Cuatro familias piden repatriar a las víctimas del tren

Los parientes tardarán días en recuperar los cuerpos de los muertos en Castelldefels

EL PAÍS Barcelona 28 JUN 2010 - 09:29 CET

Una vez obtenidas las identidades de las 12 víctimas mortales del siniestro de Castelldefels, donde un tren Alaris arrolló a un grupo de jóvenes en la noche de la verbena de Sant Joan, los forenses se emplearán las próximas semanas en la reconstrucción de los cuerpos, absolutamente mutilados por el impacto del convoy. Por este motivo, la consejera de Justicia, Montserrat Tura, ya advirtió el sábado de que esta tarea va a durar semanas, pues hay que confrontar el perfil genético de cada uno de los restos para poder agruparlos. Hasta entonces, el juez no podrá ordenar que se entreguen los cadáveres a los familiares para recibir sepultura. Al menos cuatro de ellos han solicitado que los cuerpos se repatríen a su lugar de origen: dos ecuatorianos, un colombiano y un boliviano.

A pesar de esta incertidumbre, el cónsul de Ecuador en Barcelona, Freddy Arellano, señaló ayer que la próxima semana se entregarán los cuerpos de las víctimas a sus familiares a pesar de la "lentitud" del proceso de reconstrucción. Un dato que el Departamento de Justicia, responsable del Instituto de Medicina Legal, puso en duda. También la cónsul de Colombia en Barcelona, Juana Díaz, confirmó este extremo. "Es muy pronto para hablar de repatriaciones de cadáveres, porque no les han entregado los restos a las familias, y creo que tardarán semanas. Y primero el juez debe autorizar la entrega y la repatriación".

El hecho de que haya un proceso judicial en marcha abre interrogantes sobre quién debe asumir el coste de las repatriaciones de los ataúdes, pues el coste es muy elevado. En muchas ocasiones se responsabiliza el Gobierno del país de origen, pues las familias no pueden asumir la factura. "Mientras no se aclaren los hechos, el Gobierno no tiene ninguna obligación y no hay pronunciamiento de la justicia. Pero, en cualquier caso, creo que es prematura especular sobre este asunto", concluyó la cónsul colombiana.

Arellano, por su parte, señaló que ha recibido el ofrecimiento de celebrar una misa en memoria de las víctimas en la catedral de Barcelona, en una fecha aún por determinar, para así llevar a cabo un acto conjunto al que podrían asistir las máximas autoridades. Ya se han organizado actos de homenaje y se han oficiado misas en las ciudades de residencia de los fallecidos, por ejemplo ayer en Sabadell, en Cornellà y en Santa Coloma de Gramenet.

Los 10 heridos en el accidente que permanecen hospitalizados evolucionan favorablemente y algunos han mejorado su cuadro clínico. Las dos mujeres ingresadas en Bellvitge pasaron ayer de estado grave a menos grave a pesar de sus múltiples traumatismos y fracturas de tibia y peroné.

"Déjenme dar una sepultura digna a mi niño en Bolivia, por favor"

El dolor por la tragedia en Castelldefels en la noche anterior al día de Sant Joan se expande más allá de las fronteras españolas debido al origen de las víctimas mortales del accidente ferroviario. Entre el tercer y el cuarto anillo que rodea Santa Cruz, considerada la capital económica de Bolivia, una familia lleva días organizando en una casa un confesado "velorio simbólico". Es la familia de Diego Erwin Gutiérrez Algarañar, un joven boliviano de 18 años que figura entre las 12 personas que murieron arrolladas por el tren Alaris que viajaba de Alicante a Barcelona en la fatídica noche.

"Por favor, por favor, por favor. Dígales que me traigan a mi niño, que me lo entreguen ya, que me dejen darle una sepultura digna como hacemos en este país, con una misa católica, no me importa que no esté arregladito, que me lo entreguen, por favor", suplica entre sollozos Delmira Arauz, en una conversación telefónica. Es la abuela de Diego.

Ella lo crió, recuerda, porque su hija Mary, la madre del chico, emigró a España cuando era pequeñito "para buscar oportunidades, como tanta otra gente". Mary se instaló en Barcelona con la idea de quedarse como mucho un par de años. Pero allí sigue, casi ocho más tarde. "Un día ella vino a Bolivia para llevárselo, para que estudiara en España. ¡Pero ha resultado que sin quererlo se lo llevó al horror!", exclama Delmira.

Un vecino de Dalmira le ha llevado un ejemplar de EL PAÍS en el que los amigos de Diego explican que el joven boliviano ayudó a su novia a subir al andén. "Fíjese, ya le llaman héroe, prefirió salvar a la chica", se emociona su abuela, que quiere convencer a su hija de que, una vez que repatríen el cuerpo, se quede a vivir en Bolivia con su segundo hijo, Mateo. "¡No quiero a nadie de mi familia viviendo en ese país. ¿Cómo podría vivir ahí con ese recuerdo?", se pregunta Delmira, sin dejar de llorar.

"Me han quitado lo más hermoso de mi vida", repite una y otra vez, mientras cuenta lo bien que jugaba Diego al fútbol y lo "estudioso, hermoso, cariñoso y bueno" que era.

Su hija Mary y sus nietos Diego y Mateo tenían previsto viajar a Santa Cruz la mañana siguiente a la noche de la tragedia. La joven víctima quiso celebrar su despedida con unos amigos y pasarlo bien en un concierto playero, pero nunca lo alcanzaría a escuchar.

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