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lunes, 9 de enero de 2012
Entrevista:David Morin | Histórico sindicalista | Miradas sobre Madrid

"Con cinco millones de parados es difícil salir del agujero"

A los 83 años los recuerdos se amontonan en la mente y no siempre es sencillo seleccionar y seguir un orden de relato cronológico. Pero David Morin (1928) lo consigue y con una memoria privilegiada recuerda con todo detalle sus primeras relaciones con Madrid, eligiendo dos de sus principales viajes a la capital. Su primer relato se centra en la cita con Marcelino Camacho en 1964, organizada en clandestinidad por el Partido Comunista y a celebrarse en casa del histórico dirigente sindical. Sin embargo, la víspera, han detenido a Marcelino, y cuando Morin y otro compañero llegan al domicilio sin saber nada de la detención y como "hombres muy extraños", la mujer muestra ciertos recelos. Estos, poco a poco, se irán desvaneciendo porque la hermana del detenido se convence de que los recién llegados son de confianza y no policías. "Fui con un compañero de la Naval, José Mari Castañares, que se enfadó muchísimo diciendo en voz alta ¿Cómo pueden desconfiar de mí"?

"Los jóvenes trabajadores estaban obligados a afiliarse al frente de Juventudes"

"La tele me tenía un particular cariño, por la boina y por hablar con el cigarro en la boca"

"En 1947 el Gobierno vasco en el exilio convocó una huelga general"

"Hay personas que me resultan tremendamente antipáticas, como Aznar"

"Asustada por la huelga la oligarquía vizcaína pidió a Franco concesiones"

"El nacioalismo radical no está rodado políticamente, Se irá disolviendo como un azucarillo"

"Ser sindicalista suponía vivir entre la legalidad y la clandestinidad"

"Pasamos mucha hambre. Nos tocaba a once garbanzos cada uno"

Por entonces se habían iniciado los primeros pasos de CC OO en el País Vasco, mucho antes que en Madrid y que en ningún lugar de España. La primera Comisión Obrera Provincial se crea un año antes (1963) en la iglesia de La Aneja en el barrio bilbaíno de Uribarri. La mayoría de sus miembros son católicos, como Valeriano Gómez Lavín, Angel García, muchos de la HOAC, de JOC, algunos sin adscripción política y el único comunista, David Morin. La finalidad de esta primera cita en Madrid era "para conocerse" y empezar a preparar la organización de CC OO a nivel de España, después del inicio de esa experiencia en Euskadi. Morin ya tenía contactos con José Luis López de Lacalle, posteriormente asesinado por ETA, responsable en Gipuzkoa, (junto con José Unanue), y con el que se reunía en Eibar. En Madrid querían hacer lo mismo y "exportarlo" al resto del país. "Ser sindicalista, entonces, suponía vivir entre la legalidad y la clandestinidad, con reuniones secretas en los montes de las Encartaciones o en las sacristías de las iglesias "aliadas".

A los cuatro días, Marcelino Camacho sale de comisaria y conoce a David. "Mi relación con él fue muy buena, y estuvo varias veces en mi casa, hasta que muchos años más tarde se levantó "la veda" contra Tomás Tueros y contra mí. Mi mujer llegó a decirme que Marcelino fue quién me había castigado, porque si él no presta apoyo a nuestros oponentes en CC OO, estos no hubiesen podido apartarnos de la dirección". Durante años, con Camacho se entendió mejor a nivel político que a nivel sindical, porque, por ejemplo, tenían interpretaciones distintas de la historia de CC OO. Para Marcelino, el movimiento había nacido en la mina de La Camocha en Asturias, y para David en la huelga de 1947 convocada por el Gobierno vasco desde el exilio, y de gran trascendencia. "Entonces, en Bizkaia dominaba la oligarquía que era el alma del régimen, y esta se asustó pidiendo a Franco concesiones. ¿Y qué concesiones hizo Franco? La celebración del primero de Mayo que se convirtió en el día de "San José obrero", la de los Jurados de Empresa, y otra la de los convenios colectivos. Esas tres decisiones no se aplican hasta años más tarde, pero son concesiones, y eso lleva a que en torno a ellos se organice la clase trabajadora después de la huelga de 1947 que paralizó a las grandes empresas vizcaínas con más de veinte mil huelguistas ese 1 de mayo", apostilla.

