La remodelación del Ejecutivo

Más peso político, Nueva Vía y algunas rectificaciones

Zapatero rectifica las líneas generales del Gobierno que formó hace menos de un año, en nombres, estructura y objetivos

FERNANDO GAREA Madrid 7 ABR 2009 - 14:49 CET

Zapatero ha rectificado las líneas generales del Gobierno que formó hace menos de un año, en nombres, en estructura y en objetivos. Lo primero porque el Gobierno que ha anunciado, con la presencia de Manuel Chaves, José Blanco y Trinidad Jiménez, tiene un peso político mucho más marcado que el anterior. Será la primera vez que los tres principales cargos del partido, el secretario general, el presidente y el vicesecretario general, están en el Gobierno. A eso se suma que Trinidad Jiménez procede también de ese aparato del partido y lo hace para encargarse de la política social.

En esa clave, Zapatero recupera lo que fue Nueva Vía, el grupo de diputados que le llevó a la Secretaría General del PSOE en 2000. Hace un año culminó la salida de todos con la de Jesús Caldera, después de las de Juan Fernando López Aguilar y Jordi Sevilla. Ahora incorpora a José Blanco y a Trinidad Jiménez, impulsores de aquel grupo en el año 2000. Además, Leire Pajín se queda a cargo del partido y será la voz del PSOE, porque Blanco ya hablará como ministro de Fomento.

Las rectificaciones en menos de un año vienen del reparto de competencias. Primero para que Asuntos Sociales no sea un apéndice de Educación como era hasta ahora, sino para que pase a Sanidad, ministerio con pocas competencias, y con una ministra muy activa políticamente. La aplicación de la Ley de Dependencia en momentos de crisis requería la rectificación.

Otra rectificación es la que se refiere a universidades. Hace un año, Zapatero lo unió a Ciencia y Tecnología y lo separó de Educación y ahora rectifica.

Las universidades, con los conflictos por la aplicación del Plan Bolonia, se han convertido en asunto político preferente y, por eso, Zapatero ha recurrido a un especialista, el rector Ángel Gabilondo, y lo ha vuelto a unir a Educación. Se queda en el Gobierno Cristina Garmendia, con muchas menos competencias, y con algunas disputas con Miguel Sebastián. Manuel Chaves puede ser algo así como lo que fue Rajoy en el primer Gobierno de Aznar. Es decir, el que coordine las relaciones con las comunidades y, en segundo término, con los partidos nacionalistas, cuyo apoyo depende de la resolución de sus peticiones. La geometría variable depende de los asuntos autonómicos y, a su vez, la estabilidad del Gobierno de la resolución de esos conflictos territoriales.

En aquel Gobierno de 1996, Rajoy coordinó el cumplimiento y desarrollo de los acuerdos con CiU y PNV que permitieron la investidura de Aznar. Todo el peso de esas negociaciones recaía hasta ahora en Fernández de la Vega, como responsable de las Relaciones con las Cortes, y en Alonso como portavoz parlamentario. Esa responsabilidad y también ese poder tendrá que recomponerse. Dos ejemplos: Coalición Canaria condiciona estos días su respaldo al Gobierno a planes específicos para Canarias, cuya negociación asumirá Chaves.

La organización territorial

ERC (Esquerra Republicana de Catalunya) pone tres condiciones que estarán ahora en manos de Chaves: financiación autonómica, gestión de aeropuertos y traspaso de cercanías. Y tendrá que gestionar la previsible sentencia interpretativa del Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña. En el papel de Elena Salgado, muchas cosas están por descubrir. Es reconocida por su energía y preparación, pero carece del liderazgo y proyección pública.

En la última encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) no la conoce el 51,2%. Es decir, los ciudadanos la conocen poco y eso tiene que ver con su escasa presencia pública. Salvo en el asunto de la ley del tabaco. En nota es la sexta mejor valorada por los españoles del actual Gobierno, con un 4.27 de nota. Se dice que Solbes y Vegara eran partidarios de empezar a asumir sacrificios ante la crisis que no toca fondo y Zapatero se resistía. Será significativo ver si Vegara, considerado como uno de los pesos pesados económicos, se mantiene en el Gobierno o si se va con Solbes. Sebastián no será vicepresidente, pero tampoco tendrá a Solbes.

Salgado tiene dos valedores fundamentales: Rubalcaba y José Enrique Serrano, jefe de Gabinete de Zapatero. La influencia de ambos crece. La mano del ministro del interior ya estuvo detrás de otros nombramientos. Salgado tiene también el respaldo del propio Solbes.

Zapatero nunca defrauda y siempre se guarda sorpresas. En este capítulo se incluyen los nombramientos de Ángeles González Sinde y Ángel Gabilondo. La primera sustituye a César Antonio Molina, con un perfil similar. De un escritor se pasa a una cineasta.

También sorprende que Zapatero, del que se conoce su tendencia a llenarlo todo y capacidad para actuar casi como ministro, se lleve a La Moncloa las competencias sobre el Deporte. Todo lo publicado desde el domingo se ha cumplido. Es decir, es la primera vez que las grandes líneas de una crisis de Gobierno se conocen dos días antes, con el presidente fuera de España y se mantienen sin confirmación oficial otros dos.

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