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Reportaje:

Astros del peón

El colegio de A Capela se convierte en una gran reserva de juegos tradicionales

En A Capela, los niños juegan más con las canicas que con los Gormitis o las Monster High y el brilé no les suena a chino. Hay escolares que ya se han licenciado en girar la peonza en todo tipo de superficies, dominan el futbolín, arrasan en los bolos y juegan a la llave con la soltura de un jubilado. El patio del recreo del CEIP Mosteiro de Caaveiro es un mosaico de tiza y colores que dan forma a un gigantesco tablero al aire libre repartido en tres zonas donde se puede jugar a 25 disciplinas tradicionales diferentes. Cuando diluvia, los alumnos se cobijan bajo techo en el pabellón y se reparten entre el futbolín, las carrilanas o una bolera manual que rescataron de un bar que se deshacía de ella y pensaba tirarla.

La escuela tiene un museo donde se exhibe la vieja bici de Álvaro Pino

La mayor colección de juguetes africanos de España se podrá visitar en febrero

El aro, la billarda, las bolas, los bolos, botar la china, las carreras de sacos, las cuatro esquinas, las chapas, la llave, el peón, el paño, la cuerda, la goma, el clavo, las lombas, la mariola, los pelouros, los pies, la pita ciega, la porca, la rana, tiro de cuerda, tres en raya, los zancos, la zorregada y el brilé son los 25 juegos infantiles que el colegio capelán ha reunido en una guía que explica las reglas que sus 97 alumnos de 3 a 12 años saben de carrerilla y enseñan a los recién llegados.

Todo el colegio de A Capela, un pequeño municipio rural de 59 kilómetros cuadrados a medio camino entre Ferrol y As Pontes, se ha transformado en Centro de Interpretación de Xogos Tradicionais que han bautizado como Brinquedos, con epicentro en la parroquia de As Neves. Los pasillos y zonas comunes de la escuela, construida en 1979, son la sala de exposiciones de su particular museo del juguete, Brinco, pequeño pero ambicioso.

En la planta baja han colocado decenas de patinetes, carrilanas, aros y varios juegos de llaves y bolos junto una colección de peonzas del mundo con piezas de varios continentes que alumnos y profesores se han acostumbrado a coleccionar en sus viajes. También han dispuesto una sección de "enredos musicales", donde acumulan silbatos, carracas y todo tipo de artilugios artesanales para hacer ruido.

Como el museo se les quedaba pequeño, están reordenando el primer piso para exponer los juguetes industriales (muñecas, antiguos juegos de mesa...) y preparan una exposición de juguetes africanos para febrero con piezas de la mayor colección que hay en España cedidas por un particular.

La mayoría de los objetos han sido donados por los niños y sus familias y entre los artilugios expuestos hay algunas piezas codiciadas por los coleccionistas de juguetes al estilo Toy Story. Uno de los "tesoros" que se guarda el museo capelán es la vieja bicicleta con la que un desconocido Álvaro Pino se proclamó campeón gallego de ciclismo y que su hermano regaló al centro.

Detrás de esta iniciativa para fomentar el juego tradicional frente a los costosos ingenios mecánicos y electrónicos que desbordan las cartas de Reyes está un equipo de 12 profesores que se han empeñado en que los niños sepan y puedan jugar a lo mismo que sus abuelos. Xabier López García, coordinador del proyecto, explica que buena parte de la plantilla docente lleva años acomodada en el mismo centro y esto les ha permitido tener el arraigo y el compromiso necesario para poner en marcha un proyecto educativo y lúdico que se remonta al curso 2005-2006 y que han sacado adelante sin más ayuda que su propio entusiasmo, a excepción de una pequeña aportación de la Consellería de Educación para editar la guía de Xogos de sempre. Su empeño ya les ha valido varios premios como el Educacompostela a la innovación pedagógica.

Uno de los mensajes que más repiten desde el CEIP de A Capela es que jugar no es una pérdida de tiempo ni un entretenimiento inútil. "Es una necesidad vital y una forma de aprendizaje imprescindible que desarrolla la imaginación y favorece la socialización", asegura López. Los juegos tradicionales, añade, tienen otro plus: transmiten la cultura de un país, educan en valores y fomentan las relaciones entre generaciones. Este maestro veterano considera que una de sus "obligaciones" es enseñar a jugar y ofrecerles a los niños herramientas imaginativas para ocupar su tiempo de ocio dentro y fuera del horario lectivo.

"La mejor jugadora de bolos del colegio ha sido una niña menuda y hay auténticos fenómenos bailando el peón capaces de cosas increíbles", presume el coordinador, que enseña a los alumnos a construir y decorar sus propios juguetes en los talleres de artes plásticas.

Este colegio público es pionero en la recuperación de los juegos tradicionales y tira de Briquedia, la Rede Galega de Xogo Tradicional. El pasado 11 de noviembre, Brinquedia puso a 6.000 escolares de 26 centros gallegos a bailar el trompo en el VII Día del Peón, van por las IV Jornadas de Xogos Tradicionais y trabajan en contacto con asociaciones similares de Cataluña y Baleares. En A Capela incluso han celebrado la primera edición de los Xogos Galaico-Portugueses.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de diciembre de 2011