Sin embargo, Morin no quiere eludir, su primer viaje a Madrid, mucho antes, cuando en 1948, y a sus veinte años, después de un largo recorrido al finalizar la Guerra Civil, que junto a su familia, le lleva a Asturias, al exilio en Francia, a Valladolid a cuidar toros de lidia en una finca, hasta que regresa definitivamente a Bibao en 1944 para trabajar en una cristalería. "Fueron años difíciles y pasamos mucha hambre. La comida estaba racionada, y los conté! nos tocaba a once garbanzos cada uno. Siento reconocerlo pero, a veces, tuvimos que robar comida para animales en los furgones de tren del muelle de Santurce". Más tarde, David trabaja en una empresa de Lamiako, Earle, "la Delta", y son tiempos del Frente de Juventudes al que todos los jóvenes trabajadores están obligados a afiliarse y pagar una cuota. Un año más tarde de la histórica huelga del Primero de Mayo, el joven David, nombrado a dedo, se ve obligado a trasladarse a Madrid a la Escuela de Capacitación Social. "¿Qué quería el régimen? Amaestrar a los futuros Jurados de Empresa. El frente de Juventudes nos llevó a la calle Azcona y allí estaba de administrador Villalobos, el padre de la exministra, al que le hicimos una huelga de hambre porque nos daban muy mal de comer. Sabemos que los vascos en eso exigimos siempre mucho. Y el que nos resolvió el conflicto fue Adolfo Suárez, entonces jefe del Frente de Juventudes. En aquella escuela quienes daban las clases eran militares. ¡Qué manda narices! Muy antiamericanos entonces, nos daban auténticos mítines y nos llevaban a lugares significativos del régimen como Brunete, a Ávila, a Toledo la imperial, y al Valle de Los Caídos. La mayoría de los que fuimos, más tarde, nos volvimos antifranquistas y algunos revolucionarios", recuerda con orgullo. Esa primera estancia madrileña en 1948 duró 45 días, y los jóvenes trabajadores regresaron a sus fábricas.

Posteriormente y en sus múltiples viajes a Madrid, David Morin, habitualmente, se alojaba en casa de una cuñada: "porque era muy difícil meterse en un hotel por la vigilancia policial continua, y así siempre contabas con una coartada familiar. Era muy duro, pero viéndolo con retrospectiva, también, algo divertido. ¡Hay que joderse lo que hemos hecho!". Todos esos viajes los hacían en tren, y a veces coincidía con Felipe González o Alfonso Guerra "que venían con la "chupa" de cuero a reunirse con Ramón Rubial, ambos representantes de las dos fuerzas determinantes en el socialismo; la vasca y la andaluza.

Durante la segunda mitad de la década de los años sesenta el PC de Euskadi descansa sobre una base eminentemente obrerista que se verá ampliada por su presencia dentro de CC OO, y entonces José Unanue, Tomás Tueros, y David Morin se convertirán en los dirigentes más significativos.

