El debate que quiso ser pacto

Los candidatos municipales se cruzaron ofertas de consenso para temas esenciales - El formato favoreció la discusión, pero los ataques y las defensas fueron previsibles - Los aspirantes criticaron las cuentas del alcalde, que respondió con política nacional

DANIEL VERDÚ | Madrid 10 MAY 2011 - 01:58 CET

A final de temporada, el empate le viene bien a muchos equipos para cumplir sus objetivos. Las formaciones rivales pelotean, crean alguna ocasión, pero no van a por el partido. A eso pareció que jugaban ayer en su primer debate electoral los tres candidatos a la alcaldía de Madrid: Alberto Ruiz-Gallardón (PP), Jaime Lissavetzky (PSOE) y Ángel Pérez (IU). Como ejemplo, los pactos que se ofrecieron continuamente, las exquisitas formas entre tres colegas que se conocen y se aprecian en lo personal, y la petición final de Gallardón: "Les necesito y tiene que haber momentos de unidad en torno a lo esencial". Lissavetzky asentía. Pérez había ofrecido otro pacto, por la financiación local, minutos antes.

Los ataques que se lanzaron fueron tan previsibles (deuda, contaminación, recortes en asuntos sociales...) que todos, especialmente el alcalde, traían estudiada perfectamente la respuesta. Asuntos más espinosos como la corrupción o la hipotética sucesión de Ana Botella si Gallardón se marcha con Mariano Rajoy ni se tocaron. ¿Anuncios? Sobre todo la idea de Lissavetzky de devolver a la Casa de la Villa el Ayuntamiento si gana.

Hubo debate, eso sí, que ya es mucho teniendo en cuenta la tediosa yuxtaposición de promesas celebrada la noche anterior entre los candidatos a la Comunidad de Madrid. Y se tocó mucho, especialmente y por razones obvias, el tema de la crisis y el desempleo por parte de Gallardón y Pérez.

Lissavetzky, nuevo en los debates ante los otros dos candidatos que participan en los plenos y en las anteriores elecciones, comenzó un poco nervioso. Tiró de deuda para romper el hielo: "Somos la capital con la deuda más alta. Cada madrileño debe tres veces más que un sevillano. Y la deuda le ha impedido pagar a los proveedores o no reducir las prestaciones sociales. La presión fiscal ha subido un 250%... Pero venimos a hablar de empleo y le ofrezco un pacto por Madrid".

Gallardón, como siempre, aludió a la deuda del estado. Una comparación tan recurrente como poco homogénea. Se lo recordó también el socialista.

Pérez se mantuvo en su sitio. Defendió a los trabajadores del Ayuntamiento y tiró de su habitual humor para preguntarle a Gallardón por qué piensa crear 150.000 empleos y no 140.000. "Juega al parchís contando y luego tirando los dados. Lo que le pido es que no destruya empleos", le soltó a Gallardón. "¿Sabe que hay 31 barrios con medias de paro superiores a la comunidad con un 25%?", insistió.

Luego, el socialista abrió el turno de promesas. Si gana, eliminará la tasa de basura y no aplicará la revisión catastral a las viviendas. Y ahí empezó la habitual y molesta guerra de gráficos en papel satinado. Gallardón sacó los de siempre (la exigua cantidad que el Ayuntamiento se queda de los impuestos que recauda). Lissavetzky los que se suponían (la alta presión fiscal de Madrid). Pérez, por suerte, decidió no entrar en ese juego.

Lissavetzky atacó la reforma de la M-30, pidió un carril bici, ensanchar las aceras en la Gran Vía y criticó el grado de implantación de la EMT. "Necesitamos un plan, una zona de bajas emisiones que restrinja el tráfico privado, y revisar la fiscalidad a los vehículos menos contaminantes. Esta iba a ser su legislatura del autobús, ¿lo sigue pensando?". Gallardón no respondió. Pero recurrió, cómo no, a los datos de kilómetros de metro construidos: más de 210 del PP por 14 del PSOE. Nadie le contestó que, en la etapa socialista en la Comunidad, había otras prioridades.

Y ahí Pérez, aunque no fuera exactamente el asunto, animó el debate y recurrió al gasto de Gallardón en Cibeles y en Madrid Río. "Son 900 millones de euros. Pero en 128 barrios solo han invertido 240 millones, la mitad que en Cibeles. Y no discutiré sobre lo bonito o feo que ha quedado, porque con ese precio solo faltaría que fuera feo".

¿Y la bici? El alcalde vendió su nuevo proyecto. Pero Lissavetzky, y no fue rebatido, le arrojó a la cara un 50% de incumplimiento en los carriles bici prometidos. Luego vino la contaminación y el polémico cambio de ubicación de las estaciones de medición. Gallardón se lo olía y blandió una carta de Medio Ambiente que, sorpresa, Lissavetzky había empollado. Tablas otra vez y ningún dato útil al elector indeciso.

Pérez centró sus propuestas de servicios sociales en la vivienda. "En Madrid hay vivienda de sobra, pero no dinero. Es un instrumento financiero, pero no un derecho social". El socialista volvió a la deuda y puso como ejemplo al Gobierno de España: "Los servicios sociales pagan los efectos del endeudamiento. No se ha cumplido ni una décima parte de lo que prometió". Pero de ahí salió trasquilado. "Mucha gente se sentirá poco confiada en usted defendiendo la política social del Gobierno, que ha subido impuestos indirectos, la luz un 44%, ha reducido un 67% el fondo de acogida a inmigrantes...", le contestó Gallardón. El candidato de IU demostró que patea la calle y señaló en rojo un centro de Alzheimer paralizado en Latina y un teatro inutilizado en Usera. Pero en el bloque de cultura patinó pidiendo explicaciones a Gallardón por los complejos de Príncipe Pío y del antiguo edificio de Tabacalera: son de los ministerios de Fomento y Cultura.

Los finales fueron elocuentes. En el descuento, los aspirantes se animaron a chutar a puerta. Pérez advirtió de que no hace pactos previos con nadie, se desmarcó del PSM y pidió más responsabilidad a los votantes. Lissavetzky desempolvó la imagen de un Madrid en obras. "Entre tanto cemento y obra el alcalde se ha olvidado de ustedes, los ciudadanos". Y Gallardón, muy seguro de sus posibilidades, dio las gracias a sus contrincantes y su palabra a los ciudadanos. "Si me comprometo a una cosa la cumplo. Y me comprometo a que esta ciudad genere 150.000 puestos de trabajo. Y lo voy a hacer con ustedes [a los otros candidatos]. Les necesito y tiene que haber momentos de unidad en torno a lo esencial".

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Alberto Ruiz Gallardón (PP), Jaime Lissavetzky (PSOE) y Ángel Pérez (IU), anoche. / EUROPA PRESS

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