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viernes, 2 de diciembre de 2011
Análisis:EL ACENTO

El tranvía de la discordia

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Corría el año 2004 cuando un alcalde llamado Tomás Gómez tuvo una visión: convertiría su ciudad, Parla, en un ejemplo de urbanismo y transporte limpio. Esto último lo lograría sustituyendo las líneas de autobuses por un moderno tranvía que conectaría todos los barrios de la urbe con la estación de cercanías. El tranvía se convirtió en el fondo fijo de las fotos de Gómez y también en el símbolo de su gestión. En 2007 revalidó su puesto con el 74,43% de los votos. Fue el alcalde más votado de España.

Este martes, el tranvía de Parla dejó de andar. El Ayuntamiento le debe a la empresa que lo explota y lo mantiene casi 50 millones y esta ha dicho que hasta aquí hemos llegado. Tras las negociaciones se logró que ayer por la tarde volviera a circular, pero no hay dinero y los sueños de grandeza del socialista Gómez han resultado ser un regalo envenenado para Parla, municipio de 120.000 habitantes al sureste de Madrid, cuyo tranvía es deficitario y se lleva una parte no pequeña del presupuesto municipal.

Pero esta historia tiene más aristas que el despilfarro y la manida crisis. Ya desde el principio, este municipio tan socialista tuvo que vérselas con la Administración autonómica, en manos de Esperanza Aguirre y de la entonces consejera de Transportes, una tal María Dolores de Cospedal, que en 2005 ya le ponía reparos al proyecto de Gómez negándose, según este, a aportar los 18,9 millones que costaban los vagones. Tomás Gómez, tras su fulgurante éxito electoral, se convirtió en el secretario general de los socialistas de Madrid. Es el líder, por tanto, de la oposición y ya no es alcalde de Parla, sino la piedra en el zapato de Aguirre.

El alcalde de Parla, el también socialista José María Fraile, se ha encerrado esta semana en la sede del Gobierno regional para exigir que cumpla sus deberes financieros con el tranvía. El Ejecutivo de Aguirre se encoge de hombros. No es un transporte interurbano, dice. Es un problema de Parla. Fraile alega que la ciudad quedó al margen del tren ligero y las líneas de metro. Cierto, pero Parla lideró un proyecto cuyo coste se disparó hasta los 129 millones y dio alas a Gómez, según el cual el tranvía crearía "nuevos espacios de convivencia".

No podía estar más equivocado.

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