar y discutir por la tarde, la policía cree que al menos llevaban 12 horas muertos por lo rígidos que estaban los cuerpos. Los investigadores, después de examinar el piso e inspeccionar la escena del crimen, ya sospechaban que se trata de un caso de violencia de género, tesis que ha ratificado la autopsia y las primeras investigaciones.

Sobre las siete y media de la tarde fue cuando la hija fue a hacerles la visita. Ella, tras mucho esfuerzo, logró abrir la puerta, y con lo primero que se encontró fue con los cadáveres. La mujer llamó a la Policía Municipal y después avisó a su hermano, un agente de la Guardia Civil que fue allí de inmediato. El Summa 112 también fue hasta el lugar pero no tenía nada que hacer. El Grupo de Homicidios se hizo cargo del caso. A las 22.20, mientras el juez de guardia ordenaba el levantamiento de los cadáveres, una multitud de gente del barrio se apostaba al otro lado del cordón policial que habían colocado en la calle. Los recordaban como una pareja normal y corriente.

El matrimonio vivía en el número 23 de la calle de Pedro Laborde desde hacía más de cincuenta años, donde se instalaron poco después de que se levantase el edificio. Fructuosa, madre de tres hijos, era ama de casa. Julián había trabajado como cobrador en los autobuses municipales, pero cuando se suprimió esa figura (los conductores pasaron a hacerse cargo del cobro del billete) pasó a trabajar en la ORA, lo que ahora se conoce como Servicio de Estacionamiento Regulado (SER). Su radio de acción era el barrio de Salamanca. Acostumbrada la gente a verle arriba y abajo, libreta de multas en mano, le apodaban El Apuntador.