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sábado, 4 de febrero de 2012
Análisis:La batalla por el liderazgo del PSOE

El expresidente inicia sus memorias

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Aún está por contar con detalle lo sucedido la tarde-noche de mayo de 2010 en que España pudo ser intervenida por la UE. La primera pista la dio la repentina y clamorosa ausencia de José Luis Rodríguez Zapatero en un mitin en Barakaldo (Bizkaia), organizado por el PSE, y los resultados se conocieron a los pocos días con su dramática intervención en el Congreso, donde anunció un drástico recorte en el gasto social.

Ayer Zapatero, en su mitin de despedida como secretario general del PSOE durante 11 años, no podía menos que relatar este episodio porque marcó un antes y un después en su trayectoria como gobernante. En ese momento, en mayo de 2010, Zapatero empezó a hundirse en las encuestas al cortar el cordón umbilical que le unía al electorado progresista, como solía decir. Ayer dijo rotundamente que de no haber tomado las medidas que le hundieron electoralmente, y con él al PSOE, España habría sido intervenida.

Zapatero, al que su alejamiento de los focos estas semanas le ha permitido conocer mejor las preocupaciones y las críticas internas de su partido, ha tratado con esta explicación, en una especie de adelanto de sus memorias, de iniciar el relato de la estrepitosa derrota del PSOE en las elecciones municipales de mayo y las generales de noviembre de 2011. Ha liberado de cualquier responsabilidad a los alcaldes y a los gobernantes autonómicos de esa derrota y ha asumido la responsabilidad.

Ha vuelto a admitir que tardó en ver el alcance de la recesión, como la mayoría. También, la existencia de debilidades en la economía española, que le ha hecho más proclive a la crisis: el endeudamiento privado excesivo y su dependencia de sectores improductivos, como el ladrillo.

Pero le ha puesto límites a esa responsabilidad. Así, dijo que si no se hubiera desatado el descalabro en Wall Street en 2007 y de la deuda soberana en Europa en 2009, la crisis no hubiera adquirido el nivel que ha tenido en España. Tampoco aceptó las críticas de improvisación en la política económica, que ahora empieza a padecer también el Gobierno del PP. Alegó que afrontó la primera parte de la crisis con políticas keynesianas, el tan criticado plan E, siguiendo las pautas de la Unión Europea. Y también siguiendo pautas europeas, tras la suspensión de pagos de Grecia, se vio forzado a cambiar de política en mayo de 2010.

Recordó el difícil terreno de juego en que se ha movido: una oposición sin concesiones y una minoría parlamentaria. Su alegato terminó con la petición de reconocimiento ante la asamblea socialista, que se lo aceptó con una larga ovación, al resaltar que la guía de su actuación en la crisis ha sido evitar la intervención de España y mantener la cohesión social. Como corolario se reafirmó en que la única salida a la crisis está en profundizar en la unidad europea y adecuar la socialdemocracia a los nuevos retos.

A sabiendas de que, tras las derrotas electorales, el zapaterismo está cuestionado, resaltó la coherencia de su trayectoria al recordar que cuando ganó el 35º congreso, hace 11 años, lo hizo con un plan de ampliación de las libertades, de lanzamiento del cuarto pilar del Estado de bienestar, de ampliar la igualdad de géneros y de autonomía del PSOE.

Su alegato final fue un mensaje al propio congreso. Al resaltar su amistad con José Bono, al que derrotó en el 35º congreso, quiso decir a Rubalcaba y Chacón que, gane quien gane, debe contar con el otro. Un momento antes había reivindicado la oposición útil al Gobierno del PP. Su segunda seña de identidad como líder de la oposición de 2000 a 2004.

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