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jueves, 22 de diciembre de 2011
Reportaje:

Piernas de vértigo, fantasía erótica

El cabaré parisiense Crazy Horse debuta en Madrid con un espectáculo óptico

Como para festejar que ya no existe el Ministerio de Cultura y que entramos en otra época dinástica en cuanto eso, cultura, en los Teatros del Canal se han esmerado en montar en su sala verde una réplica de las proporciones de la sala de fiestas de París que aloja el Crazy Horse (en su origen mítico Crazy Horse Saloon o del Caballo Loco, aunque del original líder indio lakota norteamericano solo quedan algunas plumas de colores, aquí señaladas por haces de luz, pelucas y cristales facetados). Es el Crazy Horse un emblema dentro de los cabarés parisinos capaces de acumular sus propias leyendas tan urbanas como secretas, tan impropias como llenas de seducción.

Desde un principio, destacó por su carácter poco convencional, siempre ligado a una estética refinada y con pretensiones ocasionales de foco vanguardista, como el op-art. Su fundador ya en 1951, Alain Bernardin, quería desmarcarse de otros lujos más estandarizados en el Paris nocturno. Para ello, se empeñó en un juego de luces caleidoscópico que resaltara las formas femeninas, tan sofisticado, que hacía ver lo que realmente sólo se sugería, aunque hoy ya se ve prácticamente todo, con detalles como el rasurado púbico, a medio camino entre el parterre inglés y el bigotito hitleriano.

El plato fuerte del espectáculo fue siempre la selección de sus bailarinas

Las nuevas coreografías son de Philippe Decouflé que quiso ser payaso

Y su plato fuerte siempre ha sido la selección de su grupo de bailarinas, esa tropa ligeramente uniforme, o que da la idea de homogeneidad, pero que contiene bellezas distintivas para muchos gustos diferentes, las que serían recordadas además por sus nalgas y sus delanteras, por sus imaginativos y sugerentes nombres, algo que parecía formar parte de su talento y exposición: como Rita Cadillac, Diva Terminus o Lova Moor, tres históricas que han parecido en más de una novela negra y cuya fama no parece ser olvidada en la barra acharolada. Ahora los nombres son Lila Magnetic o Taina de las Bermudas; la primera se explaya en un sofá daliniano y la segunda se desespera y se desnuda con la caída de la bolsa, una muestra de severo compromiso con los tiempos que corren.

En la historia de los escenarios de Crazy Horse recientemente se desató las cintas de su corsé la vedette más actual y mediática del nuevo burlesque: Dita Von Teese, una personalidad tan revulsiva que se dice ha también marcado estilo allí, un antes y un después de sus actuaciones sicalípticas. Pero Dita enseña bastante menos que estas potentes vedettes de hoy.

Las nuevas coreografías son de Philippe Decouflé (París, 1961), cuya biografía particular ya justifica que se apasionara con la idea de recrear el universo del Crazy Horse. Cuando era adolescente, quería ser payaso, y entró en la Escuela Nacional de Circo de donde pasó a la escuela de mimo de Marcel Marceau. A los 18 años, llamó la atención de Alvin Nikolais en Angers y se lo lleva a su compañía y sucesivamente baila para Regine Chopinot y Karole Armitage y su primera coreografía premiada de 1983 se llamó Vague Café. Su última gran obra tuvo título español: Sombrero (2006). Ahora se lo ha quitado ante estas mujeres y vuelve a sus orígenes de luz, color, cuerpo e imaginación.

El cabaré parisino Crazy Horse en los teatros del Canal. / CRISTÓBAL MANUEL

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