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El PP advierte a Mas de que su apoyo no será "gratis total"

En 1996, José María Aznar y Jordi Pujol firmaron el pacto del Majestic que abrió al popular la presidencia del Gobierno y una legislatura inmensamente plácida. Tres años más tarde, Pujol se cobró el favor y salió elegido presidente de la Generalitat con los 12 votos del PP. Pero en esa ocasión fue gratis total. El entonces líder de CiU se negó a firmar un acuerdo programático y le bastó una llamada de Aznar a Barcelona para poner firmes a los dirigentes catalanes.

Esa legislatura la vivió en carne y hueso Alicia Sánchez-Camacho y, a tenor de lo relatado ayer, no guarda gratos recuerdos: "Durante años dimos apoyo a CiU y se nos menospreció, primero por el pacto del Majestic y después con mayoría absoluta en el Gobierno español. Alberto Fernández, otros 10 diputados y yo hicimos presidente a Jordi Pujol y consejero de Economía y luego conseller en cap a Artur Mas sin nada a cambio". Y advirtió: "No estoy dispuesta a vivir una segunda experiencia".

La presidenciable popular puso, en un almuerzo organizado por El Periódico de Catalunya, las cartas sobre la mesa y bien visibles, al menos de palabra, para que tras el 28-N Artur Mas no se llame a engaño. "No apoyaré un gobierno de CiU a cambio de nada. Hoy y en el futuro el PP es partido de Gobierno y no estoy dispuesta a que mi voto sea papel mojado; al contrario, mi voto vale lo mismo que el de CiU o incluso más".

Sánchez-Camacho dio a entender que la última legislatura de Pujol fue lo más parecido a un vía crucis. "En 1999 no pedimos ni alfombras rojas, ni coches oficiales ni gobierno. Lo hicimos por la gobernabilidad y la estabilidad de Cataluña, y nunca se nos reconoció", comentó.

Si Mas necesita los votos populares, le costarán caro, insinuó. Y el precio pasará por anular la prohibición de las corridas de toros, libertad de elección de la lengua vehicular, la supresión de las multas lingüísticas y un plan anticrisis.