En aquella época, Morin, cuyo "nombre de guerra" es Miguel Goria, también forma parte del Comité Central del PC, y participa en la capital a diversas reuniones clandestinas, a las que llaman coordinadoras. En ellas conoce a gente de toda España: andaluces, catalanes, valencianos, vascos...como Julián Ariza, José Casado, y más tarde Eduardo Saborido, o Antoni Gutiérrez, y se organizan "las primeras acciones". Entre ellas la del 27 de octubre de 1967 con la llamada a la huelga general, que provoca nuevas detenciones. Estas reuniones se celebraban en distintos pisos, y algún chalé prestado por el Conde de Motrico, José María de Areilza, o por algún torero o artista conocidos. En esa época, Morin acumula cargos como el de Jurado de empresa de Beltrán y Casado, que fabricaba el Gogomobil y se hundió económicamente, y tras ganar las elecciones "verticales" llega a ser vicepresidente de la Junta Social Provincial del Metal, y miembro de la Comisión Nacional del Metal en Madrid. Allí, en 1965, conoce a Martin Villa, entonces uno de los responsables del sindicato vertical, y quien años más tarde se acordó de su apellido en el entierro de Fernando Mugica, asesinado por ETA. "Me ha tocado acudir a muchos funerales, entre ellos al de vuestro colega José María Portell". En Madrid estrecha sus relaciones con Julián Ariza, con Nicolas Sartorius, o con el cura Paco, Francisco García Salve, y se inician sus múltiples periplos por muchas cárceles españolas.

Entre 1964 y 1973 David Morin pasa temporadas en las prisiones de Larrinaga y Basauri (Bizkaia), la provincial de Vitoria, el penal de Burgos, Carabanchel, Córdoba, Sevilla, Huelva, Zaragoza y Soria. Recuerda con especial interés su primer traslado, -junto con Josu Ibarrola (hermano del pintor)-, a Madrid la víspera de Navidad cuando el furgón celular está a punto de caerse al río Duero con los dos reos esposados. Susto que se ve aliviado al poder celebrar la Nochebuena con los demás presos políticos de la Sexta galería de Carabanchel. "Condenado a seis años por pertenecer a CC OO y participar en la huelga de Bandas, me tiré tres años en preventivo y luego me llevaron a Soria para cumplir el resto. En una de las cinco huelgas de hambre coincidí con Lalo, el padre del lehendakari, Patxi López. Multados por participar en manifestaciones, muchas estudiantes pasaban días en Carabanchel en donde les organizábamos cursillos de marxismo. Entre ellos estuvo Barrionuevo. Teníamos algunos libros como el de Nikitin La nueva economía política o los de Afanasiev. ¡Hombre! era marxismo estalinista. Muchos de estos alumnos se convertirían en dirigentes políticos". Esta universidad era de tal trascendencia que el diario francés Le Monde llegó a titular: "En España todas las universidades cerradas menos la de Carabanchel".

Cuando muere Franco, en 1975, David Morin se encuentra en Paris porque el partido "le ha sacado de España" junto con Ramón Ormazabal, el líder del PC en Euskadi, con el que meses más tarde tendrá un enfrentamiento en vísperas del primer Congreso de CC OO en Barcelona. ("Ramón no quería que vaya yo, prefería a Mikel Camio").

En Paris se hospeda en casa de unos campesinos de Talavera cerca del aeropuerto de Orly. Iba todos los días a la DECO (Delegación de CC OO en el exterior) y allí conoce a los hijos de Santiago Carrillo, al excenetista Rozas, a Manolo Escobedo y a otros muchos exiliados. Pero antes de regresar definitivamente a Bilbao se traslada a Roma para participar en un multitudinario homenaje a Dolores Ibarruri, La Pasionaria.

Muchos años antes de este acto, David ya se había reunido en múltiples ocasiones con La Pasionaria y con Santiago Carrillo en Francia, como en el XVIII Congreso del PCE, que se celebró en Lille. "En esa ocasión estuve más de dos horas con Dolores. Era la mujer más encantadora del mundo. Se acordaba mucho de la Arboleda, de las Encartaciones, y conocía esa zona mejor que yo, extrañándose que yo no fuese más a menudo. Al final de la entrevista me preguntó: "Oye David, ¿cómo os lleváis con los socialistas y con los nacionalistas? Le contesté que personalmente en todos esos años no les había visto en primera línea durante el franquismo. Entonces, sonriéndose, me dijo: "no os preocupéis que cuando llegue la democracia si los veréis". "¡Vaya que si los vimos!".

