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El problema de la calidad del aire

Ecologistas denuncia mañana a Gallardón por un delito contra el medio ambiente

La asociación acusará al alcalde y a Ana Botella de "no tomar las medidas necesarias" para frenar la contaminación y confía en que "prospere"

Ecologistas en Acción presentará mañana su anunciada denuncia contra el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, y contra la delegada de Medio Ambiente, Ana Botella, por "no tomar las medidas necesarias" para garantizar a los madrileños una calidad del aire si no buena, al menos que "cumpla los límites legales de contaminación". Un portavoz de la ONG ha detallado que los acusará de un "delito contra el medio ambiente", tipificado en el artículo 325 del Código Penal. "Confiamos en que la vía judicial prospere, si no, qué otro recurso nos queda", ha declarado el portavoz. El artículo 325 se refiere a "acciones que directa o indirectamente perjudiquen al medio ambiente" y, en este caso, será "por omisión", ya que consideran que el Consistorio no ha llevado a cabo planes que controlen o reduzcan la pertinaz boina negra de Madrid, agravada ahora por 10 días de anticiclón. La demanda la formalizarán mañana a las 11.00 en los juzgados de plaza de Castilla.

La estrategia que nunca se aplicó

¿Ha hecho algo por el aire el Ayuntamiento? Hace cinco años, presentó un ambicioso documento de 267 páginas que recogía todas las acciones relacionadas con la contaminación a las que se comprometía hasta 2010. Sin embargo, esta llamada Estrategia local de calidad del aire, que debía haber entrado en vigor en 2008, fue aplazada por Botella a 2010, que pasó sin novedades al respecto. Entre las medidas del documento, la más ambiciosa era la creación de "zonas de emisión baja", es decir, limitaciones de acceso a los vehículos más contaminantes a determinadas áreas del centro, entre ellos los paseos de Recoletos y Prado, las rondas, las calles de Bailén y Ferraz, el paseo de Pintor Rosales, Génova... Además, el alcalde planteó construir una red de aparcamientos disuasorios de los que nunca más se supo.

El año nuevo comenzó con Botella -que niega que la calidad del aire sea mala, en contra de los que opina la ministra del ramo, Rosa Aguilar- admitiendo que en 2010 la ciudad superó los límites legales de contaminación fijados por la UE. La media anual de dióxido de nitrógeno, un gas irritante de las vías respiratorias que producen principalmente los vehículos de motor, tiene que ser inferior a 40 microgramos por metro cúbico. Madrid, que ha pedido una moratoria a Bruselas, registró 44. El anticiclón que cubre la Península desde hace 10 días, sumado al ambiente preelectoral, ha hecho que la contaminación se sitúe en un primerísimo primer plano, no sólo en Madrid. Barcelona y Valencia están siendo investigadas también por el fiscal de Medio Ambiente, Antonio Vercher.

El año comenzó también con el cambio de algunas estaciones de medición a lugares menos contaminados y la supresión de otras, medida que el Consistorio justifica en la directiva europea. Sin embargo, Vercher considera que es un ardid para enmascarar la polución. Vercher mandó al Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil a que instalara sus propias estaciones en algunos de los lugares ignorados por el consistorio. El resultado, según Vercher, es que apenas se ha dado "una mejora de la calidad del aire", en contra de lo que aseguran Gallardón y Botella. Hasta la ministra Aguilar también reprendió a Madrid "por hacerse trampas al solitario".

El Ayuntamiento alega que no es cierto que en estos años no hayan tomado medidas. Sus portavoces, con el alcalde a la cabeza, citan en genérico "el impulso de las energías renovables" y "el fomento del transporte público". Hablan también del estacionamiento regulado, de los cargadores en superficie para coches eléctricos -una opción con mucho futuro pero poco presente- de la costosa reforma de la M-30 y de la peatonalización de calles como Fuencarral y la Red de San Luis.

¿Qué hacemos con los coches?

Gallardón no quiere ni oír hablar de limitar el tráfico. Alega razones económicas, pero a nadie se le escapa que es una medida que sería acogida con júbilo por los preocupados por el medio ambiente pero que sentaría fatal a gran parte de los ciudadanos en vísperas del 22-M. La asociación reclama el cierre al tráfico de algunas calles, entre otras medidas, ya que a su juicio, pedir a los ciudadanos que cojan menos el coche, como rezan los luminosos de la M-30 desde hace dos días, "no basta".

Consciente de que la calidad de aire es ahora un asunto central, el candidato socialista a la Alcaldía de Madrid, Jaime Lissavetzky, se ha comprometido a reducir la contaminación si gobierna. Para ello, "no hace falta inventar la pólvora", sino tomar ejemplo de los que están haciendo en el resto de las grandes ciudades europeas y aplicar las recetas clásicas: restringir el tráfico en aquellas zonas de la capital en las que se superen los límites recomendados, peatonalización de parte del saturado centro y aparcamientos disuasorios.

Tras la junta de Gobierno, informa Víctor López, Gallardón ha vuelto a cargar contra el Gobierno, a quien culpa del problema por fomentar fiscalmente la compra de vehículos diésel, que son los principales emisores de N02: escupen al aire hasta seis veces más partículas nocivas que los de gasolina. Gallardón ha dicho que hace más de un año que advirtió al Gobierno del "error" que estaba cometiendo, al tiempo que ha anunciado que su programa electoral incluirá la creación durante la próxima legislatura de nuevas áreas de prioridad residencial en el "centro, centro" de la ciudad, dentro del llamado "segundo cinturón" -el definido por las rondas al suroeste y los puentes y los túneles al noreste-. El alcalde no comprende "por qué se quiere hacer de este asunto un asunto electoral" y ha pedido que se aborde con "mucha serenidad, mucha tranquilidad y muchas transparencia informativa".

Un problema regional

Pero a Ecologistas no le preocupa solo del aire de Madrid, porque el problema se extiende al resto de la región. La asociación presentó ayer el informe La Calidad del Aire en la Comunidad de Madrid 2010, que adelantó el día anterior este periódico. El estudio concluye que Leganés y Coslada también superan los límites legales de contaminación establecidos por la UE. Leganés (a 11 kilómetros al suroeste de la capital y con 189.424 habitantes) registró una media anual de 44 microgramos por metro cúbico de dióxido de nitrógeno (NO2, un gas irritante producto del tráfico), igual que la ciudad de Madrid.

Coslada (al este y con 90.280 habitantes) sobrepasa aún más los límites y llega a 46 microgramos. El informe también denuncia que los altos índices de contaminación de Madrid elevan la mortalidad y los ingresos hospitalarios entre los ciudadanos en un 5%.

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