Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crisis de Gobierno

María Teresa Fernández de la Vega, una vicepresidenta para las grandes crisis

De la Vega ocupará un puesto en el Consejo de Estado, tras seis años y medio como mano derecha de Zapatero

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, trazó ayer en su mensaje de agradecimiento público a María Teresa Fernández de la Vega lo que para él ha significado la primera vicepresidenta de un Gobierno en España desde el restablecimiento de la democracia: "Dedicación, trabajo de día y de noche, coraje, entrega, lucha por los derechos y las libertades"; "va a dejar una huella imborrable en este país y entre todos nosotros", ha señalado con cierto regusto de nostalgia y de cierre de etapa.

De la Vega ha sido el valor más importante del presidente del Ejecutivo, su mano derecha, y una de las pocas piezas que permanecían en el puzle desde que el PSOE dibujó su primer Gabinete tras ganar las elecciones en 2004. La vicepresidenta se ha puesto al frente de todas las grandes crisis a las que ha tenido que enfrentarse el Ejecutivo desde entonces, aunque ya en la anterior remodelación del Gabinete se especuló sobre la posibilidad de su salida del Gobierno. No fue así. Al contrario. Asumió la Función Pública, departamento que dependía hasta entonces de Administraciones Públicas. Ha sido el portavoz del Ejecutivo que más tiempo ha ocupado este cargo en democracia. Entre los hitos de De la Vega también está el haber sido la primera mujer en presidir el Consejo de Ministros. Ocurrió el 18 de junio de 2004.

La vicepresidenta, que ha hecho gala de una gran determinación, se ha puesto al frente de situaciones muy delicadas: desde el incendio forestal de Guadalajara hasta pulir las asperezas en las relaciones con la Iglesia. Tras la negociación con el Vaticano en 2006 de los acuerdos sobre financiación y exención del IVA a la Iglesia, ha sido hasta ahora la interlocutora con la Santa Sede. También se ha encargado de los preparativos de las citas iberoamericanas y es promotora de las cumbres anuales de mujeres que se celebran desde 2006.

Trabajadora incansable

Las gestiones de la vicepresidenta, que es una trabajadora incansable, también han sido vitales para afrontar otras situaciones como la crisis de las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla en 2005, con avalanchas de inmigrantes que intentaban saltar al lado español o la oleada de llegada de sin papeles a Canarias, en 2006. Tres años más tarde se puso al frente de una comisión de coordinación sobre el secuestro por un grupo de piratas en el Índico del barco español Alakrana.

De la Vega ha destacado también en sus duras respuestas a la oposición en el Congreso de los Diputados. El presidente ha anunciado que ahora ocupará un puesto en el Consejo de Estado, órgano consultivo del Gobierno. Para ello tendrá que dejar su acta de diputada, ya que su próximo cargo y su escaño en el Congreso son incompatibles.

En estos más de seis años como vicepresidenta primera, ministra de Presidencia y portavoz del Ejecutivo ha acumulado mucho más poder del que inicialmente atesoraba. De 61 años y valenciana, fue elegida por el presidente del Gobierno para esas tareas por su capacidad de organización y por la seriedad, solvencia y dedicación al trabajo que ha acreditado, según sus propios compañeros, en las tareas que ha desempeñado tanto en el poder como en la oposición. En septiembre de 2009 tuvo que ser intervenida por una oclusión intestinal.

Su llegada al Ejecutivo se produjo tras una larga trayectoria política, de 20 años, y con una dilatada experiencia adquirida en la gestión de altos cargos, con Gobiernos socialistas, y en la labor de coordinación y elaboración de propuestas como secretaria general del Grupo Parlamentario Socialista desde 1998.

Sin carné del PSOE

Llegó a la política con el cambio que encabezó Felipe González y entró, sin carné del PSOE, en el Gobierno para materializar el cambio en el estilo de gobernar prometido por Zapatero. Gran conocedora del ámbito judicial, desarrolló su carrera profesional en la Administración de justicia -accedió a través del cuerpo de secretarios judiciales y llegó a magistrada de lo Social- antes de dedicarse plenamente a la política judicial.

Fue jefa de gabinete del ministro de Justicia Fernando Ledesma en el primer Gobierno de Felipe González, luego desempeñó la dirección general de Servicios del Ministerio de Justicia y más tarde ocupó una Secretaría de Estado en ese departamento, bajo las órdenes de Juan Alberto Belloch. Entre 1990 y 1995 formó parte del Consejo General del Poder Judicial.

Soltera, sin carné del PSOE y feminista, siempre ha mostrado gran sensibilidad hacia los asuntos sociales y un considerable temple para afrontar las numerosas situaciones conflictivas con las que le ha tocado bregar. Es autora de varios libros y ensayos: Incidencia de las quiebras y suspensiones de pagos en el proceso de ejecución laboral y La reforma de la jurisdicción laboral, entre otros.