Durante la Transición, y con ocasión de sus numerosos viajes a Madrid, David Morin mantiene múltiples contactos y relaciones con sus compañeros del sindicato como secretario general de CC OO de Bizkaia y con el partido, al ser miembro de su Comisión Ejecutiva. "Iba a todas las reuniones. A mí la televisión me tenía un particular cariño por la boina. Siempre me sacaban por la boina y por mi habilidad de hablar con el cigarrillo en la boca".

Sus encuentros con Felipe González fueron anteriores a su presidencia del Gobierno y con José María Aznar no tuvo ninguna oportunidad. "Hay personas que me resultan tremendamente antipáticas, y una de ellas es Aznar. Lo de la Guerra de Irak no se lo perdono. Me ha hecho manifestarme muchas veces".

En cuanto a José Luis Rodríguez Zapatero afirma que "es natural que se llegase a este deterioro porque la crisis es muy aguda, pero no es obra suya, ni de Merkel, ni de Sarkozy que son los que, también, van a caer. Si algún presidente ha sido socialista, no socialdemócrata, ese es Zapatero, y, más allá de la crisis, él ha permitido ensanchar las libertades en este país. Con cinco millones de parados era muy difícil salir del agujero". David añade que, como conocedor de la historia del líder socialista Facundo Perezagua, cree que el PSOE ya no va jugar el papel de rebelde. Sin embargo, sí recuerda que un día le dijo al lehendakari López que su partido debía ser un partido de gobierno y de lucha. "No se entiende una izquierda sin lucha, y si se hubiera enseñado los dientes a los mercados en toda Europa, lo más seguro es que en este momento estaríamos en otra situación", afirma algo vehemente.

-¿Y cuál va a ser el papel de los sindicatos?

-"No va a quedar más remedio que luchar y movilizarse, porque algunos no quieren dejar ni el menor resquicio a los estados de bienestar, aunque antes fueron muy complacientes al ayudar a crearlos. ¿Frente a eso que se puede hacer? Luchar y salir a la calle, no veo muchas otras alternativas. En el mundo se va a producir un gran cambio, una gran revolución, pero con formas completamente distintas. Lo de los países árabes que luchan para conseguir su libertad, es un ejemplo importantísimo".

-Hablando de libertad, ¿cómo ve el tema de ETA?

-"Lo veo finiquitado. No sé cuándo se va atrever a decir que se disuelve? Dejar, ya lo ha hecho, porque cuando dices que ya no vas a matar es que has claudicado. Ahora, no lo van a decir así, pero el avance es importante aunque no hayan tomado la decisión última. Es posible que un día digan que dada las circunstancias políticas de este país hemos decidido desaparecer".

- ¿Y cómo interpreta que hayan tenido los resultados del 20N, porque la historia de ETA no deja de ser un fracaso político, a parte del daño causado y el tema de las víctimas?

-"Esta gente siempre ha tenido voto y apoyo social, porque aquí el cuento de Sabino Arana no se lo creyeron del todo los nacionalistas del PNV, pero sí los radicales. Eso del independentismo, de que esto no es España, etc. ha calado en determinadas sensibilidades y en mucha gente y es la que les vota. Pero eso se va a ir disolviendo como un azucarillo en un vaso de agua. Me refiero al nacionalismo radical no al democrático. Todavía no están rodados políticamente. Lo estaban para apoyar a los que mataban, pero no para gobernar. Y eso a lo último, ya sabemos lo que pasa, y es que la gente deja de votar cuando no se cumple con las leyes de la democracia. Sí, primero tendrán que aprender a ser demócratas. Pero vuelvo a lo de antes. Para mí lo fundamental es que desaparezca ETA porque si lo hace estos ya están sin padre, sin padre espiritual. Si esto ocurre va a ser todo mucho más fácil. No descarto que puedan ser los aliados de mañana, como lo es hoy en día el Partido Popular".

David Morin, en una muestra sobre carteles de la Transición. / T. BERRUEZO

David Morin, con su inseparable boina, aparece junto a Santiago Carrillo.

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